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Amós 4: Las advertencias no atendidas

Las advertencias no atendidas

Este capítulo parece consistir de una serie de sermones cortos pronunciados en distintas ocasiones.

La malicia de los que incitan a otros a hacer maldad

No es asunto del sexo de la persona. El empleo de la metáfora del ganado para describir a personas no es del todo extraño en el AT. No obstante, Amós habla de las mujeres corpulentas de Samaria con ironía.

Basán, al oriente del Jordán, era bien conocida por la fertilidad de sus pastos y la calidad de su ganado. Sin duda estas mujeres de la alta sociedad de Samaria son hermosas y gozan de buena salud, pero su actitud hacia los pobres es reprochable. Incitan a sus maridos a que opriman y maltraten a los pobres para tener abundancia de dinero para comprar bebidas y objetos de lujo. Esta es una situación de mucha actualidad. ¿Quién es responsable? ¿El tirano que autoriza el asesinato o el soldado que dispara contra la víctima? ¿Los padres que no cuidan de las necesidades de sus hijos o la sociedad que rehúsa pagarles un sueldo adecuado o los margina de posibles trabajos, diciendo que no tienen preparación, o que son ociosos?

El indignado profeta proclama que el Señor ha jurado por su santidad que estas mujeres serán llevadas con ganchos al matadero, como hacían con las vacas gordas. El arte del Medio Oriente antiguo nos muestra grabados de presos de guerra tratados de esa forma tan inhumana. El heb. dice que serán echados a un lugar llamado Hermón, no al palacio. No se ha identificado ningún lugar con ese nombre, pero no se trata de la famosa montaña que se menciona en la Biblia. Sin embargo, la metáfora es bien clara: serán llevados al cautiverio y quizás a una suerte aun peor.

La condenación de un ritual excesivo y vacío

El profeta emplea el mismo imperativo que se halla dos veces en el Salmo 100 con referencia al santuario de Betel, el principal lugar de cultos en el norte, situado a unos 35 km al norte de Jerusalén. Gilgal, juntamente con Dan, eran los otros santuarios del norte que no se han localizado con toda certeza. Primero Reyes 12:26-33 y Josue 4:19; Jos_5:9 indican que Gilgal era un santuario al lado del río Jordán. Oseas también condenó el culto lujoso en Gilgal.

Solamente los ricos podían ofrecer los sacrificios y ofrendas con la abundancia y frecuencia que Amós menciona. Con fina ironía los invita a traer sus diezmos cada tres días en lugar de cada tres años como la ley estipula. La frase ya que eso es lo que os gusta indica que el pueblo practicaba el culto para satisfacer sus propios deseos, no para adorar a Dios. El centro de la vida de esos ricos se hallaba en el dinero, no en Dios. Incluso, solamente podían ofrecer semejantes sacrificios y ofrendas porque habían robado a los pobres. Amós dice muy claramente que tales actividades constituían nada menos que rebelión contra Dios. Lo que él requería era “hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Dios”.

Desastres que no produjeron arrepentimiento

Después de hablar sobre lo que el pueblo hace, Amós pasa a hablar sobre lo que Dios ha hecho para advertirles de su peligro. Enumera siete desastres que resultan de causas naturales, con excepción del penúltimo. Son todas acciones disciplinarias realizadas a lo largo de su historia: hambre, sequía, viento solano, plaga de langostas, mortandad, muerte a espada y terremoto. Tales desastres normalmente llevarían a la gente a “volver” a Dios, pero parece que no habían servido para nada en el caso de Israel.

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