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2 de Samuel 12: El Señor envió al profeta Natán a ver a David

2 de Samuel 12:1 El Señor envió al profeta Natán a ver a David. Cuando Natán se presentó ante él, le dijo: –En una ciudad había dos hombres. Uno era rico y el otro pobre.

La confrontación entre Natán y David ocurrió un año después del incidente con Betsabé y la muerte de Urías. El Salmo 51 fue escrito por David en ese tiempo.

Como profeta, Natán era requerido para confrontar el pecado, incluso el pecado de un rey. Se necesitó un gran valor, habilidad y tacto, para hablar con David de forma tal que lo hiciera ver sus malas acciones. Cuando tenga que confrontar a alguien con noticias desagradables, pida en oración valor, habilidad y tacto. Si quiere que esa persona responda de una manera constructiva, piense lo que va a decir. La forma en que usted presenta su mensaje es tan importante como lo que dice. Sazone sus palabras con sabiduría.

2 de Samuel 12:2 El rico tenía gran cantidad de ovejas y vacas,

2 de Samuel 12:3 pero el pobre no tenía más que una ovejita que había comprado. Y él mismo la crió, y la ovejita creció en compañía suya y de sus hijos; comía de su misma comida, bebía en su mismo vaso y dormía en su pecho. ¡Aquel hombre la quería como a una hija!

Mantener a una corderita como animal doméstico en una casa era algo común en Israel. Robar por la fuerza un animal como ese se consideraba un crimen horrible y absurdo.

2 de Samuel 12:4 Un día, un viajero llegó a visitar al hombre rico; pero este no quiso tomar ninguna de sus ovejas o vacas para preparar comida a su visitante, sino que le quitó al hombre pobre su ovejita y la preparó para dársela al que había llegado.

2 de Samuel 12:5 David se enfureció mucho contra aquel hombre, y le dijo a Natán: –¡Te juro por Dios que quien ha hecho tal cosa merece la muerte!

Había pasado un año, para ese entonces David estaba tan insensible a sus propios pecados que no se dio cuenta que él era el villano en la historia de Natán. Las cualidades que condenamos en otros son a menudo nuestros propios defectos de carácter. ¿Qué amigos, socios o miembros de su familia le son difíciles de aceptar y fáciles de criticar? En vez de tratar de cambiarlos pídale a Dios que lo ayude a entender sus sentimientos, y a ver sus propios defectos con mayor claridad. Usted puede descubrir que al condenar a los demás, se ha condenado a sí mismo.

2 de Samuel 12:6 ¡Y debe pagar cuatro veces[1] el valor de la ovejita, porque actuó sin mostrar ninguna compasión!

Debe pagar . . . con cuatro tantos : De acuerdo con las exigencias de la ley. Que David se presente en esta parábola como un enérgico defensor de la moral, y al mismo tiempo esconda su propio pecado, ilustra lo engañosa que puede ser una persona.

2 de Samuel 12:7 Entonces Natán le dijo: –¡Tú eres ese hombre! y esto es lo que ha declarado el Señor, el Dios de Israel: ‹Yo te escogí como rey de Israel, y te libré del poder de Saúl;

2 de Samuel 12:8 te di el palacio y las mujeres de tu señor, y aun el reino de Israel y Judá. Por si esto fuera poco, te habría añadido muchas cosas más.

2 de Samuel 12:9 ¿Por qué despreciaste mi palabra, e hiciste lo que no me agrada? Has asesinado a Urías el hitita, usando a los amonitas para matarlo, y te has apoderado de su mujer.

2 de Samuel 12:10 Puesto que me has menospreciado al apoderarte de la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer, jamás se apartará de tu casa la violencia.

Las predicciones de estos versículos se cumplieron. Debido a que David asesinó a Urías y robó su mujer:

(1) El asesinato fue una amenaza constante en su familia,

(2) su propia casa se rebeló en contra de él

(3) sus esposas fueron dadas a otros a la vista del pueblo

(4) su primer hijo con Betsabé murió. Si David hubiera sabido las consecuencias dolorosas de su pecado, quizá no se habría dejado llevar por los placeres del momento.

