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2 de Crónicas 18: Micaías profetiza la derrota de Acab

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Con valentía y dignidad de siervo de Dios, Micaías pone a prueba delante de todos los pueblos la autenticidad de su vocación profética: Si logras volver en paz, Jehová no ha hablado por medio de mí. La iglesia de hoy necesita siervos del temperamento de Micaías, listos a no ceder ante las presiones políticas o religiosas, o ante los intereses personales de algunos que desean controlar la marcha del reino de Dios.

Llegado el día de la batalla, Acab, consciente del peso de las palabras de Micaías y deseando engañar a Dios y al enemigo, se presentó disfrazado. ¡Cuán triste situación para un hombre que tuvo acceso a la gracia de Dios y oportunidad para arrepentirse! Desconfió de sus 400 profetas y de la palabra del profeta de Dios.

Como ya se dijo, el rey Benhadad había dado órdenes de pelear solamente contra Acab. Al verse perseguido por los jefes de campo del rey, Josafat invocó la ayuda del Señor y fue librado. Las tres grandes lecciones fueron: Primera, Josafat empezaba a comprender la futilidad de su alianza con Acab y cómo había puesto en peligro su propia vida. Segunda, el grito de Josafat no era solo de temor, sino una oración pidiendo la ayuda de Jehová, grito que sirvió de contraseña para alertar a sus perseguidores en cuanto al error que estaban por cometer. Tercera, la abundante gracia de Dios era suficiente para librar del peligro a los que se apoyaban en él, sin confiar en alianzas ilícitas.

El acto final siempre corresponde a Dios en el drama de la fe. Una flecha “perdida” fue a dar con Acab, poniendo fin a su agitada existencia. El epitafio en su tumba: “Murió al ponerse el sol” podría servir de lección para el creyente. Su camino de constante rechazo al compañerismo de Dios había llegado a su fin. En la iglesia neotestamentaria hay un registro muy distinto cuando dos discípulos en camino a Emaús, después de haber disfrutado de la compañía de Jesús, al ponerse el sol, le invitaron, diciéndole: “Quédate con nosotros, porque es tarde, y el día ya ha declinado”. Para estos discípulos, temerosos y confundidos, había esperanza de un nuevo día de victoria porque habían depositado su fe en el Cristo resucitado.

El hombre pone su sello  Cuando Dios llama a un siervo para que le sirva, y para que realice una labor específica, él lo dota de los talentos y habilidades necesarias para hacer el trabajo. Pero Dios deja intacto el toque personal que cada uno imprime a la labor que realiza, el estilo de hacer las cosas de cada uno.

Josafat hizo una contribución a su labor de estadista en su forma de hacer las cosas. Su estilo fue el de un gobernante espiritual. Y como era él, ese es el sello que imprimió a su quehacer de rey.

George Louis Lecrerc, conde de Buffon, figura entre los personajes que realzaron las ciencias naturales en Francia, haciendo de él una gran autoridad casi única en su campo.

Se cuenta que dominaba la lengua francesa de forma tan elegante, y que vestía con tanto gusto, que en Francia se hicieron famosos los bien cuidados y bordados puños de su camisa.

Cuando a mediados del siglo XVII ingresó en la Academia Francesa, pronunció una frase que quedó grabada para la posteridad: Le style c’ est l’homme même, esto es, “el estilo es el hombre mismo”.

¿Qué sello ponemos en nuestro quehacer diario?

Una flecha “sin rumbo“ da en el blanco Dios había hablado a través de una visión al profeta Micaías acerca del resultado de la batalla que se libraría contra los sirios, para reconquistar Ramot de Galaad. Parte de esa predicción era la muerte de Acab.

Aparentemente, era muy difícil que Acab acabase sus días en esa guerra. En una determinación sin explicación alguna Josafat irá disfrazado para que nadie supiera que era el rey.

En la redacción del pasaje paralelo, en 1 Reyes 22, se dice que un arquero “disparó su arco a la ventura”. Después de una larga agonía, Acab murió, porque la “casualidad” así lo quiso.

Que una flecha perdida en el tumulto de la batalla entrase “entre las junturas y el coselete” e hiriese de muerte a A

cab, entraba en un cálculo de posibilidades ajustadísimo, ¡pero   ntró! Y es que los planes de Dios, a pesar de que todas los demonios del mundo se opongan, se cumplen.

José fue encumbrado en Egipto, a pesar de adversas circunstancias. David venció a Goliat; Daniel salió del foso de los leones Pablo llegó a Roma, a pesar de su naufragio; y ¡Jesús resucitó a pesar de la muerte!

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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