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Éxodo 22: Leyes sobre la restitución

Éxo 22:1 Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas.

El ladrón tenía que hacer restitución.

Éxo 22:2 Si el ladrón fuere hallado forzando una casa, y fuere herido y muriere, el que lo hirió no será culpado de su muerte.

Estas no son una colección de leyes extremadamente minuciosas sino que ejemplifican los principios de Dios en acción. Dios utilizaba situaciones potenciales para mostrar cómo trabajarían sus leyes en las vidas diarias de los israelitas. Estos casos ilustrativos tenían varios objetivos:

(1) proteger a la nación,

(2) organizar a la nación y

(3) centrar la atención de la nación en Dios. Las leyes que se enumeran aquí no cubren toda situación posible sino que brindan ejemplos prácticos que hacen que sea más fácil decidir lo que quiere Dios.

Éxo 22:3 Pero si fuere de día, el autor de la muerte será reo de homicidio. El ladrón hará completa restitución; si no tuviere con qué, será vendido por su hurto.

A lo largo del capítulo 22 encontramos el principio de restitución: corregir nuestras malas acciones. Por ejemplo, si un hombre robaba un animal, tenía que pagar el doble del valor de la bestia en el mercado. Si usted ha hecho algo malo, quizá debe ir más allá de lo esperado para arreglar las cosas. Esto ayudará a

(1) aliviar cualquier dolor que haya causado,

(2) la otra persona a perdonar con mayor facilidad y

(3) pensar antes de cometer el mismo error.

Éxo 22:4 Si fuere hallado con el hurto en la mano, vivo, sea buey o asno u oveja, pagará el doble.

Si un ladrón ingresaba de noche en una casa y resultaba muerto, quien le dio muerte no sería castigado. Si ello sucedía en horas del día, el autor de la muerte sería culpado de homicidio. La racionalidad de esta norma reside en la capacidad del testigo para identificar al ladrón y llevarlo ante los jueces para que respondiera del delito.

Éxo 22:5 Si alguno hiciere pastar en campo o viña, y metiere su bestia en campo de otro, de lo mejor de su campo y de lo mejor de su viña pagará.

Éxo 22:6 Cuando se prendiere fuego, y al quemar espinos quemare mieses amontonadas o en pie, o campo, el que encendió el fuego pagará lo quemado.

Éxo 22:7 Cuando alguno diere a su prójimo plata o alhajas a guardar, y fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón fuere hallado, pagará el doble.

Éxo 22:8 Si el ladrón no fuere hallado, entonces el dueño de la casa será presentado a los jueces, para que se vea si ha metido su mano en los bienes de su prójimo.

Éxo 22:9 En toda clase de fraude, sobre buey, sobre asno, sobre oveja, sobre vestido, sobre toda cosa perdida, cuando alguno dijere: Esto es mío, la causa de ambos vendrá delante de los jueces; y el que los jueces condenaren, pagará el doble a su prójimo.

Éxo 22:10 Si alguno hubiere dado a su prójimo asno, o buey, u oveja, o cualquier otro animal a guardar, y éste muriere o fuere estropeado, o fuere llevado sin verlo nadie;

Éxo 22:11 juramento de Jehová habrá entre ambos, de que no metió su mano a los bienes de su prójimo; y su dueño lo aceptará, y el otro no pagará.

Éxo 22:12 Mas si le hubiere sido hurtado, resarcirá a su dueño.

Éxo 22:13 Y si le hubiere sido arrebatado por fiera, le traerá testimonio, y no pagará lo arrebatado.

El cuerpo del animal muerto probaría que una fiera salvaje lo había atacado y que la persona encargada de cuidarlo había intentado protegerlo.

Éxo 22:14 Pero si alguno hubiere tomado prestada bestia de su prójimo, y fuere estropeada o muerta, estando ausente su dueño, deberá pagarla.

Éxo 22:15 Si el dueño estaba presente no la pagará. Si era alquilada, reciba el dueño el alquiler.

Leyes humanitarias

Éxo 22:16 Si alguno engañare a una doncella que no fuere desposada, y durmiere con ella, deberá dotarla y tomarla por mujer.

