Cuando Adonías temió por su vida y esperaba el peor castigo, Salomón simplemente hizo que se retirara su hermano y lo mandó a su casa. Como nuevo rey, Salomón tenía el poder de matar a sus rivales, algo que Adonías habría hecho si su conspiración hubiera triunfado. Pero Salomón actuó como si no tuviera nada que probar, así demostró su autoridad y poder. En algunas ocasiones se muestra más fortaleza al perdonar al que atacó nuestra persona que al reprenderlo a latigazos por mera venganza. El tratar de probar nuestro poder y autoridad a menudo demuestra sólo nuestro miedo y duda. Sólo después de que Adonías hizo otro intento para asegurar el poder real fue cuando Salomón se vio forzado a ejecutarlo.
Reinado de Salomón
Decadencia de David
Una secuela de males y aflicciones aceleraron el proceso de envejecimiento de quien fuera tan robusto en su juventud. La enfermedad, los excesos, los nefastos resultados de la poligamia, las discordias entre sus cortesanos, las intrigas y los crímenes dentro de su propia familia (Tamar, Absalón y Ammón), lo empujaron a la decrepitud y a la impotencia. Más que una concubina, como para probar su capacidad viril, la hermosa compañera sólo puede servirle como enfermera. Y, a los 71 años, David luce mucho más viejo de lo que era en realidad.
En relación con la senilidad e impotencia de David, es significativo que en la antigüedad era común la creencia, en estos casos, de que el contacto con una virgen tenía poderes restauradores. Por esto los siervos personales de David le llevaron una joven sunamita (oriunda de una pequeña aldea en el territorio de Isacar) que se llamaba Abisag. No hay base histórica como para identificar a ésta con la sulamita que se menciona. En todo caso, la construcción gramatical de los textos alusivos hace hincapié en Abisag como una sierva y compañera de David en su vejez. Además, al mencionar la condición física de David recalca la urgencia de la determinación de la sucesión dinástica.
Conjura de Adonías
Debido a sus precarias condiciones el glorioso rey, genio militar de Israel, está ahora reducido al palacio. Es de suponerse que perdió el interés y el control sobre los asuntos de Estado. Y, lo que es peor en estas circunstancias, el de sus propios hijos. ¿Se habrá enterado de las intrigas por la posesión del trono?
El astuto Adonías supo explotar todas las circunstancias favorables del momento. Era el cuarto hijo. Tenía una influyente presencia; se aprovecha de la senilidad del padre y de la confusión reinante para tramar su complot. Se aprovecha, además, del apoyo de sus hermanos y de los que, en tiempo pasado, fueron de los más fieles servidores de su padre. Pero el presunto reinado, aunque muy bien celebrado, no llegaría a consumarse.
Es importante reconocer que Adonías tenía una tremenda ventaja por ser el heredero principal, y también gozaba de popularidad. No obstante todo esto, es obvio también que tenía sectores políticos que militaban en su contra. Entre ellos estaban Natán (el profeta cortesano), Benaías (un militar ambicioso) y Sadoc (un alto clérigo en la jerarquía sacerdotal). Además de estos aspectos, se deben agregar las maniobras de la reina madre, Betsabé. Una oposición que incluía elementos tan diversos y tan influyentes tenía que representar un obstáculo fuerte para la ambición de Adonías. Con razón, a éstos no se les invitó al banquete de apoyo para el golpe de Estado.