2 de Samuel 12:11 yo, el Señor, declaro: Voy a hacer que el mal contra ti surja de tu propia familia, y en tu propia cara tomaré a tus mujeres y se las entregaré a uno de tu familia, el cual se acostará con ellas a plena luz del sol.

2 de Samuel 12:12 Si tú has actuado en secreto, yo voy a actuar en presencia de todo Israel y a plena luz del sol. ‹

2 de Samuel 12:13 David admitió ante Natán: –He pecado contra el Señor. Y Natán le respondió: –El Señor no te va a castigar a ti por tu pecado, y no morirás.

La ley prescribía la muerte tanto para el crimen como para el delito de adulterio, aun si se trataba del rey. Sin embargo, lo más significativo es que, debido al sincero arrepentimiento de David, se le conceda la misericordia de Dios, de acuerdo con la promesa de 5.12, aunque su familia experimentara las trágicas consecuencias del pecado.

Durante este incidente, David escribió el Salmo 51, dándole un discernimiento valioso en su carácter, y ofreciéndonos una esperanza para nosotros también. No importa cuán miserable la culpabilidad lo haga sentirse o cuán terrible sea el pecado que ha cometido, usted puede volcar su corazón en Dios, y buscar su perdón como lo hizo David. Hay perdón para nosotros cuando pecamos. David también escribió el Salmo 32, que expresa el gozo que sintió después de ser perdonado.

2 de Samuel 12:14 Pero como has ofendido gravemente al Señor, tu hijo recién nacido tendrá que morir.

Blasfemar es ridiculizar y devaluar la fe en Dios. Es triste que alguien tan celoso de Dios como David haya dado ocasión, a causa de su propio pecado, a ridiculizar a Dios.

David confesó, y se arrepintió de su pecado, pero el juicio de Dios fue que su niño muriera. Las consecuencias del pecado de David fueron irreversibles. En ocasiones no basta una disculpa. Cuando Dios nos perdona, y restaura nuestra relación con El, no elimina las consecuencias de nuestras malas acciones. Quizá nos veamos tentados a decir: «si eso está mal, puedo pedirle perdón a Dios», pero debemos recordar que podemos echar a andar situaciones cuyas consecuencias no podremos revertir.

¿Por qué tenía que morir este niño? No fue un juicio sobre el niño por haber nacido fuera del matrimonio, sino un juicio sobre David por su pecado. David y Betsabé merecían morir, pero Dios les perdonó la vida y en su lugar tomó la del niño. Dios todavía tenía trabajo para David. Quería que construyera el reino. Quizá la muerte del niño fue un castigo mayor para David que su propia muerte.

Es posible, que si el niño habría vivido, el nombre de Dios hubiera sido deshonrado entre los vecinos paganos de Israel. ¿Qué habrían pensado de un Dios que recompensa el asesinato y el adulterio dándole un heredero al rey? La muerte de un bebé es trágica, pero el desprecio a Dios acarrea muerte para las naciones enteras. Aun cuando Dios perdonó inmediatamente el pecado de David, Dios no anuló todas sus consecuencias.

2 de Samuel 12:15 y cuando Natán volvió a su casa, el Señor hizo que el niño que David había tenido con la mujer de Urías se enfermara gravemente.

2 de Samuel 12:16 Entonces David rogó a Dios por el niño, y ayunó y se pasó las noches acostado en el suelo.

David entró a sus propias habitaciones, no al santuario.

2 de Samuel 12:17 Los ancianos que vivían en su palacio iban a rogarle que se levantara del suelo, pero él se negaba a hacerlo, y tampoco comía con ellos.

Los ancianos de su casa eran los más antiguos, confiables e influyentes de entre sus ayudantes.

2 de Samuel 12:18 Siete días después murió el niño, y los oficiales de David tenían miedo de decírselo, pues pensaban: «Si cuando el niño aún vivía, le hablábamos y no nos hacía caso, ¿cómo vamos ahora a decirle que el niño ha muerto? ¡Puede cometer una barbaridad!»

¿Cuánto más se afligirá ? Los siervos de David temían por su señor.

2 de Samuel 12:19 Pero al ver David que sus oficiales hacían comentarios entre sí, comprendió que el niño había muerto; así que les preguntó: –¿Ha muerto el niño? –Sí, ya ha muerto –respondieron ellos.