Éxo 22:17 Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme a la dote de las vírgenes.(A)

El sexo se consideraba una dádiva de Dios. Por medio de él los seres humanos imitan al Creador, al darle vida a otros seres humanos que son imagen de Dios. Así, toda actividad sexual impropia era considerada como una afrenta a Dios y una rebaja de la dignidad humana.

Éxo 22:18 A la hechicera(B) no dejarás que viva.

La hechicería es una práctica por medio de la cual se intenta forzar a una deidad o a los espíritus a hacer lo que ordena el hechicero.

¿Por qué las leyes de Dios hablan tan fuerte contra la hechicería? La hechicería era castigada con la muerte porque era un crimen contra Dios mismo. Invocar poderes del mal violaba el primer mandamiento de «no tendrás dioses ajenos delante de mí». La hechicería se rebelaba en contra de Dios y de su autoridad. En esencia, era colaborar con Satanás y no con Dios.

Éxo 22:19 Cualquiera que cohabitare con bestia, morirá.(C)

Éxo 22:20 El que ofreciere sacrificio a dioses excepto solamente a Jehová, será muerto.(D)

Éxo 22:21 Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.

Dios advirtió a los israelitas que no trataran injustamente a los extranjeros, ya que ellos mismos fueron extranjeros en Egipto. No es fácil llegar a un nuevo ambiente donde uno se siente solo o fuera de lugar. ¿Hay extranjeros en su esquina del mundo? ¿Refugiados? ¿Recién llegados en su escuela? ¿Inmigrantes de otro país? Sea sensible a sus luchas y expréseles el amor de Dios con su amabilidad y generosidad.

Éxo 22:22 A ninguna viuda ni huérfano afligiréis.(E)

Afligir equivale a tratar desconsideradamente.

Éxo 22:23 Porque si tú llegas a afligirles, y ellos clamaren a mí, ciertamente oiré yo su clamor;

Éxo 22:24 y mi furor se encenderá, y os mataré a espada, y vuestras mujeres serán viudas, y huérfanos vuestros hijos.

Éxo 22:25 Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como logrero, ni le impondrás usura.(F)

Éxo 22:26 Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás.

¿Por qué la ley insistía en regresar el vestido de una persona antes que llegara la noche? Las túnicas eran una de las posesiones más valiosas de los israelitas. Hacer ropa era difícil y consumía mucho tiempo. Como resultado, las túnicas eran caras. La mayoría de la gente sólo poseía una. La túnica era usada como manta, un saco para cargar cosas, un lugar para sentarse, una garantía para una deuda y, por supuesto, como ropa.

Éxo 22:27 Porque sólo eso es su cubierta, es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿En qué dormirá? Y cuando él clamare a mí, yo le oiré, porque soy misericordioso.(G)

El deber del rico era prestar al pobre, aunque usualmente sin interés. Podía exigir alguna garantía, pero sin causar sufrimiento al necesitado.

El código de la ley hebrea se caracteriza por su justicia hacia el pobre y el menos afortunado. Dios insistía que el pobre y el indefenso fueran tratados muy bien y se les diera la oportunidad de restaurar sus fortunas. Debemos reflejar la preocupación de Dios por el pobre y ayudar a aquellos menos afortunados que nosotros.

Éxo 22:28 No injuriarás a los jueces,[a] ni maldecirás al príncipe de tu pueblo.(H)

El mismo honor que se le tributaba a Dios se le debía a sus representantes.

Éxo 22:29 No demorarás la primicia de tu cosecha ni de tu lagar.

Los israelitas debían estar dispuestos a dar sus ofrendas a Dios. Lo primero de las cosechas debía dedicarse a El, de inmediato. Como Dios no envía avisos de cobro tardío, es muy fácil cumplir con otras responsabilidades económicas mientras dejamos a un lado nuestros compromisos con El. Darle primero a Dios de lo que le ha permitido a usted tener demuestra que El tiene prioridad en su vida.

Me darás el primogénito de tus hijos.

Éxo 22:30 Lo mismo harás con el de tu buey y de tu oveja; siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás.

