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Cantares 8: Consolidación del matrimonio

La viña de Salomón no tenía precio, como lo prueban las mil monedas de plata. Ahora la viña de la sulamita está delante de ella; su sola dueña y se iguala a la de Salomón. Como legítima dueña, ella retornará la viña a su fuente salomónica y le dará la porción que le corresponde a su dueño. Posee todo y todo lo entrega. Le ha demostrado a sus hermanos que es capaz de enfrentarse a retos y tentaciones.

Salomón podía demandar por el alquiler a los inquilinos de su viñedo, pero la doncella tenía su propia viña y estaba en su derecho de asignarla a quien quisiera. Pero ella entregó de buena voluntad su fruta a Salomón. En el matrimonio no existe la propiedad privada, ya que todo se comparte entre los cónyuges. Nota: Esta es la única mención de Baal-hamón en la Biblia y su ubicación se desconoce.

Cantares 8:12 ¡Mi viña, la mía, está delante de mí! ¡Que las mil monedas sean para ti, Salomón, y doscientas para los que guardan el fruto![n]

Cantares 8:13 Tú, que habitas en los huertos, los compañeros escuchan tu voz. ¡Házmela oir!

El infinito reino del amor, con sus montañas de aromas, espera a los amantes.

Cantares 8:14 ¡Corre, amado mío, como la gacela o el cervatillo,[ñ] por las montañas llenas de aromas!

El amor entre Salomón y su esposa no disminuyó en intensidad desde la noche de bodas. Los enamorados confiaron el uno en el otro y no tuvieron secretos. La devoción y el compromiso fueron la clave de su relación, así como los son también en nuestras relaciones conyugales, y nuestra relación con Dios. La fidelidad de nuestro amor matrimonial debe reflejar la perfecta fidelidad de Dios para con nosotros.

Pablo nos muestra cómo el matrimonio representa la relación de Cristo con su Iglesia, y Juan nos ilustra la Segunda Venida como una gran fiesta de bodas para Cristo y su Esposa, sus seguidores fieles. Muchos teólogos consideran que Cantar de los cantares es una alegoría que muestra el amor de Cristo por su Iglesia. Tiene aún más sentido decir que es un poema de amor sobre una relación amorosa real y humana, y que todos los matrimonios amorosos y comprometidos reflejan el amor de Dios.

En 8:1, la amada introduce un deseo hipotético respecto de su amado. Lo que desea no es que él sea su hermano carnal, sino que él se sienta con la libertad de expresar públicamente su amor por ella. Lo que no estaba permitido hacer en público entre esposo y esposa, sí era permisible entre hermanos, como por ejemplo, besarse. Otra cosa que ella haría de ser hermana de él, es llevarlo y meterlo en casa de su madre. Obviamente, el propósito no sería el de jugar como hermanos carnales, sino hacer el amor como amantes. Tú me enseñarías significa que él le enseñaría los secretos del amor, en el lugar donde ella tuvo sus primeras experiencias sexuales. Ella está dispuesta a aprender de él el arte de amar, aun cuando a lo largo de Cantares la amada se expresa sexualmente con gran maestría. La intención erótica de la mujer queda clara en las dos últimas líneas del versículo 2. Las expresiones son de carácter distintivamente sexual. Probablemente el versículo 3 es el cumplimiento del deseo expresado por la amada en el versículo 1, y repite 2:6.

En el versículo 4 se repite por tercera vez este refrán, que concluye con una cuarta sección de Cantares. A estas alturas, el amor ya está despierto y consumado, y no necesita de mayor estímulo por parte de los testigos anónimos. De esta manera, toda esta parte, que comenzó con sueños confusos y frustraciones, alejamientos y desencuentros, concluye con los amantes cada uno en los brazos del otro.

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