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2 de Crónicas 18: Micaías profetiza la derrota de Acab

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2 de Crónicas 18:32  pues al ver los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, desistieron de acosarle.

2 de Crónicas 18:33  Pero un hombre disparó el arco al azar e hirió al rey de Israel entre las junturas de la coraza. El rey dijo entonces al cochero: –Vuelve las riendas y sácame del campo, porque estoy mal herido.[d]

2 de Crónicas 18:34  Pero arreció la batalla aquel día, por lo que el rey de Israel se mantuvo en pie en su carro frente a los sirios hasta la tarde; y murió al ponerse el sol.

En medio del bienestar y la bonanza que gozaba Josafat, una nube gris se interpuso en el reino de Judá, porque emparentó con Acab. Josafat había consentido en un matrimonio de alianza entre su hijo Joram y Atalía, la hija de Jezabel y Acab. Una de las razones para justificar esta alianza era la constante amenaza de Asurbanipal II (884-859 a. de J.C.), rey de Asiria en el norte, contra cuyo hijo se desató una coalición de naciones, incluyendo Damasco e Israel en el 853 a. de J.C.

Acab insistió en que Josafat se le uniera en la campaña con el fin de recuperar Ramot de Galaad, en la parte oriental de Transjordania. ¡Una vez más, los hijos de las tinieblas parecían tener la ventaja sobre los hijos de luz! Aunque había caído, Josafat todavía preservaba su sensibilidad espiritual para aconsejar a Acab a que este buscara la dirección divina en esta empresa. Los 400 profetas apoyaron la alianza y el plan de guerra contra el rey sirio, tan solo para complacer a Acab y no a Jehová.

El profeta Micaías nunca profetizó el bien para Acab, sino el mal, todos sus días. El profeta Jeremías dio una explicación para esta situación, diciendo: “Si hubiera estado en mi consejo secreto, entonces habría hecho oír mis palabras a mi pueblo, y les habría hecho volver de su mal camino y de la maldad de sus obras”. No obstante, el consejo de Josafat para Acab era que volviera a escuchar a Micaías. Sedequías, hijo de Quenaana, profetizó afirmativamente y con él los demás profetas, excepto Micaías. A pesar de la advertencia de lo que podría significar el no profetizar como a Acab le convenía. Micaías, luego de inyectar unas líneas sarcásticas, dijo: He visto a todo Israel dispersado por los montes como ovejas que no tienen pastor. Esta era una predicción sobre la muerte de Acab y la libertad del pueblo que combatía, que muerto el rey podrían volver a sus casas “en paz”. En realidad, esto fue lo que sucedió; al morir el rey, Benhadad II, el rey arameo, dio órdenes a sus hombres de pelear solo contra Acab.

El profeta continuó con su visión celestial, en la que todo el ejército de los cielos estaba en pie a su derecha y a su izquierda. Al preguntar Dios: ¿Quién inducirá a Acab, rey de Israel, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?, las respuestas variaban, hasta que Jehová puso un espíritu de mentira en la boca de todos los profetas de Acab. Acerca de la naturaleza de la revelación profética, hay una diferencia categórica entre los profetas de Jehová y los profetas falsos: los primeros dicen siempre la verdad, los segundos se deleitan en decir la mentira.

Al ser expuesta la falsedad de Sedequías y sus compañeros, este golpeó a Micaías en la mejilla (v. 23a). Su furia era una evidencia de que el Espíritu de Dios se había apartado de él, al disponer su mente a las maquinaciones de Satanás. No está claro lo que quiso decir Micaías cuando Sedequías le preguntó por qué camino se había apartado de él el Espíritu de Jehová para hablarle. La respuesta de Micaías parece sugerir que Sedequías andaría escondiéndose “de cuarto en cuarto” para escapar a la venganza de los familiares, después de la muerte de Acab. No hay apoyo escriturario para esta conjetura, por más lógica que parezca.

La reacción de Acab a todo lo que Micaías le dijo fue una demostración de su soberbia espiritual. Mandó que el alcalde de Amón y Joás el hijo del rey, lo mantuvieran en la cárcel hasta su regreso de la guerra (vv. 25, 26). La reacción del profeta fue como el dictum de la sentencia de un reo. Acab tenía que morir, no porque el profeta lo dijera, sino porque Dios mismo había hablado.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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