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2 de Crónicas 18: Micaías profetiza la derrota de Acab

2 de Crónicas 18:1 Micaías profetiza la derrota de Acab (1 R 22.1-40) Tenía, pues, Josafat riquezas y gloria en abundancia; y emparentó con Acab.

Esta sección ofrece una perspectiva adicional de los acontecimientos recogidos en 1 de Reyes 22:1-40.

A pesar de que Josafat estaba profundamente comprometido con Dios, arregló el matrimonio de su hijo con Atalía, la hija del malvado rey Acab de Israel, y luego hizo una alianza militar con él. La popularidad y el poder de Josafat lo hicieron atractivo para el astuto y oportunista Acab. Esta alianza tuvo tres consecuencias devastadoras:

(1) Josafat provocó la ira de Dios
(2) Cuando Josafat murió y Atalía llegó a ser reina, se apoderó del trono y casi destruyó a todos los descendientes de David
(3) Atalía llevó las prácticas malvadas de Israel a Judá, lo que a la larga originó la caída de la nación.

Cuando los creyentes que están en una posición de liderazgo se asocian con icrédulos, se pueden ver comprometidos los valores y entorpecida la conciencia espiritual. La Biblia a menudo nos advierte en contra de las asociaciones con no creyentes.

2 de Crónicas 18:2  Después de algunos años descendió a Samaria para visitar a Acab, por lo que Acab mató muchas ovejas y bueyes para él y para la gente que con él venía, y le persuadió que fuera con él contra Ramot de Galaad.

2 de Crónicas 18:3  Y dijo Acab, rey de Israel, a Josafat, rey de Judá: –¿Quieres venir conmigo contra Ramot de Galaad? Él respondió: –Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo; iremos contigo a la guerra.

Los reyes malvados no querían a los profetas de Dios que traían mensajes de fatalidad. Por lo mismo, muchos de ellos contrataron profetas que les dijeran sólo lo que querían escuchar. Estos hombres fueron falsos profetas porque ensalzaban la grandeza del rey y predecían la victoria a pesar de la situación real.

El malvado Acab pidió a Josafat que uniera fuerzas con él en batalla. Antes de hacer ese compromiso, Josafat buscó correctamente el consejo de Dios. Sin embargo, cuando Dios dio su respuesta por medio del profeta Micaías (18.16), Josafat lo ignoró. No nos hace ningún bien buscar el consejo de Dios si lo ignoramos cuando se nos da. El verdadero amor a Dios se muestra no solo al pedir su guía, sino al seguir la instrucción una vez que se nos da.

2 de Crónicas 18:4  Además dijo Josafat al rey de Israel: –Te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová.

2 de Crónicas 18:5  Entonces el rey de Israel reunió a cuatrocientos profetas y les preguntó: –¿Iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o me estaré quieto? Le respondieron: –Sube, porque Dios los entregará en manos del rey.

Batalla contra  Siria:  El rey Josafat hizo una alianza con el malvado rey Acab de srael. Juntos decidieron atacar Ramot de Galaad y acabar con los sirios que habían ocupado la ciudad. Pero Josafat quiso primero buscar el consejo de un profeta. Los profetas de Acab predijeron la victoria, pero Micaías predijo la derrota. Ambos reyes fueron derrotados y Acab fue muerto.

Cuando usted quiere complacer o impresionar a alguien, es muy tentador mentir para parecer bueno. Los cuatrocientos profetas de Acab hicieron justamente eso, al decir a Acab solo lo que él quería escuchar. Entonces fueron recompensados por hacer feliz a Acab. Micaías, sin embargo, dijo la verdad y fue arrestado. El obedecer a Dios no siempre nos protege de las consecuencias malvadas. Es más, la obediencia puede provocarlas. Pero es mejor sufrir por el descontento humano que por la ira de Dios. Si usted se ve ridiculizado por ser honesto, recuerde que esta puede ser una señal de que está haciendo lo que es correcto a los ojos de Dios.

2 de Crónicas 18:6  Pero Josafat dijo: –¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, para que por medio de él consultemos?

2 de Crónicas 18:7  El rey de Israel respondió a Josafat: –Aún hay aquí un hombre por medio del cual podemos preguntar a Jehová; pero yo lo aborrezco, porque nunca me profetiza cosa buena, sino siempre mal. Es Micaías hijo de Imla. Respondió Josafat: –No hable así el rey.

2 de Crónicas 18:8  Entonces el rey de Israel llamó a un oficial[a] y le dijo: –Haz venir enseguida a Micaías hijo de Imla.

2 de Crónicas 18:9  El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, estaban sentados cada uno en su trono, vestidos con sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria, y todos los profetas profetizaban delante de ellos.