2 de Samuel 12:20 Entonces David se levantó del suelo, se bañó, se perfumó y se cambió de ropa, y entró en el templo para adorar al Señor. Después fue a su casa, y pidió de comer y comió.

Y se lavó y se ungió : David se despojó de las señales de su pena y fue a la casa de Jehová, o sea, a la tienda sagrada, que estaba sobre el monte Sion.

David no continuó viviendo en su pecado. Se volvió a Dios, y El lo perdonó abriendo el camino para que comenzara su vida de nuevo. Hasta el nombre que Dios le dio a Salomón (Jedidías, «Amado de Jehová») era un recordatorio de la gracia de Dios. Cuando regresamos a Dios, aceptamos su perdón y cambiamos nuestra manera de vivir, El nos da un fresco comienzo. Para sentirse perdonado como David, reconozca su pecado ante Dios y vuélvase a El. Luego siga adelante en su vida cristiana, con un nuevo y fresco comienzo.

2 de Samuel 12:21 Entonces sus oficiales le preguntaron: –¿Pero qué está haciendo Su Majestad? Cuando el niño aún vivía, Su Majestad ayunaba y lloraba por él; y ahora que el niño ha muerto, ¡Su Majestad se levanta y se pone a comer!

2 de Samuel 12:22 David respondió: –Cuando el niño vivía, yo ayunaba y lloraba pensando que quizá el Señor tendría compasión de mí y lo dejaría vivir.

Quizá la experiencia más amarga en la vida de uno sea la muerte de algún hijo.

2 de Samuel 12:23 Pero ahora que ha muerto, ¿qué objeto tiene que yo ayune, si no puedo hacer que vuelva a la vida? ¡Yo iré a reunirme con él, pero él no volverá a reunirse conmigo!

Aquí hay una maravillosa promesa para todos los que han perdido hijos pequeños: Yo voy a él.

2 de Samuel 12:24 Después David consoló a Betsabé, su mujer. Fue a visitarla y se unió a ella, y ella dio a luz un hijo al que David llamó Salomón. El Señor amó a este niño,

Salomón significa «paz»

Salomón fue el cuarto hijo de David y Betsabé. Por lo tanto, pasaron varios años entre la muerte de su primer hijo y el nacimiento de Salomón. Probablemente Betsabé aún estaba afligida por la muerte de su hijo.

2 de Samuel 12:25 y así se lo hizo saber a David por medio del profeta Natán. David entonces, en atención al Señor, llamó al niño Jedidías. [2]

Por medio de Natán, Dios manda el nombre de Jedidías , que significa «amado del Señor», como un testimonio de la constante gracia de Dios.

2 de Samuel 12:26 Mientras tanto, Joab lanzó un ataque contra la ciudad amonita de Rabá, y cuando ya estaba a punto de capturar la ciudad real,

Rabá : Capital de Amón, cerca de la actual ciudad de Amán en Jordania. Ahora David parte hacia el frente de batalla, como debió de haber hecho antes, y así el terrible pecado y sus consecuencias habrían sido evitados. David se había arrepentido de la traición y la lujuria que se anidaba en su corazón, y su oración: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí», había sido respondida.

2 de Samuel 12:27 envió a David el siguiente mensaje: «He estado atacando Rabá, ya he capturado la ciudadela que protegía el abastecimiento de agua.

2 de Samuel 12:28 Por lo tanto reúna ahora Su Majestad el resto de las tropas, y ataque la ciudad y captúrela, para que no sea yo quien lo haga y le pongan mi nombre.»

2 de Samuel 12:29 Entonces David reunió todas sus tropas y marchó contra Rabá, la atacó y la capturó.

2 de Samuel 12:30 Después tomó de la cabeza de su rey la corona de oro, que tenía piedras preciosas y pesaba treinta y tres kilos, y se la pusieron a David. También sacó David de la ciudad muchísimas cosas de valor,

Un talento de oro equivalía aproximadamente a 37 kg.

