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Deuteronomio 2: Los años en el desierto

Aun cuando Jehová no había permitido que Israel confrontara a los edomitas, moabitas y amonitas, él permitió al ejército de Israel confrontar a Sejón, rey de los amorreos y conquistar su tierra. La conquista de Hesbón, la ciudadcapital de los amorreos, fue el inicio de la conquista de la tierra prometida. A pesar de que la tierra que Jehová había prometido a los patriarcas estaba al lado occidental del Jordán, incluye el territorio de los amorreos, localizado al lado oriental del río Jordán como parte de la tierra de la promesa.

En el inicio de la jornada de Israel, Jehová había entregado a los amorreos en manos de Israel. Pero, por causa de la desobediencia del pueblo, los amorreos derrotaron a los israelitas y los persiguieron desde Seír hasta Horma. Ahora, la nueva generación de israelitas, la generación obediente, conquistaría a los amorreos. Sejón y los amorreos se habían establecido en el territorio que más tarde fue conocido como Galaad. Los amorreos conquistaron Hesbón de los moabitas antes de la entrada de Israel en Transjordania.

Jehová asegura al pueblo que desde aquel día él infundiría el terror de Israel en el corazón de los pueblos de la tierra. Los pueblos debajo de todo el cielo es una expresión idiomática para indicar las naciones de Transjordania y de Canaán. Es el vocabulario de la guerra santa, enfatizando la obra redentora de Jehová. Jehová, el Dios de Israel, peleará por su pueblo.

La importancia de la obediencia

1. Dios instruyó a los israelitas a pasar por la tierra de Seír y Moab sin contender con los habitantes. Pero cuando llega a Sejón, rey de Hesbón, les instruye a pelear. La obediencia a las instrucciones de Dios nos capacita para emprender proezas más grandes en su obra.

2. Dios exige la nuestra obediencia en los aspectos minuciosos de nuestras vidas, tanto como en los pasos gigantescos. La obediencia en aspectos menores nos capacita para emprender las tareas mayores.

El principio de la conquista

Israel derrota a Sejón. Antes de cruzar la tierra de los amorreos Moisés envió mensajeros a Sejón, desde Hesbón, con una propuesta de paz. Moisés pidió permiso para transitar por el territorio amorreo bajo las mismas condiciones que Israel había establecido con los edomitas y los moabitas. El mensaje de paz es una invitación para establecer un tratado. Representan los términos del tratado. Israel pasaría por el camino y pagaría por el agua y por la comida. El camino era el famoso camino del Rey, la ruta principal de norte a sur en Transjordania que se extendía desde Ezióngeber hasta Damasco en el norte.

Los edomitas y los moabitas no habían permitido el tránsito a Israel por el camino real, pero no hicieron ningún esfuerzo militar para impedir el avance del pueblo de Israel. Pero Sejón rehusó aceptar la invitación de hacer un tratado de paz con Israel. Reunió su ejército y salió al encuentro de Israel para hacer guerra contra ellos. Como el faraón del éxodo, Sejón endureció su corazón. Según la manera de pensar del pueblo de Israel, Dios había endurecido el corazón de Sejón. Pero hay que entender que Sejón, de su propia voluntad, había obstinado su corazón y no permitió a Israel cruzar su territorio. La dureza del corazón de Sejón ayudó a que Jehová estableciera sus propósitos eternos. Jehová había determinado entregar a Sejón y su territorio al pueblo de Israel. Dios confirma la decisión y la actitud de Sejón. Por causa de la obstinación de Sejón, Dios permitió que la tierra de los amorreos y todos sus habitantes fueran conquistados. El ganado de los amorreos y el despojo de las ciudades conquistadas fueron dados a Israel como botín de guerra. La batalla entre el ejército de Israel y las tropas de Sejón fue en Jahaz, una ciudad entre Medeba y Dibón. Israel conquistó todas las ciudades del reino de Sejón, desde Aroer, una ciudad ubicada en la margen norte del río Arnón, hasta Galaad, en el norte, cerca del río Jaboc. No hubo ciudad que fuera demasiado fuerte para nosotros: Estas palabras marcan un fuerte contraste con el informe de los espías. Ellos creían que las ciudades de los cananeos eran grandes y fortificadas, cuyos muros llegaban hasta los cielos. Israel conquistó todas las ciudades de los amorreos, pero en obediencia a Jehová los israelitas no entraron en las ciudades de los amonitas.

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