Los elementos desatados
El primer ángel lanzó un toque de trompeta, y se produjo una lluvia de granizo y fuego mezclado con sangre cayendo sobre la tierra seca; y una tercera parte de la tierra seca quedó abrasada, y se quemaron la tercera parte de los árboles y todas las plantas verdes.
El segundo ángel lanzó un toque de trompeta, y lo que yo llamaría una gran montaña ardiendo se precipitó en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre, y la tercera parte de los animales marinos murieron, y se destruyó la tercera parte de las naves.
El tercer ángel lanzó un toque de trompeta, y un gran meteorito ardiendo como una antorcha cayó del cielo; y cayó en la tercera parte de los ríos, y en los manantiales. Y ese meteorito se llama Ajenjo; y una tercera parte del agua se convirtió en ajenjo, y muchos de la humanidad murieron por la amargura del agua.
El cuarto ángel lanzó un toque de trompeta, y fue herida la tercera parte del Sol, y de la Luna, y de las estrellas, de manera que se oscureció la tercera parte de su luz, y dejó de haber luz en la tercera parte del día, lo mismo que de la noche.
Aquí tenemos una descripción de las fuerzas elementales de la naturaleza lanzadas en juicio contra el mundo. A cada toque de trompeta es atacada una parte diferente del mundo; la destrucción que se produce no es total, porque esto no es más que el preludio del fin. Primero, el toque de destrucción cae sobre la tierra (versículo 7); luego, sobre el mar (versículos 8 y 9); luego, sobre el agua dulce de los ríos y manantiales (versículos 10 y 11); luego, sobre los cuerpos celestes (versículo 12). La marea de la destrucción se desata sobre cada parte del universo creado.
Tenemos que notar, además, dónde encontró Juan sus imágenes. En su mayoría tuvieron su origen en las descripciones de las plagas que cayeron sobre Egipto cuando el Faraón se negó a dejar salir al pueblo de Israel de Egipto tal como se nos cuentan en el libro del Éxodo.
En la descripción de Juan, el granizo y el fuego y la sangre caen sobre la tierra seca. En Exodo 9:24 leemos que cayó sobre Egipto fuego mezclado con granizo con un poder destructivo sin semejante. Juan añade la sangre para aumentar el terror, recordando el cuadro que pinta Joel del día en que el Sol se convierta en tinieblas y la Luna en sangre (Joel 2:10). En el cuadro de Juan, una tercera parte del mar se convierte en sangre, y la tercera parte de los animales marinos mueren. En Éxodo, cuando Moisés levantó la vara e hirió las aguas, el agua del Nilo se volvió sangre y murieron los peces que había en el río (Éxodo 7:20s). En la descripción que hace Sofonías del Día del Señor, Dios amenaza: «Destruiré las personas y las bestias; destruiré las aves del cielo y los peces del mar» (Sofonías 1:3). No se encuentra antecedente para el detalle de la caída del meteorito en llamas, pero sí bastantes de las aguas volviéndose ajenjo.
Ajenjo es el nombre que se da a la clase de plantas conocidas como artemisia, que se caracterizan al gusto por su amargor. No son realmente venenosas en el sentido de ser capaces de causar la muerte, aunque son nocivas; pero los israelitas las temían por su amargura. El ajenjo era el fruto de la idolatría (Deuteronomio 29:17s). Dios amenazó a los falsos profetas por medio de Jeremías de que les haría comer ajenjo y beber agua envenenada (Jeremías 9:14s; 23:15). El ajenjo representa siempre la amargura del juicio de Dios sobre los desobedientes.