2 de Samuel 12:31 y a la gente que aún quedaba en la ciudad la sacó de allí y la puso a trabajar con sierras y con trillos y hachas de hierro, así como en los hornos de ladrillo. Lo mismo hizo con todas las ciudades amonitas, y después regresó con todas sus tropas a Jerusalén.

Problemas familiares de David

La gran cantidad de esposas que tuvo David le causaron mucha aflicción. Como resultado del pecado de David con Betsabé, Dios dijo que el asesinato sería una amenaza constante en su familia, esta se rebelaría, y otro dormiría con sus esposas. Todo esto sucedió como lo había predicho el profeta Natán. Las consecuencias del pecado no sólo nos afectan a nosotros, sino también a aquellos que conocemos y queremos. Recuérdelo la próxima vez que se vea tentado a pecar.

Esposa – Hijos: Mical (hija de Saúl) – Era estéril – ¿Qué sucedió? – David entregó a sus cinco sobrinos a los gabaonitas para ser asesinados debido a los pecados de Saúl-

Esposa – Hijos: Ahinoam (de Jezreel) – Amnón, primogénito de David – ¿Qué sucedió? – Violó a Tamar, su media hermana y más tarde fue asesinado por Absalón en venganza

Esposa – Hijos: Maaca (hija del rey Talmai de Gesur) – Absalón, tercer hijo Tamar, la única hija mencionada por nombre – ¿Qué sucedió? – Absalón mató a Amnón por violar a Tamar y luego huyó a Gesur. Más tarde regresó, sólo para rebelarse en contra de David. Colocó una tienda en el techo, y ahí se acostó con diez de las esposas de su padre. Su soberbia lo llevó a la muerte

Esposa – Hijos: Haguit – Adonías, cuarto hijo. Era muy atractivo, pero está registrado que nunca fue disciplinado – ¿Qué sucedió? – Se nombró a sí mismo rey antes de la muerte de David. Su plan fue descubierto y David le perdonó la vida, pero su medio hermano Salomón, lo hizo ejecutar más tarde

Esposa – Hijos: Betsabé – Hijo cuyo nombre no se menciona – ¿Qué sucedió? – Murió en cumplimiento del castigo de Dios por el adulterio de David y Betsabé

Esposa – Hijos: Betsabé – Salomón – ¿Qué sucedió? – Llegó a ser el siguiente rey de Israel. De manera irónica, la gran cantidad de esposas de Salomón causaron su caída

Dios convence a David de su pecado

Natán usa una parábola

Dios trae al arrepentimiento a personas en distintas maneras. Natán fue enviado de Dios para hacerle ver su culpabilidad. Muy sabiamente, Natán presentó a David un caso de estudio para que David diese su juicio al respecto. La injusticia del rico, en la parábola, era clara y repugnante: el rico había actuado con avaricia, con injusticia, sin ninguna compasión y sin ninguna justificación por el hecho. David se enfureció tremendamente ante la conducta de aquel rico y demandó que el rico pagase al pobre con cuatro ovejas, porque así lo requería la ley. La indignación de David para con el hombre rico fue tan grande que llegó a pensar que éste merecía la pena de muerte. (Es más fácil reconocer la injusticia en otros, que en uno mismo.) Al reconocer la injusticia en la acción de aquel hombre rico, David estaba en la posición que Natán quería. Natán había conseguido la reacción que buscaba en David, ahora podía confrontarle directamente.

Describir el caso no era suficiente, era necesaria una confrontación directa: Tú eres ese hombre. David era culpable de una acción que sí merecía la muerte. David, aunque fuese el rey, no escapaba al juicio de Dios. Las personas en su naturaleza humana tratan de esconder y encubrir su propio pecado; pero, la palabra de Dios se encarga de descubrir el pecado, aun en los ricos y poderosos. La palabra de Dios se encarga de derribar las barreras que las personas construyen a su alrededor, penetrando hasta lo más profundo del corazón de la persona. La sentencia “tú eres ese hombre” es una sentencia universal: Porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios. Cada ser humano lleva grabada en su frente la sentencia: “tú eres ese hombre”, porque cada ser humano lleva sobre sí mismo la naturaleza del pecado y la condenación que viene a causa del pecado. Solamente un hombre, Jesucristo, ha recibido una sentencia diferente: i ¡Verdaderamente, este hombre era justoi !es por su justicia que cada persona puede ser salva de la condenación y recibir su justicia por medio de la fe.