Éxo 22:31 Y me seréis varones santos. No comeréis carne destrozada por las fieras(I) en el campo; a los perros la echaréis.

Leyes sobre el robo.

En una sociedad nómada, los animales eran fuentes de riqueza. Se consideraba que el robar un animal para degollarlo o para venderlo era un crimen más grave que robarlo para guardarlo para sí mismo. Evidentemente el robo para la venta del animal significaba un acto más bien premeditado mientras que el robo de algo (el tomarlo) para uno mismo podría ser algo más espontáneo. Debe entenderse que el buey tenía más valor que la oveja; al ladrón también le correspondía hacer restitución al dueño por la pérdida del bien. Si no tenía con qué pagar, podría ser vendido por el valor de lo que había robado. Si se mataba a un ladrón forzando una casa de noche, no habría castigo. La muerte podría haber sido accidental. Sin embargo, el matarlo de día traería castigo. No habría justificación por tomar la justicia en las manos de uno de día. Un ladrón sorprendido en el acto debía ser juzgado por la sociedad, no por el individuo. Aun la vida del ladrón vale más que la propiedad. No obstante, nadie debe sacar una ganancia como el resultado de un crimen.

A pesar de la severidad del Código del Pacto, es más humanitario que las leyes de otros códigos que exigían la pena de muerte por el robo. El Código de Hamurabi indicaba que aquel que tomaba propiedad de un templo o del estado moriría, e igualmente habría de morir aquel que recibía lo robado de las manos del ladrón. Adicionalmente, aquel que compraba o recibía bienes para guardar sin “testigos y contratos es un ladrón y será ejecutado”. Otra ley específica: “Si un hombre robó un buey o una oveja o un asno o un cerdo o una barca, si pertenecía al templo (o) si pertenecía al estado, hará restitución treinta veces más; si pertenecía a un ciudadano particular, hará restitución diez veces más. Si el ladrón no tiene suficiente para hacer restitución, será ejecutado”. La ley 21 indica la pena de muerte por hacer una rotura o una brecha en una casa: “Será ejecutado en frente de aquella rotura y será enterrado en aquella pared”.

Leyes sobre la negligencia.

Una vez establecido el pueblo en Canaán, habría necesidad de cuidarse cuando pastaran los animales para evitar que entraran en campos y viñas ajenos. Si pasaban a otro campo, el dueño debería pagar por los daños con lo mejor del campo de él. De la misma manera, se debía cuidar un fuego en el campo para que no se extendiera y destruyese la siembra de otros. Los veranos largos y secos de Palestina harían fuegos sumamente peligrosos. En caso de un fuego descuidado, el responsable tendría que pagar el daño de ello.

Leyes sobre bienes en custodia.

Estas leyes tratan de dinero u objetos guardados en confianza; de la disputa de pertenencia de propiedad guardada en confianza; de las responsabilidades de pastores en el cuidado de los animales bajo su custodia, y de la responsabilidad por propiedad prestada.

Evidentemente el problema de la propiedad guardada en confianza era común en todos los países de aquel tiempo. El Código de Hamurabi lo trata en las leyes. Para la contabilidad se exigían testigos, contratos y recibos; sin tenerlos en orden una denuncia no era procedente.

En cuanto a los pastores, tres principios los gobernaban en cuanto a animales entregados para custodiar:

(1) Bajo juramento ante Jehová , no había que hacer restitución por la muerte natural de un animal, una lastimadura accidental, o un robo sin testigos, si el pastor custodio no había metido la mano en la propiedad de su prójimo;

(2) en caso de que el pastor custodio sí hubiera robado, debía hacer restitución al dueño;

(3) en caso de que un animal fuera despedazado por una fiera, el pastor llevaría al dueño la evidencia para probar que era inocente de fraude y no tenía que hacer restitución).

Para daños a propiedad prestada se aplicaban tres principios:

(1) debía hacerse una compensación por la propiedad dañada si no había estado presente el dueño;

(2) no debía hacerse una compensación por la propiedad dañada si el dueño había estado presente; era la responsabilidad del dueño cuidarla;

(3) no había una compensación si la propiedad dañada había sido alquilada; los daños estaban cubiertos por el alquiler.

