Josafat se hizo fuerte contra Israel
El rey estaba preocupado por la constante amenaza que representaba el rey Acab, no solo política sino también religiosamente. Acab tenía una esposa, Jezabel, que abogaba por el culto a Baal. Las conquistas de Asa no solo incluían el control de Ramá, sino también el control y supervisión de todas las ciudades de Efraín, que ahora Josafat había fortificado con murallas y destacamentos de tropas.
Como era la tradición entre los monarcas de Judá, el cronista hace una anotación reveladora cuando dice que Josafat anduvo en los primeros caminos de su padre David, dando a entender que las postrimerías de estos reyes no eran encomiables. Josafat no accedió a los Baales porque su guía o amo era Jehová. Las obras de Israe incluían los cambios introducidos por Jeroboam en la conducción del sacerdocio y las observaciones del calendario litúrgico. El pueblo, no obstante, rehusó pleno apoyo a las reformas de Josafat, porque, como en los días de Asa, el pueblo continuaba ofreciendo sacrificios y quemando incienso en los lugares altos. Por eso era necesario un segundo intento de purga, pero con relativo éxito, ya que la evidencia del 20:33 es abrumadora: “…los lugares altos no fueron quitados, pues el pueblo aún no había dispuesto su corazón hacia el Dios de sus padres”.
El ministerio docente de los magistrados estuvo bien definido: Para que enseñasen en las ciudades de Judá, e incluye enseñanza interpretativa del libro de la Ley de Jehová. Este pequeño seminario teológico ambulante, con una contada facultad, tenía la misión de educar al pueblo judío en los caminos de Dios. La Ley de Jehová abarcaba el Pentateuco, o por lo menos Deuteronomio, incluyendo quizá los libros históricos hasta 2 Samuel, las poesías davídica y salomónica. Esta facultad ambulante pudo haber sido una versión embrionaria de lo que llegaron a ser los evangelistas itinerantes del Nuevo Testamento.
El resultado de esta labor misionera local fue impactante en la conciencia religiosa judía y entre las naciones vecinas. La evidencia de esto es clara cuando el cronista afirma que en lugar de hacer guerra contra Josafat, lo colmaron de obsequios. Para poder tener una buena administración de las muchas ciudades fortificadas que también servían de almacenes, Josafat se rodeó de un ejército numeroso; a estos añadió 780.000 procedentes de Judá y 380.000 procedentes de Benjamín, todos hombres valientes y listos para la guerra.
El capítulo 18 cubre un período de alianza con Acab para poder pelear contra los sirios. Este capítulo tiene su paralelo en 1 de Reyes 22:2-35, quizá porque el cronista cubre la vida de Acab, rey de Israel y porque el ministerio profético de Micaías tenía un alcance mucho más allá de lo que tenía que decir en torno a la vida de Acab.
Una pincelada sobre un rey aprobado Aunque hubo algunos tonos grises en el reinado de Josafat, la tónica general de su vida fue buena. En cierto modo, Josafat casi fue un calco de su padre, Asa. Llevó a cabo importantes reformas, que afectaron principalmente a la vida religiosa del pueblo. Es de destacar el celo en hacer desaparecer la idolatría, consiguiendo alentadores resultados. Llama la atención lo que en los actuales tiempos llamaríamos “campaña” o “cruzada”, cuando casi al principio de su reinado organizó un recorrido por todo Judá, enseñando el libro de la Ley de Jehová. Tal iniciativa trajo consigo prosperidad en todos los sentidos para el país. Su alianza con el rey de Israel, Acab; su emparentamiento familiar con ese rey, casando a su hijo Joram con Atalía, hija de Acab y Jezabel; su amistad con Ocozías —“quien era dado a la impiedad”—, trajeron funestas consecuencias.
Al final de su reinado, aun pervive en el pueblo su inclinación a “los lugares altos”. Sin embargo, el cronista es claro en su opinión sobre Josafat: “haciendo lo recto ante los ojos de Jehová”.
Esta interpretación de hechos se da con cierta frecuencia en la vida de los personajes bíblicos, sobre todo en los reyes del sur. Con ello se quiere enseñar que, a pesar de los tropiezos de los hombres y mujeres que Dios llama para que le sirvan, lo que finalmente les aprueba es su corazón entregado a amar a Dios, sus mandamientos y servir a los demás. Las vidas de David y de Pedro avalan esta verdad.
