Éxo 8:31 Y Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés, y quitó todas aquellas moscas de Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sin que quedara una.
Éxo 8:32 Mas Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo.
Faraón trata de persuadir a Moisés para que llegue a un acuerdo con él.
Las ranas.
Siete días después de azotar a Egipto con la primera plaga Jehová mandó a Moisés volver y anunciar una plaga de ranas si el faraón rehusaba dejar ir a Israel. Aunque no eran comunes en Palestina, las ranas eran una parte de la vida egipcia. Se las asociaba con la diosa Heqt, quien, según la creencia, ayudaba a las mujeres durante el parto; consecuentemente, las ranas eran consideradas la personificación de un poder que daba vida.
La plaga no representó una amenaza a la vida de los egipcios, sino que era una molestia y una gran inconveniencia. El faraón no prestó mucha atención a la primera plaga (7:23); sin embargo, las ranas sí llamaron su atención.
El dedo de Dios Un autor hizo una observación buena acerca de la revelación de Dios por medio del uso de la frase el dedo de Dios. La expresión se encuentra cuatro veces en las Escrituras. El uso aquí resultó en la liberación del pueblo de la esclavitud egipcia.La ley de Sinaí fue inscrita en tablas de piedra por el dedo de Dios. El Job 8:3 indica que los cielos son obra de los dedos de Dios, y se dice que Jesús echó fuera demonios por el dedo de Dios. Al poner las cuatro referencias en conjunto, se ve la manifestación de Dios a través de su dedo en la creación, en el éxodo (la libertad), en la dádiva de la ley en Sinaí y en la encarnación. ¡Qué grande es el dedo de Dios!
Tal como sucedería con muchos de los profetas futuros, el faraón llamó a Moisés y a Aarón y les pidió que intercedieran ante el Señor: Rogad a Jehová para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré ir al pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehová.
Con la petición entra un cambio en el relato; lentamente comienza a disminuir la resistencia del faraón ante la presión de Jehová . Por cierto, el propósito principal de las plagas es el de glorificar el poder y la autoridad del Señor al lograr la libertad de Israel; sin embargo, se indica ahora que las plagas tendrán una dimensión adicional al lograr la victoria de Jehová sobre la teología egipcia.
Además del conflicto con la teología egipcia se inicia el tema de las negociaciones. El faraón era un político astuto: hizo su primera oferta, aunque pronto se retractó. Posteriormente volvería a repetir la oferta interpretándola por medio de condiciones que la calificaban. Astutamente, la primera vez no indicó ninguna condición en cuanto al lugar para servir a Jehová ni quienes podrían ir. Las condiciones las reservó para negociar más tarde.
Por su parte, Moisés se mostró igualmente astuto en su participación en las negociaciones; conocía bien al faraón. Aunque Moisés era el mensajero de Jehová , el Señor no le quitó la libertad para negociar. Por cierto, Dios lo guió en el trato; no obstante, se ve el principio claramente en la respuesta de Moisés al pedido del faraón: Dígnate indicarme cuándo he de rogar por ti… para que las ranas sean quitadas… y solamente queden en el Nilo. El texto masorético es un poco más explícito. Literalmente dice: Te doy la ventaja. Fija el tiempo necesario para ti, para tu siervos y para tu pueblo, para que saque las ranas de ti y de tu casa, para que queden solamente en el río (tr. del autor). Al ofrecer al faraón la ventaja, Moisés le pidió que le indicara cuándo debieran ser quitadas las ranas. El faraón señaló el día, pero no pidió que las ranas fueran devueltas al río. Moisés clamó a Jehová , y sucedió tal como el faraón pidió. El autor demuestra cómo Moisés salía ganando en las negociaciones, aun dando la ventaja al faraón: Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés. Murieron las ranas… Las juntaron en muchos montones, y la tierra apestaba. Irónicamente, de acuerdo con la palabra del faraón, se quitaron las ranas, dejándolas muertas en el lugar donde estuvieron. ¡El faraón recibió un dividendo inesperado! No obstante, al terminar la plaga se escucha un informe familiar: con el alivio, el faraón endureció su corazón y no lo los escuchó.