Leyes sobre la seducción de una doncella.

Para la mente occidental, parece extraño que se hayan incluido leyes acerca de la seducción de una virgen en una sección de leyes tocantes a derechos de propiedad. No obstante, se asumía en la época que una doncella era propiedad del padre; legalmente toda la familia era propiedad de él. No significaba que no amaba a la hija cuando, al casarse ella, se daba (pagaba) al padre una suma de dinero. Era para recompensarle por la pérdida de ella en el hogar. Por cierto, el padre podía darle a la hija una parte o el total del precio del contrato matrimonial; en este caso se lo llamaba dote.

Si por desgracia hubiera sido seducida la hija, ella perdería valor en cuanto al “obsequio” que podía recibir en el arreglo de matrimonio; una virgen valía más que una doncella violada. Si un hombre hubiera seducido a una mujer virgen no desposada, debía pagar el precio matrimonial por ella y tomarla por mujer. Si el padre no quería dársela al seductor, todavía el hombre tendría que pagar el precio matrimonial. En esto, de acuerdo con la época, se protegían los derechos de propiedad del padre; no había una consideración legal para los derechos de la virgen.

Sería hasta la venida del Señor Jesucristo que se vería un cambio radical del enfoque hacia el valor de la mujer como una persona. Sin embargo, ya en la época de Exodo empezó un comienzo de protección para la mujer; no se la podía abusar impunemente. Con todo, se nota la costumbre de dejar en manos del padre la prioridad en arreglar un casamiento; hacía el arreglo del “obsequio” o el pago por la hija, y decidía con quién se casaría.

Leyes morales y religiosas.

En contraste con las relaciones con los prójimos, esta sección se ocupa más bien con la ética personal y con prácticas religiosas.

Ofensas con pena capital.

La brujería.

Se indican tres ofensas punibles con pena capital: la hechicería, la bestialidad y el culto a otros dioses. Aunque fue condenada, la brujería, una apelación a poderes sobrenaturales por medio de la magia, era un problema para Israel a lo largo de su historia. Era practicada comúnmente por otras naciones con las cuales los israelitas tenían contacto, y siempre resultaba ser algo fascinadora y misteriosa para la mentalidad hebrea.

La bestialidad.

La prohibición contra la cópula con un animal trataba de dos males:

(1) Era una perversión sexual, y

(2) era una práctica empleada por algunos cultos paganos del mundo antiguo; así que era un culto falso. En la desviación idolátrica, algunos de los gentiles representaban sus divinidades por medio de animales; por lo tanto, creían que la cópula con el animal sagrado resultaría en una relación mágica con la deidad. En Israel, cualquiera que practicara tal abominación, fuera hombre o mujer, había de morir irremisiblemente.

En Levíticos se denuncia tanto la práctica de la homosexualidad como de la bestialidad; y agrega la sentencia de muerte por tal acto. Juntamente con estas dos perversiones, la ley prohibe también la prostitución ritual de parte de la mujer o del hombre. El culto de Jehová era sagrado y puro: No traerás a la casa de Jehová tu Dios, por ningún voto, el salario de una prostituta ni el salario de un prostituto, porque ambos son una abominación a Jehová tu Dios.

El culto a otros dioses.

El ofrecer un sacrificio a un dios extraño era anatema, o la persona sería “anatematizada” (lit.). Las personas o cosas sobre las cuales había recaído el anatema (cherem) quedaban como propiedad de Jehová y no podían ser rescatadas. Bajo la pena, todo ser vivo, hombre o animal, debía ser muerto. En Canaán se adoraban muchos dioses; la ley se dirigía para prevenir la tentación de adorar a uno de ellos al lado de Jehová .

Responsabilidades morales.

Esta sección trata de una serie de leyes que protegían los derechos de los más débiles de la sociedad. Demuestran una preocupación porque la justicia sea modificada con la misericordia, y que todos los ciudadanos sean incluidos en el sistema. De los códigos conocidos, el de Israel es el único en que tales leyes vienen por la autoridad de la divinidad del pueblo.

El trato al extranjero.