2 de Crónicas 18:10  Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho cuernos de hierro,[b] y decía: «Así ha dicho Jehová: Con estos acornearás a los sirios hasta destruirlos por completo».

2 de Crónicas 18:11  De esta manera profetizaban también todos los profetas, diciendo: «Sube contra Ramot de Galaad y serás prosperado; porque Jehová la entregará en manos del rey».

2 de Crónicas 18:12  El mensajero que había ido a llamar a Micaías le habló diciendo: –Mira que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; yo, pues, te ruego que tu palabra sea como la de uno de ellos, que hables bien.

2 de Crónicas 18:13  Dijo Micaías: –Vive Jehová, que lo que mi Dios me diga, eso hablaré. Luego se presentó al rey,

2 de Crónicas 18:14  y el rey le dijo: –Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o debo desistir? Él respondió: –Subid y seréis prosperados, pues serán entregados en vuestras manos.

2 de Crónicas 18:15  El rey le dijo: –¿Hasta cuántas veces te conjuraré que no me hables sino la verdad en nombre de Jehová?

2 de Crónicas 18:16  Entonces Micaías dijo: –He visto a todo Israel disperso por los montes como ovejas sin pastor[c] y Jehová ha dicho: “Estos no tienen señor; vuélvase cada uno en paz a su casa”.

Jesús invoca esta imagen de ovejas sin pastor en Marcos 6:34.

2 de Crónicas 18:17  El rey de Israel dijo a Josafat: –¿No te había yo dicho que no me profetizaría bien, sino mal?

2 de Crónicas 18:18  Entonces Micaías dijo: –Oíd, pues, palabra de Jehová: Yo he visto a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba a su mano derecha y a su izquierda.

2 de Crónicas 18:19  Y preguntó Jehová: “¿Quién inducirá a Acab, rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?”. Y el uno decía de una manera, y el otro decía de otra.

2 de Crónicas 18:20  Entonces salió un espíritu que se puso delante de Jehová y dijo: “Yo lo induciré”. Y Jehová le dijo: “¿De qué modo?”.

2 de Crónicas 18:21  Él respondió: “Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas”. Jehová dijo: “Tú lograrás engañarlo. Anda y hazlo así”.

2 de Crónicas 18:22  Y ahora Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de estos tus profetas; pues Jehová ha hablado el mal contra ti.

Dios utilizó la influencia seductora de aquellos falsos profetas para juzgar a Acab. Ellos dijeron a Acab lo que él quería oír. Dios los dejó seguir adelante con sus planes de mentir como una manera de quitar a Acab del trono. Estos profetas, apoyados por Acab, lo hicieron caer en la trampa de su pecado. Debido a que los escuchó a ellos y no a Dios, murió en batalla. El espíritu de mentira es una ilustración de todo el estilo de vida de esos profetas: decirle al rey solo aquello que quería escuchar, y no lo que necesitaba oír. Los líderes solo encontrarán problemas si se rodean de consejeros que solo piensan en agradarlos.

2 de Crónicas 18:23  Entonces Sedequías hijo de Quenaana se le acercó y golpeó a Micaías en la mejilla, diciendo: –¿Por qué camino se ha ido de mí el espíritu de Jehová para hablarte a ti?

Sobre el Espíritu de Jehová.

2 de Crónicas 18:24  Micaías respondió: –Tú mismo lo verás el día en que vayas escondiéndote de habitación en habitación.

2 de Crónicas 18:25  Entonces el rey de Israel dijo: –Tomad a Micaías y llevadlo a Amón, gobernador de la ciudad, y a Joás, hijo del rey,

2 de Crónicas 18:26  y decidles: “El rey ha dicho así: Poned a este en la cárcel y sustentadle con pan de aflicción y agua de angustia, hasta que yo vuelva en paz”.

2 de Crónicas 18:27  Micaías dijo: –Si tú vuelves en paz, no ha hablado Jehová por mí. Dijo además: –Oíd, pueblos todos.

2 de Crónicas 18:28  Subieron, pues, el rey de Israel, y Josafat, rey de Judá, a Ramot de Galaad.

2 de Crónicas 18:29  Y dijo el rey de Israel a Josafat: –Yo me disfrazaré para entrar en la batalla, pero tú vístete con tus ropas reales. Se disfrazó el rey de Israel y entró en la batalla.

2 de Crónicas 18:30  El rey de Siria, por su parte, había ordenado a los capitanes de los carros que tenía consigo: «No peleéis con chico ni con grande, sino sólo con el rey de Israel».

