Deu 7:24 El entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás el nombre de ellos de debajo del cielo; nadie te hará frente hasta que los destruyas.
Moisés dijo a los israelitas que Dios destruiría a sus enemigos, pero no a todos a la vez. Dios tenía poder para destruir instantáneamente a esas naciones, pero prefirió hacerlo por etapas. De la misma manera y con el mismo poder, Dios puede cambiar milagrosa e instantáneamente su vida. Sin embargo, por lo general, prefiere ayudarlo gradualmente, enseñándole una lección a la vez. En lugar de esperar una madurez espiritual instantánea y las soluciones de todos sus problemas, aminore el ritmo y vaya paso a paso, confiando en que Dios lo lleve de donde está a donde debiera estar. Pronto mirará hacia atrás y verá que ha ocurrido una transformación milagrosa.
Deu 7:25 Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios;
Deu 7:26 y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominarás, porque es anatema.
Moisés advirtió a Israel que no debía dejarse atrapar por los ídolos de las naciones conquistadas al codiciar la plata o el oro que había en ellos. Es posible que pensemos que podemos estar cerca del pecado siempre que no participemos.»¡No voy a hacer nada malo!» Pero el estar cerca es peligroso porque un día podemos ceder. La única manera segura de mantenernos alejados del pecado es ¡mantenernos alejados!
Bajo la ley de herem los israelitas no podían tomar las posesiones de los idólatras a quienes derrotaran, las cuales eran consideradas anatema
El exterminio de las naciones de Canaán
El contenido de este capítulo es una exhortación a Israel para vivir una vida separada de los habitantes de la tierra. Moisés prepara el pueblo para su encuentro con los cananeos y su cultura urbana. El pueblo que había salido de Egipto todavía no estaba preparado para enfrentar la realidad y la consecuencia de la relación política y religiosa con los habitantes de Canaán. La primera decisión de Israel al entrar en la tierra de Canaán era eliminar la posibilidad de que la religión de los cananeos contaminara la religión de Israel. Una vez establecido en Canaán, Israel enfrentaría el peligro de caer en la idolatría y de participar en las prácticas inmorales de los cananeos. Para establecer una política de separación, Moisés prohibió alianzas políticas, intercambios matrimoniales y relaciones culturales o religiosas con los habitantes de la tierra. Para implementar las palabras de Moisés, Israel tenía que invocar la práctica del herem, el anatema. Esta práctica permitía a Israel destruir a sus enemigos en la guerra santa y confiscar sus bienes y sus ciudades para el exterminio total o, en algunos casos, para el uso personal.
La realidad histórica es que Israel no hizo lo que Moisés había ordenando. Diversas indicaciones en el AT hacen ver que Israel no destruyó a los cananeos sino que el pueblo israelita se mezcló con ellos y fueron influenciados por la cultura y la religión de los cananeos. La consecuencia de esta amalgama con los cananeos fue desastrosa. El culto israelita fue influenciado profundamente por las prácticas cananeas y el resultado fue la perdición de la nación, la rebeldía del pueblo contra Jehová y finalmente el exilio de Israel de la tierra de la promesa.