Se consideraba normalmente que el extranjero (ger) era una persona de otra raza o pueblo que vivía en Israel; sin embargo, podía referirse a un “forastero,” o a un israelita quien vivía en un lugar distante de su familia o de su tribu. A estos no se les debía maltratar ni oprimir. El motivo por el espíritu humanitario quedaba en la historia del pueblo: porque también vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto. Debían aprender misericordia de lo que habían padecido. Más tarde los extranjeros tuvieron virtualmente todos los privilegios y todas las responsabilidades de los israelitas naturales.

Las viudas y los huérfanos.

Jehová se preocupaba por los más débiles de la sociedad. Al afligir a las viudas y a los huérfanos, el castigo divino caería de la misma manera sobre los culpables; aquellos que afligieran a los débiles dejarían viudas a sus mujeres y huérfanos a sus hijos. La ley se dirigía al pueblo, y la pena era más bien colectiva que individual.

Los préstamos, intereses y usura.

No se debía cobrar intereses sobre dinero prestado a algún pobre del pueblo. Aunque se prohibía cobrar intereses a un israelita, era lícito hacerlo a un gentil. La razón de la prohibición no era la injusticia de la práctica en principio, sino la falta de amor para con el hermano. Si se tomaba el manto de un pobre en prenda para asegurar el préstamo, debía devolvérsele a la puesta del sol. En el clima templado de la zona el manto servía al pobre de vestido en el día y de manta en la noche. Dios era (es) compasivo; el pueblo de él debía demostrar la misma calidad.

En Israel la economía no estaba basada en el dinero. De vez en cuando se empleaban el oro y la plata como un medio de cambio; sin embargo, el comercio y los arreglos se mantenían principalmente por medio de un sistema de canje (el cambiar algo por algo) o de labor (el cambiar cierta cantidad de horas de trabajo manual por algo). Si el pobre trabajaba por lo prestado más los intereses altos que se cobraban, nunca tendría tiempo de trabajar para sí mismo y finalmente tendría que venderse como esclavo por sus deudas. Era contra tal sistema que se promulgaba la ley.

Deberes para con Dios.

La palabra traducida en jueces es ‘elohim (“Dios” o “dioses”). La frase se puede traducir “No maldecirás a Dios”. Algunos optan por el vocablo “jueces” por razones del paralelismo con el concepto siguiente en el versículo; sin embargo, parece mejor referirlo todo a cosas sagradas.

El gobernante (nasi’) sería el jefe (el anciano) de una tribu o de una familia. El hablar mal de él sería hablar mal, o blasfemar, de Dios; Dios le había encargado administrar la justicia. La pena por maldecir a Dios era la muerte respecto a maldecir al rey). Más tarde el sistema de justicia sería más bien una teocracia organizada en forma de una federación sacra con el gobierno en manos de los sacerdotes y representantes del pueblo (nasi’ ), lo cual fue seguido por la monarquía.

Leyes del culto.

Se incluyen tres ordenanzas del culto: la presentación de las primicias de la cosecha, la dádiva de los primogénitos, y la prohibición de comer carne destrozada por las fieras en el campo.

No debían demorar o postergar la presentación de la ofrenda a Dios. De la cosecha, debían honrar a Dios con la primera parte que también simbolizaba el total. Más tarde se les indicaba precisamente la cantidad que debían pagar.

En Canaán, algunos sacrificaban al primogénito a su divinidad en un culto ritual. Por medio de un sistema de rescate de los seres humanos, el Señor rechazó la práctica como un ritual para Israel.

El propósito fundamental de las leyes del pacto era que los israelitas fuesen hombres santos. Israel era una nación sacerdotal; todos los hombres tenían la responsabilidad de funcionar como sacerdotes. Como tales, debían abstenerse de comer lo que no había sido preparado en la forma debida. La sangre era un símbolo de la vida, y para comer la carne de un animal, debían prepararla correctamente.

Como un pueblo especial debían apartarse del mal; por tanto, tendrían que obedecer las leyes divinas. Todos los estatutos casuísticos salían de los principios apodícticos y el principal de todos era la relación correcta para con Dios.

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