2 de Crónicas 18:31  Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: “Este es el rey de Israel. Y lo rodearon para pelear; pero Josafat clamó y Jehová lo ayudó, apartándolos Dios de él;

Los problemas de Josafat comenzaron cuando unió fuerzas con el malvado rey Acab. Casi al instante fue el blanco de los soldados que por error lo habían identificado como Acab. Pudo haber aceptado su destino, porque se lo merecía en gran manera, pero clamó a Dios, quien milagrosamente lo salvó. Cuando pecamos y surgen las consecuencias inevitables, nos vemos tentados a rendirnos. «Decidí pecar», podemos pensar, «es mi falta y debo aceptar las consecuencias». Si bien podemos merecernos lo que venga como consecuencia, no hay razón por la que no podamos pedir la pronta ayuda de Dios. Si Josafat se hubiera rendido, probablemente hubiera muerto. No importa cuán grande haya sido su pecado, usted todavía puede clamar a Dios.

2 de Crónicas 18:32  pues al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, desistieron de acosarle.

2 de Crónicas 18:33  Pero un hombre disparó el arco al azar e hirió al rey de Israel entre las junturas de la coraza. El rey dijo entonces al cochero: –Vuelve las riendas y sácame del campo, porque estoy mal herido.[d]

2 de Crónicas 18:34  Pero arreció la batalla aquel día, por lo que el rey de Israel se mantuvo en pie en su carro frente a los sirios hasta la tarde; y murió al ponerse el sol.

En medio del bienestar y la bonanza que gozaba Josafat, una nube gris se interpuso en el reino de Judá, porque emparentó con Acab. Josafat había consentido en un matrimonio de alianza entre su hijo Joram y Atalía, la hija de Jezabel y Acab. Una de las razones para justificar esta alianza era la constante amenaza de Asurbanipal II (884-859 a. de J.C.), rey de Asiria en el norte, contra cuyo hijo se desató una coalición de naciones, incluyendo Damasco e Israel en el 853 a. de J.C.

Acab insistió en que Josafat se le uniera en la campaña con el fin de recuperar Ramot de Galaad, en la parte oriental de Transjordania. ¡Una vez más, los hijos de las tinieblas parecían tener la ventaja sobre los hijos de luz! Aunque había caído, Josafat todavía preservaba su sensibilidad espiritual para aconsejar a Acab a que este buscara la dirección divina en esta empresa. Los 400 profetas apoyaron la alianza y el plan de guerra contra el rey sirio, tan solo para complacer a Acab y no a Jehová.

El profeta Micaías nunca profetizó el bien para Acab, sino el mal, todos sus días. El profeta Jeremías dio una explicación para esta situación, diciendo: “Si hubiera estado en mi consejo secreto, entonces habría hecho oír mis palabras a mi pueblo, y les habría hecho volver de su mal camino y de la maldad de sus obras”. No obstante, el consejo de Josafat para Acab era que volviera a escuchar a Micaías. Sedequías, hijo de Quenaana, profetizó afirmativamente y con él los demás profetas, excepto Micaías. A pesar de la advertencia de lo que podría significar el no profetizar como a Acab le convenía. Micaías, luego de inyectar unas líneas sarcásticas, dijo: He visto a todo Israel dispersado por los montes como ovejas que no tienen pastor. Esta era una predicción sobre la muerte de Acab y la libertad del pueblo que combatía, que muerto el rey podrían volver a sus casas “en paz”. En realidad, esto fue lo que sucedió; al morir el rey, Benhadad II, el rey arameo, dio órdenes a sus hombres de pelear solo contra Acab.

El profeta continuó con su visión celestial, en la que todo el ejército de los cielos estaba en pie a su derecha y a su izquierda. Al preguntar Dios: ¿Quién inducirá a Acab, rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?, las respuestas variaban, hasta que Jehová puso un espíritu de mentira en la boca de todos los profetas de Acab. Acerca de la naturaleza de la revelación profética, hay una diferencia categórica entre los profetas de Jehová y los profetas falsos: los primeros dicen siempre la verdad, los segundos se deleitan en decir la mentira.

Al ser expuesta la falsedad de Sedequías y sus compañeros, este golpeó a Micaías en la mejilla (v. 23a). Su furia era una evidencia de que el Espíritu de Dios se había apartado de él, al disponer su mente a las maquinaciones de Satanás. No está claro lo que quiso decir Micaías cuando Sedequías le preguntó por qué camino se había apartado de él el Espíritu de Jehová para hablarle. La respuesta de Micaías parece sugerir que Sedequías andaría escondiéndose “de cuarto en cuarto” para escapar a la venganza de los familiares, después de la muerte de Acab. No hay apoyo escriturario para esta conjetura, por más lógica que parezca.

La reacción de Acab a todo lo que Micaías le dijo fue una demostración de su soberbia espiritual. Mandó que el alcalde de Amón y Joás el hijo del rey, lo mantuvieran en la cárcel hasta su regreso de la guerra (vv. 25, 26). La reacción del profeta fue como el dictum de la sentencia de un reo. Acab tenía que morir, no porque el profeta lo dijera, sino porque Dios mismo había hablado.

