El regreso a Jerusalén
Esdras 1:5 Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y levitas, todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa de Jehová, la cual está en Jerusalén.
Ciro era rey sobre toda la región que una vez había sido Asiria y Babilonia. En el 722 a.C. Asiria había deportado a los israelitas del reino del norte (Israel). En 586 a.C. Babilonia, la otra potencia mundial, había tomado cautivos a los israelitas del reino del sur (Judá). Por lo tanto, cuando el imperio Medo-Persa llegó al poder, el decreto de libertad del rey Ciro llegó a las 12 tribus originales, pero sólo Judá y Benjamín respondieron y regresaron para reconstruir el templo de Dios. Las diez tribus del reino del norte habían sido tan desmenbradas y dispersas por Asiria, y había pasado ya tanto tiempo desde su cautiverio, que muchos no estaban seguros de su herencia real. Por lo tanto, no estaban dispuestos a participar en la visión de la reconstrucción del templo.
Dios tocó el corazón de los líderes, cabezas de familias, sacerdotes y levitas, y les dio un gran deseo de regresar a Jerusalén para reconstruir el templo. Los cambios mayores comienzan en nuestro interior a medida que Dios trabaja en nuestras actitudes, creencias y deseos. Estos cambios internos conducen a acciones de fe. Después de 48 años de cautiverio, la arrogante nación judía había sido humillada. Cuando cambiaron las actitudes y los deseos del pueblo, Dios terminó con la disciplina y le dio otra oportunidad para regresar a casa y volver a intentarlo. Pablo nos recuerda que «Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad». Hacer la voluntad de Dios comienza con nuestros deseos. ¿Está usted dispuesto a ser humilde, a estar abierto a las oportunidades que Dios le da, y a moverse en su dirección? Pida a Dios que le dé el deseo de seguirlo más de cerca.
Esdras 1:6 Y todos los que estaban en sus alrededores les ayudaron con plata y oro, con bienes y ganado, y con cosas preciosas, además de todo lo que se ofreció voluntariamente.
Muchos judíos decidieron regresar a Jerusalén, pero muchos más escogieron permanecer en Babilonia en lugar de regresar a su tierra natal. El viaje de regreso a Jerusalén fue difícil, peligroso y costoso, tardando más de cuatro meses. Las condiciones para hacer la travesía eran pobres; Jerusalén y la campiña que la rodeaba estaban en ruinas y los pueblos que vivían en el área eran hostiles.
Los registros persas indican que muchos judíos en cautividad habían acumulado grandes riquezas. Regresar a Jerusalén habría significado dejar todo lo que tenían y comenzar de nuevo. Mucha gente no pudo hacer eso. Prefirieron la riqueza y la seguridad al sacrificio que requería la obra de Dios. Su prioridad estaba al revés. Los creyentes de la actualidad deben tener cuidado de que ninguna comodidad, seguridad o posesión material les impida hacer lo que Dios quiere.
Esdras 1:7 Y el rey Ciro sacó los utensilios de la casa de Jehová, que Nabucodonosor había sacado de Jerusalén, y los había puesto en la casa de sus dioses.
Cuando el rey Nabucodonosor saqueó el templo, se llevó muchos artefactos valiosos. Y lo que no se llevó, lo quemó. La mayoría de estos artículos eran de oro sólido, y Ciro generosamente los devolvió a los judíos para el templo que pronto reconstruirían.
Esdras 1:8 Los sacó, pues, Ciro rey de Persia, por mano de Mitrídates tesorero, el cual los dio por cuenta a Sesbasar príncipe de Judá.
Sesbasar es una figura misteriosa, mencionada cuatro veces en Esdras, pero que no aparece en ningún otro lugar del AT. Su nombre es babilonio, aunque obviamente se trataba de un judío. El término príncipe define con ambigüedad una posición de autoridad, que se señala como la de gobernador.
Sesbasar, o bien era el nombre babilonio para Zorobabel, uno de los líderes judíos durante el primer regreso, o era un funcionario del gobierno con responsabilidad sobre el grupo que regresaba. Las razones para que Sesbasar pueda ser identificado con Zorobabel son:
(1) a ambos se les llama gobernadores,
(2) ambos pusieron los cimientos del templo; y
(3) a los judíos en el cautiverio a menudo se les daban nombres babilónicos.
