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Deuteronomio 22: Leyes para mantener la disciplina y el orden.

Deu 22:25 Mas si un hombre hallare en el campo a la joven desposada, y la forzare aquel hombre, acostándose con ella, morirá solamente el hombre que se acostó con ella;

Deu 22:26 mas a la joven no le harás nada; no hay en ella culpa de muerte; pues como cuando alguno se levanta contra su prójimo y le quita la vida, así es en este caso.

Deu 22:27 Porque él la halló en el campo; dio voces la joven desposada, y no hubo quien la librase.

Deu 22:28 Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos;

Deu 22:29 entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir en todos sus días.(D)

Deu 22:30 Ninguno tomará la mujer de su padre, ni profanará el lecho de su padre.(E)

Estas variadas disposiciones tienen que ver con la virginidad y las penas por las conductas sexuales ilegítimas. La última sección constituye una elaboración del séptimo mandamiento.

Ni profanará el lecho de su padre : Significa que nadie debe usurpar los derechos maritales de su padre.

¿Por qué incluyó Dios todas estas leyes acerca de los pecados sexuales? Las instrucciones acerca del comportamiento sexual eran vitales para un grupo de tres millones de personas que viajaron durante cuarenta años en campamentos. Pero serían igualmente importantes cuando entraran a la tierra prometida y se establecieran como nación. Pablo, reconoció la importancia de reglas severas acerca del sexo para los creyentes, ya que los pecados sexuales tenían el poder de desorganizar y destruir la iglesia. Los pecados sexuales no son juegos inocentes de placeres prohibidos, como muy a menudo se describen, sino destructores poderosos de las relaciones. Confunden y despedazan el clima de respeto, confianza y credibilidad que son tan esenciales para un matrimonio sólido y para la seguridad de los hijos.

La legislación antigua sobre los delitos contra la honestidad era muy severa, y tal se mantiene aún entre los nómadas de Transjordania. El padre o el marido consideran estos delitos como ofensas contra su honor, y esas ofensas no se lavan más que con sangre. Esto mismo creó la costumbre de tomar prevenciones contra la falsa imputación de delito. Para hacerse cargo del caso, conviene primero advertir la vieja costumbre, que aún existe en algunos pueblos orientales, y que, sin duda, existía en Israel, de que el novio, una vez consumado el matrimonio, entregue a los padres el lienzo o sabana con las señales de la sangre procedente de la ruptura del himen de la doncella. Si algún día se levantase contra ésta una sospecha, podían los padres presentar aquella pieza en comprobación de la inocencia de su hija6. En caso de que la acusación sea falsa, el acusador debe pagar cien siclos al padre de la esposa y después retenerla como ta; si la acusación es verdadera, se lapidará a la joven a la puerta de la casa de sus padres. Contra los adúlteros se decreta la pena de muerte. Aunque no se especifica la clase de muerte, se supone que es la lapidación. En el código de Hammurabi8 y en las leyes asirias se impone la muerte a los dos culpables, aunque se prevé el caso de que el marido ultrajado perdone a su esposa infiel, y entonces también su cómplice queda libre del castigo capital.

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