Con valentía y dignidad de siervo de Dios, Micaías pone a prueba delante de todos los pueblos la autenticidad de su vocación profética: Si logras volver en paz, Jehová no ha hablado por medio de mí. La iglesia de hoy necesita siervos del temperamento de Micaías, listos a no ceder ante las presiones políticas o religiosas, o ante los intereses personales de algunos que desean controlar la marcha del reino de Dios.

Llegado el día de la batalla, Acab, consciente del peso de las palabras de Micaías y deseando engañar a Dios y al enemigo, se presentó disfrazado. ¡Cuán triste situación para un hombre que tuvo acceso a la gracia de Dios y oportunidad para arrepentirse! Desconfió de sus 400 profetas y de la palabra del profeta de Dios.

Como ya se dijo, el rey Benhadad había dado órdenes de pelear solamente contra Acab. Al verse perseguido por los jefes de campo del rey, Josafat invocó la ayuda del Señor y fue librado. Las tres grandes lecciones fueron: Primera, Josafat empezaba a comprender la futilidad de su alianza con Acab y cómo había puesto en peligro su propia vida. Segunda, el grito de Josafat no era solo de temor, sino una oración pidiendo la ayuda de Jehová, grito que sirvió de contraseña para alertar a sus perseguidores en cuanto al error que estaban por cometer. Tercera, la abundante gracia de Dios era suficiente para librar del peligro a los que se apoyaban en él, sin confiar en alianzas ilícitas.

El acto final siempre corresponde a Dios en el drama de la fe. Una flecha “perdida” fue a dar con Acab, poniendo fin a su agitada existencia. El epitafio en su tumba: “Murió al ponerse el sol” podría servir de lección para el creyente. Su camino de constante rechazo al compañerismo de Dios había llegado a su fin. En la iglesia neotestamentaria hay un registro muy distinto cuando dos discípulos en camino a Emaús, después de haber disfrutado de la compañía de Jesús, al ponerse el sol, le invitaron, diciéndole: “Quédate con nosotros, porque es tarde, y el día ya ha declinado”. Para estos discípulos, temerosos y confundidos, había esperanza de un nuevo día de victoria porque habían depositado su fe en el Cristo resucitado.

El hombre pone su sello  Cuando Dios llama a un siervo para que le sirva, y para que realice una labor específica, él lo dota de los talentos y habilidades necesarias para hacer el trabajo. Pero Dios deja intacto el toque personal que cada uno imprime a la labor que realiza, el estilo de hacer las cosas de cada uno.

Josafat hizo una contribución a su labor de estadista en su forma de hacer las cosas. Su estilo fue el de un gobernante espiritual. Y como era él, ese es el sello que imprimió a su quehacer de rey.

George Louis Lecrerc, conde de Buffon, figura entre los personajes que realzaron las ciencias naturales en Francia, haciendo de él una gran autoridad casi única en su campo.

Se cuenta que dominaba la lengua francesa de forma tan elegante, y que vestía con tanto gusto, que en Francia se hicieron famosos los bien cuidados y bordados puños de su camisa.

Cuando a mediados del siglo XVII ingresó en la Academia Francesa, pronunció una frase que quedó grabada para la posteridad: Le style c’ est l’homme même, esto es, “el estilo es el hombre mismo”.

¿Qué sello ponemos en nuestro quehacer diario?

Una flecha “sin rumbo“ da en el blanco Dios había hablado a través de una visión al profeta Micaías acerca del resultado de la batalla que se libraría contra los sirios, para reconquistar Ramot de Galaad. Parte de esa predicción era la muerte de Acab.

Aparentemente, era muy difícil que Acab acabase sus días en esa guerra. En una determinación sin explicación alguna Josafat irá disfrazado para que nadie supiera que era el rey.

En la redacción del pasaje paralelo, en 1 Reyes 22, se dice que un arquero “disparó su arco a la ventura”. Después de una larga agonía, Acab murió, porque la “casualidad” así lo quiso.

Que una flecha perdida en el tumulto de la batalla entrase “entre las junturas y el coselete” e hiriese de muerte a A

cab, entraba en un cálculo de posibilidades ajustadísimo, ¡pero   ntró! Y es que los planes de Dios, a pesar de que todas los demonios del mundo se opongan, se cumplen.

José fue encumbrado en Egipto, a pesar de adversas circunstancias. David venció a Goliat; Daniel salió del foso de los leones Pablo llegó a Roma, a pesar de su naufragio; y ¡Jesús resucitó a pesar de la muerte!

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