El faraón reanudó su esfuerzo por negociar con Moisés y Aarón; los llamó y les dijo que el pueblo podía ir a ofrecer sacrificios a Jehová dentro del país). Moisés sagazmente rechazó la oferta diciendo que su sacrificio sería una abominación a los egipcios y podría producir represalias contra ellos. No explicó la razón por su observación, pero pudiera ser la de que los egipcios consideraban sagrados a los animales, o consagrados a sus dioses, aunque ocasionalmente los ofrecían como holocaustos en sus cultos. Es posible que el faraón, reflexionando sobre la respuesta de Moisés, pensara que el sacrificio de animales por los hebreos podría provocar el enojo de los dioses egipcios y producir mayores calamidades que las que habían recibido de la mano de Jehová . Sea como sea, aceptó el argumento de Moisés y le ofreció otra alternativa: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios… en el desierto, con tal que no os vayáis demasiado lejos. Rogad por mí. Evidentemente Moisés estuvo de acuerdo en salir al desierto, y prometió rogar a Jehová para que quitara la plaga de moscas la mañana siguiente. Al mismo tiempo advirtió al faraón que no fallara en el trato, no dejando ir al pueblo para ofrecer sacrificios a Jehová. Sin embargo, al encontrarse aliviado de la plaga, el faraón endureció su corazón otra vez, y no dejó ir al pueblo.
El Nilo se llenó de ranas y la casa del faraón se llenó con ellas; estaban en su dormitorio y en su cama. Se metían en las casas de su siervos y hasta en los hornos bien secos y en sus artesas de amasar. Al sentarse el faraón se le subían, y lo mismo ocurría a todos los habitantes del país. No había manera de escaparse de las ranas. ¡De veras el Señor consiguió la atención del faraón!
Una vez más los magos egipcios mostraron que ellos también tenían poder y produjeron ranas; sin embargo, el problema no era producir más de ellas, sino quitárselas, y los sabios egipcios no pudieron hacerlo. Según el parecer del faraón, ¡simplemente aumentaron la plaga y la molestia! ¿Qué clase de sabios son éstos? Con esto entra en el estilo literario una nota de humor irónico.
Verdades prácticas
1. «Mostrad señales». La gente quiere ver señales de Dios en nuestra vida. Es fácil presentar un concepto nuevo de la salvación para la gente que sigue tradiciones religiosas, pero la gente quiere pruebas, señales, evidencias de la legitimidad de nuestro evangelio. Vidas cambiadas y en continuo poder son señales que no pueden ser refutadas.
2. Ante la predicación cristiana la gente opone sus propios dioses, los que le producen alguna forma de placer, bienestar y poder. Ellos muestran las señales del poder de sus dioses. ¿Qué señales muestra usted del poder de su Dios?
3. Hay iglesias que están ansiosas de milagros para atraer a los perdidos. Lo triste es que mucha gente busca los milagros sin interés en el Dios todopoderoso que los realiza. Otros quieren manejar a Dios como al genio de la lámpara, que está a su disposición para servirles, y no al contrario.
4. Los milagros no son infalibles para abrir el corazón de los impíos. Muchos se convencen de los milagros, pero no se convierten, porque eso significa sumisión, y la soberbia de su corazón no se doblega.