Natán trae un mensaje de Dios

Dios habla a David como un padre. La confrontación de parte del profeta Natán se transformó en una confrontación divina, una confrontación personal de parte de Dios. El mensaje de Dios para David, por medio de Natán, le demostraría de nuevo (como en el caso del templo en el capítulo anterior) el significado del señorío y la paternidad de Dios en su vida. Dios habla a David con todo el derecho de un padre y señor; usa el pronombre personal “yo” y enumera lo que ha hecho en la vida de David: Dios le había hecho rey, le había dado la casa de Saúl y las mujeres de Saúl, y le había dado Israel y Judá. El que Dios se muestre como el dador de las mujeres de Saúl, no se debe tomar como una afirmación divina de la práctica de la poligamia; sino como una afirmación de la paternidad divina sobre la vida de David, una afirmación de que todo lo que David poseía, lo debía a Dios. Según la costumbre de aquel tiempo, al morir un rey, el sucesor heredaba también su harén. David tuvo el derecho de tomar la esposa y la concubina de Saúl, pero no hay evidencias en el texto de que David las tomó para sí.

La afirmación de que Dios había dado a David la casa de Israel y de Judá, se refiere a la riqueza que David poseía; no se refiere a las mujeres vírgenes de Israel y Judá, que David pudo tomar para su harén (como lo afirman ciertos comentaristas). David había despreciado toda la riqueza del reino que Dios le había dado, por el solo deseo de tener a Betsabé; por esto se añade que si su riqueza había sido poco para David, Dios le hubiese dado más cosas.

David poseía todo lo que una persona pudiera desear, más especial que todo era la seguridad de la aprobación divina, la confirmación divina que Dios había declarado a David; sin embargo, David había despreciado toda esa bendición, por satisfacer un deseo carnal que le estaba prohibido.

Dios acusa a David de menosprecio. A pesar de todo lo que David había recibido de Dios, David menospreció la palabra de Dios e hizo lo malo ante Dios. El pecado es juzgado primeramente por ser una violación de la palabra de Dios; el pecado trae un rompimiento en las relaciones que han sido establecidas dentro del pacto con Dios. Es por esta razón que Dios habla con tanta pasión paternal. La violación de la palabra de Dios era un menosprecio a Dios mismo. David había actuado en contra de la justicia y el derecho, y la violación de la justicia y el derecho era una violación contra Dios el Justo y Recto. Dios acusó a David de tres pecados: haber matado a Urías, haber tomado la esposa de Urías, y haber usado a los amonitas para que matasen a Urías. David había sido el principal autor de la muerte de Urías, él planeó y mandó ejecutar los pla nes que llevarían a Urías a la muerte; toda la responsabilidad de la muerte de Urías caía sobre David. David, además, había cometido traición al usar a un pueblo enemigo para causar la muerte de Urías. David también era el responsable principal del adulterio, ya que él lo inició, y lo hizo utilizando su posición de poder.

La justicia de Dios. David no escapó la justicia de Dios, su casa sería castigada con la espada y el oprobio. El resultado directo del pecado de David fue la pérdida de la paz en su propia vida, en su familia y en su nación. Los hijos de David llegaron a practicar la violencia y la traición unos contra otros. Absalón practicó la rebelión contra su propio padre. Amnón fue muerto por los siervos de Absalón, Absalón fue muerto por Joab, y Adonías fue muerto por orden de Salomón. Las mujeres de la casa de David llegaron a sufrir violaciones y ser víctimas de traiciones: Tamar fue violada por Amnón, y las concubinas de David fueron violadas por Absalón a la vista de todo Israel. Aunque fueron sus hijos los que sufrieron directamente las consecuencias del pecado de David, no hay duda de que todo esto fue de mucho más dolor para David.

