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2 de Samuel 12: El Señor envió al profeta Natán a ver a David

2 de Samuel 12:15 y cuando Natán volvió a su casa, el Señor hizo que el niño que David había tenido con la mujer de Urías se enfermara gravemente.

2 de Samuel 12:16 Entonces David rogó a Dios por el niño, y ayunó y se pasó las noches acostado en el suelo.

David entró a sus propias habitaciones, no al santuario.

2 de Samuel 12:17 Los ancianos que vivían en su palacio iban a rogarle que se levantara del suelo, pero él se negaba a hacerlo, y tampoco comía con ellos.

Los ancianos de su casa eran los más antiguos, confiables e influyentes de entre sus ayudantes.

2 de Samuel 12:18 Siete días después murió el niño, y los oficiales de David tenían miedo de decírselo, pues pensaban: «Si cuando el niño aún vivía, le hablábamos y no nos hacía caso, ¿cómo vamos ahora a decirle que el niño ha muerto? ¡Puede cometer una barbaridad!»

¿Cuánto más se afligirá ? Los siervos de David temían por su señor.

2 de Samuel 12:19 Pero al ver David que sus oficiales hacían comentarios entre sí, comprendió que el niño había muerto; así que les preguntó: –¿Ha muerto el niño? –Sí, ya ha muerto –respondieron ellos.

2 de Samuel 12:20 Entonces David se levantó del suelo, se bañó, se perfumó y se cambió de ropa, y entró en el templo para adorar al Señor. Después fue a su casa, y pidió de comer y comió.

Y se lavó y se ungió : David se despojó de las señales de su pena y fue a la casa de Jehová, o sea, a la tienda sagrada, que estaba sobre el monte Sion.

David no continuó viviendo en su pecado. Se volvió a Dios, y El lo perdonó abriendo el camino para que comenzara su vida de nuevo. Hasta el nombre que Dios le dio a Salomón (Jedidías, «Amado de Jehová») era un recordatorio de la gracia de Dios. Cuando regresamos a Dios, aceptamos su perdón y cambiamos nuestra manera de vivir, El nos da un fresco comienzo. Para sentirse perdonado como David, reconozca su pecado ante Dios y vuélvase a El. Luego siga adelante en su vida cristiana, con un nuevo y fresco comienzo.

2 de Samuel 12:21 Entonces sus oficiales le preguntaron: –¿Pero qué está haciendo Su Majestad? Cuando el niño aún vivía, Su Majestad ayunaba y lloraba por él; y ahora que el niño ha muerto, ¡Su Majestad se levanta y se pone a comer!

2 de Samuel 12:22 David respondió: –Cuando el niño vivía, yo ayunaba y lloraba pensando que quizá el Señor tendría compasión de mí y lo dejaría vivir.

Quizá la experiencia más amarga en la vida de uno sea la muerte de algún hijo.

2 de Samuel 12:23 Pero ahora que ha muerto, ¿qué objeto tiene que yo ayune, si no puedo hacer que vuelva a la vida? ¡Yo iré a reunirme con él, pero él no volverá a reunirse conmigo!

Aquí hay una maravillosa promesa para todos los que han perdido hijos pequeños: Yo voy a él.

2 de Samuel 12:24 Después David consoló a Betsabé, su mujer. Fue a visitarla y se unió a ella, y ella dio a luz un hijo al que David llamó Salomón. El Señor amó a este niño,

Salomón significa «paz»

Salomón fue el cuarto hijo de David y Betsabé. Por lo tanto, pasaron varios años entre la muerte de su primer hijo y el nacimiento de Salomón. Probablemente Betsabé aún estaba afligida por la muerte de su hijo.

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