Súplica de su madre
Aquí tenemos la oración de Ana. ¿Por qué oraba y suplicaba con tanta emoción e intensidad? En primer lugar, para la mujer hebrea la falta de hijos tenía en Israel el sentido de reproche y aun deshonra. Elisabet alababa a Dios por haber quitado su afrenta. Aunque no se expresara, existía la tendencia de pensar en la esterilidad como un castigo de Dios por algún pecado cometido. Por el otro lado, los hijos serían una bendición de Dios. En segundo lugar, su rival Penina le afligía, provocándola con sus acusaciones. En su envidia (versículo 6) y con celos la incitaba e insultaba. Esto seguía cada año (versículo 7), amargando su espíritu. ¡Con razón Ana fue a suplicar a Dios!
Su oración es un ejemplo de todo lo que debe ser la oración eficaz donde eficazmente quiere decir, enérgica o activamente). Fue en ayunos (versículo 7) y con lágrimas (versículo 10). Estaba bajo voto (versículo 13) y demostraba humildad (llama señor a Elí y se refiere a sí misma como tu sierva según versículo 15 y 18). Aunque Elí la juzgó equivocadamente como mujer impía (versículo 16 donde impía quiere decir “de belial” o sea sin valor e inútil), ella pide gracia y la recibe (versículo 18). Cree en la palabra de Elí como emanando de Dios y se va contenta. Esta es la clase de fe como la describió Jesús.
Su nacimiento
Dios se acordó de Ana. Aquí tenemos la respuesta divina a su petición del versículo 11. La palabra se acordó quiere decir contemplar o grabar en la memoria. Dios se acordó de Noé y de Abraham. Se acordó de Raquel y se acuerda de nosotros. ¡Lo único que no recuerda es el pecado que ha perdonado! Samuel es un recuerdo viviente de que Dios contesta la oración. Su nombre significa: “¡Oído por Jehová!” Cuando Ana oraba, su voz no se oía (versículo 13). Pero Dios oyó su voz y ahora da testimonio público de haberla oído.
Ana se quedó en su casa por algunos años criando a su hijo. Se menciona la costumbre de amamantar por tres años. Aparentemente afirma la edad de tres años puesto que luego se incluyen en la distribución de comida (y no sólo de leche).
Su presentación
Un becerro fue sacrificado para la dedicación de Samuel (versículo 25), probablemente en cumplimiento del voto que había hecho Ana. Se presentó como una expresión de su dependencia en el Dios del pacto y de ser consciente de que toda bendición viene de él. Y lo hizo estrictamente de acuerdo con la ley de Moisés en obediencia a sus indicaciones.
Ana explicó a Elí el motivo de su viaje y le recuerda de su conversación unos años antes. Es curiosa su expresión en los vversículo 27 y 28 donde cuatro veces usa la misma palabra que se traduce pedir. La palabra también tiene el sentido de “prestar” y podemos traducir: “Por este niño oraba, y Jehová dio mi pedido que le pedí. Yo ahora lo pido (presto) a Jehová todos los días que viva, él habiendo sido pedido (prestado) para Jehová.” Dios le había dado a Ana su hijo Samuel. Ella se lo devolvió a Jehová. Y a base de esto adora. Toda verdadera adoración es un acto de darse al Señor juntamente con todo lo que uno tenga. ¡Es decirle al Señor que él es digno de todo!
Ana dedicaba su hijo a Jehová. Y esta dedicación significa que él estaría bajo el voto de nazareo. Esta palabra en heb. quiere decir “dedicar”. Aunque el voto Genesiseralmente sería para un cierto tiempo determinado, Ana lo dedica todos los días de su vida totalmente a Jehová. Es evidente que tiene en mente este voto por la referencia en 1:11. La navaja no tocaría su cabeza como símbolo de su dedicación a Dios. La navaja se usaba más para “raer” el pelo puesto que el hombre hebreo llevaba barba y no se afeitaba. Solamente los sacerdotes se recortaban el pelo. Los demás raerían su pelo de vez en cuando. Los símbolos de esta dedicación representaban la entrega de sus emociones (abstenerse del vino), de su voluntad (no cortarse el pelo) y de su cuerpo (no tocar ningún muerto). Ahora no vivimos bajo la ley, pero Jesús pide a cada discípulo que vaya en pos de él, se niegue a sí mismo, y que le siga. Significa una dedicación total y voluntaria.
Cántico mesiánico de Ana Ana llega al clímax de su cántico de gratitud al reconocer la grandeza y la misericordia de Dios por haber escuchado su oración; pero su exaltación al santo nombre de Dios no se limita a su experiencia personal al haber sido favorecida con el hijo pedido, sino que va a la distancia a otro Hijo que «exaltará el poderío de su Ungido». Su «Ungido», de donde viene «Mesías» que aparece aquí por primera vez y que llega a ser a la vez título y nombre de Jesús: «Cristo» que es la traducción griega del hebreo «mesías». Ana, en aquel momento cumbre de su vida, es intérprete de esa expectación viva y familiar de su pueblo que espera a su Mesías y que encuentra pleno cumplimiento en los días de Augusto César en la ciudad de David en Belén de Judea.