El castigo a David fue determinado por Dios, pero llevado a cabo por medio de las acciones malvadas de sus hijos. ¿Era Dios el responsable por esas acciones que él había predicho? De ninguna manera. Dios pronunció el castigo a David, basado en su conocimiento previo de lo que sucedería en la casa de David. Dios, como dueño de lo que ha de suceder, habla en primera persona, como el ejecutador de la sentencia a David. Es así como muchas veces Dios usa la maldad de algunos como instrumento para llevar a cabo su propósito.

David reconoce su pecado

David respondió en arrepentimiento hacia Dios, reconociendo su pecado: he pecado contra Jehová. El arrepentimiento comienza con una confesión del pecado personal; este pecado es reconocido como una ofensa a la santidad de Dios. En esta actitud de David se puede observar la obra del Espíritu de Dios al convencer a David de su pecado y llevarlo al arrepentimiento. David reconoció su pecado, y al reconocerlo también reconoció que merecía la muerte. Sin embargo, Dios tuvo misericordia de David y perdonó su pecado; perdonarlo implicaba dejarlo vivir. La immensa grandeza del perdón de Dios fue experimentada por David después de haber descendido a los grandes abismos de la maldad y retornado al camino de Dios en arrepentimiento y confesión.

El castigo de Dios, sin embargo, alcanzaría la vida del niño concebido de la relación entre David y Betsabé. El adulterio de David había hecho blasfemar a los enemigos de Jehová, la vida de este niño continuaría siendo causa de blasfemia de parte de los enemigos de Jehová, y por esta razón Dios no permitiría que el hijo de David viviera. Esta sentencia de Dios era irremisible.

Dios castiga a David por su pecado

Cuando el niño enfermó de gravedad, David pidió angustiadamente por la vida de su hijo. David entró, posiblemente a un lugar apartado, y pasó la noche en ayuno y en posición de postración (acostado en el suelo). Los ancianos, probablemente los principales hombres, vinieron a David para que se levantase, pero David no quiso levantarse ni tampoco comer. David pasó en ayuno y postración durante siete días, al séptimo día murió el niño. Los ancianos temían dar la noticia a David porque temían que David reaccionara severamente. Pero la reacción de David, al comprender que el niño había muerto, fue todo lo contrario. David se limpió, se ungió, se cambió de ropa, entró a la tienda del arca de Dios y adoró. David comprendió que el tiempo de orar y ayunar había pasado; ahora aceptaba la voluntad de Dios, sin guardar remordimiento hacia Dios, sino reconociéndole como señor; el acto de adoración demuestra que la paz había regresado a la vida de David y que él aceptaba la muerte del niño. Ahora también podía comer.

Los siervos de David no entendían la actitud de él, esperaban que David demostrara más tristeza después de la muerte del niño. Pero David tenía razón, él podía esperar en Dios y pedir a Dios por el niño mientras el niñó vivía; pero, una vez muerto, David no podía sino aceptar la voluntad de Dios. David ya no podía esperar que el niño volviera a la vida; sólo le quedaba la esperanza de que él iría un día al niño. D. F. Payne afirma que David estaba resignado al hecho inevitable de la muerte; pero las palabras de David muestran más que resignación, muestran una esperanza de un encuentro futuro después de la muerte.

De lamento a júbilo

I. ¿Qué hacer por los enfermos de muerte?

1. Orar

2. Ayunar

3. Humillarse o llorar—»Pasar la noche acostado en tierra»

4. Esperar

II. ¿Qué hacer cuando muere un ser querido?

1. Dejar de llorar

2. Asearse

3. Adorar

4. Comer

Nacimiento de Salomón

El niño no murió como un sacrificio por los pecados de David, como lo afirma Keil; el niño murió como consecuencia del pecado de David. Otro niño vino a dar alegría a David y Betsabé, este hijo se llamó Salomón. D. F. Payne cree que el nombre Salomón pudo estar conectado con el nombre Jerusalén, suponiendo que Salomón fue el primer hijo de David nacido en Jerusalén, esto es de una esposa, no de una concubina. El nombre Salomón, que significa pacífico u hombre de paz, señalaba la nueva paz con Dios que David había encontrado, después de todo lo sucedido antes del nacimiento de Salomón. La aprobación divina del niño debió haber sido de mucha alegría para David. El profeta Natán fue enviado por Dios para hacer saber a David que el niño era amado por Dios, de allí la designación del niño como Yedidías. Este nombre indicaba que el niño Salomón no moriría y que él llegaría a ser el sucesor de David.

