Los siervos de David no entendían la actitud de él, esperaban que David demostrara más tristeza después de la muerte del niño. Pero David tenía razón, él podía esperar en Dios y pedir a Dios por el niño mientras el niñó vivía; pero, una vez muerto, David no podía sino aceptar la voluntad de Dios. David ya no podía esperar que el niño volviera a la vida; sólo le quedaba la esperanza de que él iría un día al niño. D. F. Payne afirma que David estaba resignado al hecho inevitable de la muerte; pero las palabras de David muestran más que resignación, muestran una esperanza de un encuentro futuro después de la muerte.
De lamento a júbilo
I. ¿Qué hacer por los enfermos de muerte?
1. Orar
2. Ayunar
3. Humillarse o llorar—»Pasar la noche acostado en tierra»
4. Esperar
II. ¿Qué hacer cuando muere un ser querido?
1. Dejar de llorar
2. Asearse
3. Adorar
4. Comer
Nacimiento de Salomón
El niño no murió como un sacrificio por los pecados de David, como lo afirma Keil; el niño murió como consecuencia del pecado de David. Otro niño vino a dar alegría a David y Betsabé, este hijo se llamó Salomón. D. F. Payne cree que el nombre Salomón pudo estar conectado con el nombre Jerusalén, suponiendo que Salomón fue el primer hijo de David nacido en Jerusalén, esto es de una esposa, no de una concubina. El nombre Salomón, que significa pacífico u hombre de paz, señalaba la nueva paz con Dios que David había encontrado, después de todo lo sucedido antes del nacimiento de Salomón. La aprobación divina del niño debió haber sido de mucha alegría para David. El profeta Natán fue enviado por Dios para hacer saber a David que el niño era amado por Dios, de allí la designación del niño como Yedidías. Este nombre indicaba que el niño Salomón no moriría y que él llegaría a ser el sucesor de David.
El relato en 2 Samuel no se expande en cuanto al arrepentimiento de David. Pero los salmos atestiguan la angustia que padeció David a causa del pecado, así como la alegría de su acercamiento y humillación ante Dios. En el Salmo 38, David describe el pecado como una carga pesada que lo agobia y una herida que le supura; David describe su condición como una enfermedad que quita la paz de sus huesos, que lo tiene encorvado y abatido en gran manera, con sus espaldas inflamadas, sin tener sana una parte de su cuerpo. El pecado no es ocasión de gozo para el hijo de Dios, al contrario es ocasión de dolor y sufrimiento. El pecado también es causa de vergüenza para el hijo de Dios, quien no se goza en el pecado sino que se siente sucio por el pecado. En el Salmo 51 David expresaba la suciedad que sentía, su petición a Dios fue triple: borra mis rebeliones, lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado. David deseaba de nuevo un corazón puro y un espíritu firme; quería de nuevo el gozo de la salvación divina y pedía de todo corazón que Dios lo librara de homicidios. David vino ante Dios con un corazón contrito y humillado. El verdadero hijo de Dios no se goza en el pecado, sino que vuelve a Dios en arrepentimiento.
David conquista a los amonitas
La narración de la conquista de los amonitas había sido interrumpida por el episodio del adulterio de David, ahora la narración vuelve a concentrarse en la guerra contra los amonitas. Joab se encontraba combatiendo contra los amonitas y se encontraba tomando la ciudad real, cuyo nombre era Rabá, y que también era llamada la ciudad de las Aguas. La RVA distingue entre Rabá y el barrio de las Aguas. Otros, como Keil, Hertzberg y Payne, usan la frase ciudad de las Aguas, como referencia a la misma Rabá; esta última traducción parece ser más adecuada, ya que Rabá estaba localizada a la orilla del río Amman. Joab pidió refuerzos a David y llamó a David para que él mismo fuese el que terminase de tomar la ciudad, y proclamarla como posesión suya. David, quien se había quedado en Jerusalén desde el principio de la guerra contra los amonitas, ahora salía a pelear y tomaba la ciudad de Rabá.
Los versículos 30 y 31 presentan dificultad en cuanto a su traducción. En el versículo 30 se dice que David tomó la corona de la cabeza de su rey, esta traducción es de acuerdo al texto masorético que usa la palabra Malkam (su rey); pero en la LXX aparece el nombre Melchol, de allí que algunos creen que el versículo se refiera a la corona de Moloc (en Hebreo Milkomi ) el dios de los amonitas. El peso de la corona (34 kg.), parece indicar que la referencia era al dios Moloc y no al rey Hanún.
David castigó a los amonitas con trabajo pesado con sierras, trillos de hierro y hachas de hierro. Lit. en el hebreo dice que David sacó a la gente y las pasó por la sierra, trillos de hierro y hachas de hierro. Keil sustituye el verbo pasar por el verbo cortar (haciendo una pequeña variante en la palabra hebrea) y afirma que David cortó a los soldados amonitas con sierras, trillos y hachas; esto hizo David para castigar la maldad de los amonitas (de acuerdo a Amos 1:13, la maldad de los amonitas llegó a tal extremo que reventaron a las mujeres de Galaad que estaban encintas). El texto declara que David también hizo trabajar a los amonitas en los hornos de ladrillo. Lit. el texto hebreo dice que David los hizo pasar por los hornos de ladrillos. Keil acepta la versión de la LXX: David los quemó en los hornos de ladrillos. Con Hertzberg creemos que el castigo fue trabajo forzado; eso era más apropiado a la naturaleza pacífica de David.
Verdades prácticas
1. Por los muertos nada puede hacerse; ni regresan.
2. El esposo consolador.
(1) Por el hijo que muere
(2) Por el hijo que nace
3. Dios consuela con el nacimiento de otro hijo. Nombres humano y divino del hijo que nace
(1) El nombre humano: Salomón, al cual amó Jehová.
(2) El nombre divino: Yedidías, a causa de Jehová.
