Éxo 8:15 Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.
Las ranas estaban asociadas a una diosa egipcia que ayudaba a las mujeres en el parto. Esta inusitada plaga demuestra que Jehová se había hecho sentir en todo el país.
Después de repetidas advertencias, Faraón continuó negándose a obedecer a Dios. Endurecía su corazón cada vez que cesaba la plaga. Su necia desobediencia trajo sufrimiento para él y para la nación entera. La persistencia es una buena cualidad, pero la obstinación, por lo general, es egocéntrica. Obstinación hacia Dios siempre es desobediencia. Evítela, porque las consecuencias pueden salpicar a aquellos que están más cerca de usted.
La plaga de piojos
Éxo 8:16 Entonces Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos por todo el país de Egipto.
Éxo 8:17 Y ellos lo hicieron así; y Aarón extendió su mano con su vara, y golpeó el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias; todo el polvo de la tierra se volvió piojos en todo el país de Egipto.
Éxo 8:18 Y los hechiceros hicieron así también, para sacar piojos con sus encantamientos; pero no pudieron. Y hubo piojos tanto en los hombres como en las bestias.
Éxo 8:19 Entonces los hechiceros dijeron a Faraón: Dedo de Dios es éste. Mas el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho.
Esto pudo haber sido una plaga de garrapatas, piojos o mosquitos, todos los cuales se multiplicaban en el clima seco y caliente de Egipto.
Dedo de Dios : Forma figurada para referirse al poder de Dios. Los magos reconocían la superioridad del poder de Dios y dijeron a Faraón que el Dios hebreo estaba detrás de todos aquellos acontecimientos. En efecto, se están rindiendo. ¿Cómo puede alguien luchar contra el Dios que ha creado y gobierna la naturaleza? Este es el primer movimiento de Egipto hacia el reconocimiento de que Jehová estaba presente con todo su poder precisamente allí donde debían hallarse sus dioses.
Algunas personas piensan: «Si sólo pudiera ver un milagro, podría creer en Dios». Dios le dio a Faraón esa oportunidad. Cuando los piojos infestaron a Egipto, hasta los magos estuvieron de acuerdo en que era obra de Dios («dedo de Dios»), pero Faraón se negó a creer. Era terco y la necedad puede cegar a una persona ante la verdad. Deshágase de la terquedad y se sorprenderá de las abundantes evidencias de la mano de Dios en su vida.