El relato en 2 Samuel no se expande en cuanto al arrepentimiento de David. Pero los salmos atestiguan la angustia que padeció David a causa del pecado, así como la alegría de su acercamiento y humillación ante Dios. En el Salmo 38, David describe el pecado como una carga pesada que lo agobia y una herida que le supura; David describe su condición como una enfermedad que quita la paz de sus huesos, que lo tiene encorvado y abatido en gran manera, con sus espaldas inflamadas, sin tener sana una parte de su cuerpo. El pecado no es ocasión de gozo para el hijo de Dios, al contrario es ocasión de dolor y sufrimiento. El pecado también es causa de vergüenza para el hijo de Dios, quien no se goza en el pecado sino que se siente sucio por el pecado. En el Salmo 51 David expresaba la suciedad que sentía, su petición a Dios fue triple: borra mis rebeliones, lávame más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado. David deseaba de nuevo un corazón puro y un espíritu firme; quería de nuevo el gozo de la salvación divina y pedía de todo corazón que Dios lo librara de homicidios. David vino ante Dios con un corazón contrito y humillado. El verdadero hijo de Dios no se goza en el pecado, sino que vuelve a Dios en arrepentimiento.

David conquista a los amonitas

La narración de la conquista de los amonitas había sido interrumpida por el episodio del adulterio de David, ahora la narración vuelve a concentrarse en la guerra contra los amonitas. Joab se encontraba combatiendo contra los amonitas y se encontraba tomando la ciudad real, cuyo nombre era Rabá, y que también era llamada la ciudad de las Aguas. La RVA distingue entre Rabá y el barrio de las Aguas. Otros, como Keil, Hertzberg y Payne, usan la frase ciudad de las Aguas, como referencia a la misma Rabá; esta última traducción parece ser más adecuada, ya que Rabá estaba localizada a la orilla del río Amman. Joab pidió refuerzos a David y llamó a David para que él mismo fuese el que terminase de tomar la ciudad, y proclamarla como posesión suya. David, quien se había quedado en Jerusalén desde el principio de la guerra contra los amonitas, ahora salía a pelear y tomaba la ciudad de Rabá.

Los versículos 30 y 31 presentan dificultad en cuanto a su traducción. En el versículo 30 se dice que David tomó la corona de la cabeza de su rey, esta traducción es de acuerdo al texto masorético que usa la palabra Malkam (su rey); pero en la LXX aparece el nombre Melchol, de allí que algunos creen que el versículo se refiera a la corona de Moloc (en Hebreo Milkomi ) el dios de los amonitas. El peso de la corona (34 kg.), parece indicar que la referencia era al dios Moloc y no al rey Hanún.

David castigó a los amonitas con trabajo pesado con sierras, trillos de hierro y hachas de hierro. Lit. en el hebreo dice que David sacó a la gente y las pasó por la sierra, trillos de hierro y hachas de hierro. Keil sustituye el verbo pasar por el verbo cortar (haciendo una pequeña variante en la palabra hebrea) y afirma que David cortó a los soldados amonitas con sierras, trillos y hachas; esto hizo David para castigar la maldad de los amonitas (de acuerdo a Amos 1:13, la maldad de los amonitas llegó a tal extremo que reventaron a las mujeres de Galaad que estaban encintas). El texto declara que David también hizo trabajar a los amonitas en los hornos de ladrillo. Lit. el texto hebreo dice que David los hizo pasar por los hornos de ladrillos. Keil acepta la versión de la LXX: David los quemó en los hornos de ladrillos. Con Hertzberg creemos que el castigo fue trabajo forzado; eso era más apropiado a la naturaleza pacífica de David.

Verdades prácticas

1. Por los muertos nada puede hacerse; ni regresan.

2. El esposo consolador.

(1) Por el hijo que muere

(2) Por el hijo que nace

3. Dios consuela con el nacimiento de otro hijo. Nombres humano y divino del hijo que nace

(1) El nombre humano: Salomón, al cual amó Jehová.

(2) El nombre divino: Yedidías, a causa de Jehová.

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