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Efesios 6: Padres e hijos

Pablo tiene también algo que decirles a los amos. Deben recordar que ellos también están al servicio de Dios. Los amos también deben tener presente que Dios también ve todo lo que ellos hacen. Sobre todo deben recordar que llegará el día en que tanto ellos como los que están a sus órdenes se tendrán que presentar ante el juicio de Dios; y- entonces los baremos del mundo no serán los que se apliquen.

Todos los problemas laborales se resolverían si trabajadores y empresarios siguieran las instrucciones de Dios.

La armadura de Dios

Por último os digo: Estad ficertes en el Señor y en el poder de Su fuerza. Poneos la armadura de Dios para poder manteneros frente a las tretas del diablo. No es contra carne y sangre contra lo que tenéis que luchar, sino contra poderes y autoridades, contra manipuladores de este mundo tenebroso, contra fuerzas espirituales maliciosas en lugares celestiales. Por causa de esto debéis tomar la armadura de Dios para poder manteneros frente a todas esas cosas en el día malo, y para poder seguir firmes después de haber cumplido con vuestro deber en todas las cosas. Tened siempre ajustada la verdad como cinto. Poneos la integridad como coraza. Tened los pies calzados con la disposición a predicar el Evangelio de la paz. En todas las circunstancias°inantened la fe como escudo con el que podáis apagar todas las flechas incen diarias del maligno. Poneos el casco de la salvación.

Blandid la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Manteneos orando en el Espíritu en todas las crisis con toda clase de oración y súplica a Dios. Con esa
finalidad, manteneos alerta en oración perseverante por todo el pueblo consagrado a Dios. Orad también por mí, para que me sea posible hablar a boca llena y sin tapujos para dar a conocer el secreto del Evangelio, por el cual soy ahora un mensajero encadenado. Pedidle a Dios que se me conceda la libertad para declararlo como debo.

Al despedirse Pablo de sus amigos en esta carta, piensa en la importancia de la contienda que les espera. No cabe duda de que la vida era mucho más aterradora para los primeros cristianos que para nosotros hoy. Creían implícitamente en los espíritus malos que llenaban el aire y estaban empeñados en hacer daño. Las palabras que usa Pablo -poderes, autoridades, gobernadores del mundo- son los nombres de las diferentes clases de esos espíritus malos. Para Pablo, todo el universo era un campo de batalla. El cristiano no tenía que contender exclusivamente con los ataques de otras personas, sino con los de fuerzas espirituales que luchaban contra Dios. No tenemos que tomar literalmente el lenguaje concreto de Pablo; pero nuestra experiencia nos dirá que hay un poder activo del mal en el mundo. Robert Louis Stevenson dijo una vez: «¿Conoces la estación Caledonia del ferrocarril en Edimburgo? Una mañana helada con viento del Este yo me encontré allí con Satanás.» No sabemos qué fue lo que le pasó de hecho a Stevenson, pero reconocemos la experiencia. Todos hemos sentido la fuerza de esa influencia perversa que trata de arrastrarnos al pecado.

A Pablo se le representa entonces todo un cuadro repleto de enseñanza espiritual. Por entonces estaba siempre encadenado a la muñeca de un soldado romano. Noche y día estaba allí con él, asegurándose de que no se escapaba. Pablo era literalmente un mensajero encadenado. Era la clase de hombre que se relacionaba fácilmente con todo el mundo, y sin duda hablaría con frecuencia con los soldados que estaban obligados a estar con él. Cuando estaba escribiendo, la armadura del soldado le sugirió toda una alegoría. El cristiano también tiene una armadura; y, pieza por pieza, Pablo se fija en la armadura del soldado romano y la traduce en términos cristianos.

(i) Está el cinto de la verdad. La túnica del soldado se sujetaba con un cinto del que se colgaba la espada, y que le daba libertad de movimientos. Otros puede que anden incómodos e indecisos; el cristiano se mueve con libertad y rapidez, porque conoce la verdad.

(ii) Está el peto de la integridad. Cuando uno está vestido de integridad, es invulnerable. Las palabras no nos pueden defender siempre de las acusaciones, pero sí una vida íntegra. Una vez alguien acusó a Platón de ciertos crímenes.

«Bueno, pues entonces -dijo Platón-,vivamos de tal forma que demos el mentís a esas acusaciones.» La única manera de arrostrar las acusaciones que se le hacen al cristiano es siendo todo lo bueno que puede ser.

(iii) Están las sandalias, que eran la señal de que uno estaba dispuesto para la marcha. La característica del cristiano es que está dispuesto a ponerse en camino para compartir el Evangelio con otros que no lo han recibido.

(iv) Está el escudo. La palabra que usa Pablo no designaba el escudo relativamente pequeño y redondo, sino el grande y oblongo que llevaban los guerreros fuertemente armados. Una de.las armas más peligrosas en las guerras antiguas eran las flechas incendiarias. Se mojaba la punta en brea, se le prendía fuego y se lanzaba. El escudo grande tenía dos capas de madera pegadas entre sí. Cuando se le incrustaba un dardo incendiario, se hundía en la madera y se le apagaba la llama.

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