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Apocalipsis 8: El silencio y el trueno de la oración

En la descripción que hace Juan se produce un oscurecimiento de la tercera parte de las luces de los cielos. En Éxodo, una de las plagas fue una oscuridad que se cernió sobre toda la Tierra (Éxodo 10:21-23).

Como ya hemos visto varias veces, Juan está tan imbuido del Antiguo Testamento que sus visiones vuelven a él como el trasfondo natural de todo lo que tiene que decir.

En este caso no es ni mucho menos imposible que Juan esté tomando sus figuras, por lo menos en parte, de acontecimientos que él mismo había presenciado o que había oído. Una lluvia que parece de sangre se ha producido más de una vez en los países del Mediterráneo. Hay, por ejemplo, un informe de una tal lluvia que se produjo en Italia y el Sureste de Europa en 1901. Su causa era que los remolinos habían cogido arena fina y roja del desierto del Sáhara que, al caer en forma de lluvia, parecería sangre. Bien puede ser que Juan viera u oyera de algo parecido.

Además habla de una masa en llamas que cae en el mar. Esto suena como una erupción volcánica. Hubo una erupción del Vesubio en agosto del año 79 d.C. que diezmó Nápoles y su bahía. Eso habría sucedido pocos años antes de que se escribiera el Apocalipsis. El mar Egeo tiene islas volcánicas y volcanes submarinos. El geógrafo griego Estrabón informa de una erupción en el mar Egeo, en el que estaba Patmos, el año 196 a.C., que produjo la formación de una nueva isla llamada Palaia Kaumené. Puede que Juan pensara en algo así.

En esta escena de terror, Juan tiene la visión de Dios usando las fuerzas elementales de la naturaleza para advertir a la humanidad que se acerca una destrucción final.

El águila volando

Ymiré, y oí un águila volando por en medio del cielo, dando grandes voces: – ¡Ay, ay, ay de los que habitan en la Tierra, a causa de lo que va a suceder cuando hablen las trompetas que faltan, que los tres ángeles están a punto de tocar!

Aquí tenemos una de las pausas de la historia que Apocalipsis usa tan eficazmente. Tres terribles ayes están para caer sobre la Tierra cuando los tres ángeles den los últimos toques de trompeta; pero, de momento, hay una pausa. En esta pausa el vidente ve un águila -no un ángel, como dicen algunas traducciones, aunque la Reina-Valera› 95 ya pone águila en una nota. Es posible que el original quiera decir « un águila solitaria.» La expresión «por en medio del cielo» quiere decir el cenit del cielo, donde está el sol al mediodía. Aquí tenemos una figura alucinante y dramática de un cielo vacío y un águila solitaria volando a través del cenit, augurando una maldición por venir.

De nuevo Juan está usando una idea que no es nueva. Tenemos la misma figura en 2 Baruc. Cuando el autor de ese libro ha tenido su visión, y quiere enviársela a los judíos exiliados en Babilonia junto a las aguas del Éufrates, prosigue: «Y yo llamé al águila, y le dije estas palabras: «El Altísimo te ha concedido que puedas volar más alto que todas las demás aves. Ahora pues, ve, y no te detengas en ningún lugar, ni entres en nido, ni te poses en ningún árbol, hasta que hayas pasado la anchura de las muchas aguas del río Éufrates, y hayas ido al pueblo que mora allí, y déjales caer esta epístola»» (2 Baruc 77: 21 s).

La figura no se ha de tomar literalmente, pero el simbolismo tras ella es que Dios usa la naturaleza para enviar mensajes a los hombres.

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