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2 de Samuel 12: El Señor envió al profeta Natán a ver a David

Dios acusa a David de menosprecio. A pesar de todo lo que David había recibido de Dios, David menospreció la palabra de Dios e hizo lo malo ante Dios. El pecado es juzgado primeramente por ser una violación de la palabra de Dios; el pecado trae un rompimiento en las relaciones que han sido establecidas dentro del pacto con Dios. Es por esta razón que Dios habla con tanta pasión paternal. La violación de la palabra de Dios era un menosprecio a Dios mismo. David había actuado en contra de la justicia y el derecho, y la violación de la justicia y el derecho era una violación contra Dios el Justo y Recto. Dios acusó a David de tres pecados: haber matado a Urías, haber tomado la esposa de Urías, y haber usado a los amonitas para que matasen a Urías. David había sido el principal autor de la muerte de Urías, él planeó y mandó ejecutar los pla nes que llevarían a Urías a la muerte; toda la responsabilidad de la muerte de Urías caía sobre David. David, además, había cometido traición al usar a un pueblo enemigo para causar la muerte de Urías. David también era el responsable principal del adulterio, ya que él lo inició, y lo hizo utilizando su posición de poder.

La justicia de Dios. David no escapó la justicia de Dios, su casa sería castigada con la espada y el oprobio. El resultado directo del pecado de David fue la pérdida de la paz en su propia vida, en su familia y en su nación. Los hijos de David llegaron a practicar la violencia y la traición unos contra otros. Absalón practicó la rebelión contra su propio padre. Amnón fue muerto por los siervos de Absalón, Absalón fue muerto por Joab, y Adonías fue muerto por orden de Salomón. Las mujeres de la casa de David llegaron a sufrir violaciones y ser víctimas de traiciones: Tamar fue violada por Amnón, y las concubinas de David fueron violadas por Absalón a la vista de todo Israel. Aunque fueron sus hijos los que sufrieron directamente las consecuencias del pecado de David, no hay duda de que todo esto fue de mucho más dolor para David.

El castigo a David fue determinado por Dios, pero llevado a cabo por medio de las acciones malvadas de sus hijos. ¿Era Dios el responsable por esas acciones que él había predicho? De ninguna manera. Dios pronunció el castigo a David, basado en su conocimiento previo de lo que sucedería en la casa de David. Dios, como dueño de lo que ha de suceder, habla en primera persona, como el ejecutador de la sentencia a David. Es así como muchas veces Dios usa la maldad de algunos como instrumento para llevar a cabo su propósito.

David reconoce su pecado

David respondió en arrepentimiento hacia Dios, reconociendo su pecado: he pecado contra Jehová. El arrepentimiento comienza con una confesión del pecado personal; este pecado es reconocido como una ofensa a la santidad de Dios. En esta actitud de David se puede observar la obra del Espíritu de Dios al convencer a David de su pecado y llevarlo al arrepentimiento. David reconoció su pecado, y al reconocerlo también reconoció que merecía la muerte. Sin embargo, Dios tuvo misericordia de David y perdonó su pecado; perdonarlo implicaba dejarlo vivir. La immensa grandeza del perdón de Dios fue experimentada por David después de haber descendido a los grandes abismos de la maldad y retornado al camino de Dios en arrepentimiento y confesión.

El castigo de Dios, sin embargo, alcanzaría la vida del niño concebido de la relación entre David y Betsabé. El adulterio de David había hecho blasfemar a los enemigos de Jehová, la vida de este niño continuaría siendo causa de blasfemia de parte de los enemigos de Jehová, y por esta razón Dios no permitiría que el hijo de David viviera. Esta sentencia de Dios era irremisible.

Dios castiga a David por su pecado

Cuando el niño enfermó de gravedad, David pidió angustiadamente por la vida de su hijo. David entró, posiblemente a un lugar apartado, y pasó la noche en ayuno y en posición de postración (acostado en el suelo). Los ancianos, probablemente los principales hombres, vinieron a David para que se levantase, pero David no quiso levantarse ni tampoco comer. David pasó en ayuno y postración durante siete días, al séptimo día murió el niño. Los ancianos temían dar la noticia a David porque temían que David reaccionara severamente. Pero la reacción de David, al comprender que el niño había muerto, fue todo lo contrario. David se limpió, se ungió, se cambió de ropa, entró a la tienda del arca de Dios y adoró. David comprendió que el tiempo de orar y ayunar había pasado; ahora aceptaba la voluntad de Dios, sin guardar remordimiento hacia Dios, sino reconociéndole como señor; el acto de adoración demuestra que la paz había regresado a la vida de David y que él aceptaba la muerte del niño. Ahora también podía comer.

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