Gén 37:36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.
Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.
Imagínese el impacto que le causó la cultura a José al llegar a Egipto. José estaba acostumbrado a vivir como nómada, a andar por todo el país con su familia, a cuidar ovejas. De repente, se ve lanzado a la sociedad más avanzada del mundo con grandes pirámides, hermosas casas, gente refinada y un nuevo idioma. Pero además de observar los adelantos y la inteligencia de los egipcios, vio su ceguera espiritual: adoraban a muchos dioses que relacionaban con cada faceta de la vida.
José
Como adolescente, José era demasiado confiado. Su confianza propia, incrementada por ser el hijo favorito de Jacob y por conocer los designios de Dios para su vida, resultaba insoportable para sus hermanos mayores, los que a la larga conspiraron contra él. Pero esa seguridad, moldeada por el sufrimiento y combinada con un conocimiento personal de Dios, permitió que sobreviviera y prosperara donde muchos hubieran fracasado. Cuando añadió sabiduría a su confianza, se fue ganando el corazón de todo aquel que conocía:
Potifar, el carcelero, otros prisioneros, el rey y, después de muchos años, hasta aquellos diez hermanos.
Quizá usted se pueda identificar con una o más de estas penurias por las que pasó José: lo traicionaron y expulsaron de su familia, se vio en una tentación sexual, lo castigaron por hacer lo correcto, sobrellevó un largo encarcelamiento, se olvidaron de él las personas que ayudó. Cuando usted lea la historia, observe lo que José hizo en cada caso. Su respuesta positiva transformó cada caída en un paso hacia adelante. Nunca pasó mucho tiempo preguntándose ¿por qué? Siempre se decía: «¿Qué debo hacer ahora?» Los que lo conocieron vieron que en todas las cosa que José hacía y en todos los lugares donde iba, Dios estaba con él. Cuando usted esté enfrentado un revés, adopte una actitud como la de José, y esté consciente de que Dios está con usted. No hay nada como la realidad de la presencia de Dios para dar una nueva luz a una situación oscura.
A José lo vemos de esclavo se levantó hasta ser gobernador de Egipto; se le conocía por su integridad; era un hombre con sensibilidad espiritual; preparó a una nación para sobreponerse a una hambruna; mas como todos tenía sus debilidades y errores : su orgullo juvenil le causó fricción con sus hermanos. De su vida aprendemos que: Lo que importa no son los sucesos ni las circunstancias de la vida, sino nuestra manera de actuar ante ellos; con la ayuda de Dios, cada situación puede ser usada para bien, aun cuando otros pretendan causarnos daño.
Su vida transcurre en Canaán, Egipto, de ocupación: Pastor, esclavo, convicto, gobernador. Hijo de Jacob y Raquel. Se le conocen once hermanos y una hermana mencionados en la Biblia. Esposo de Asenat y padre de Manasés y Efraín.
Rubén
Los padres suelen ser los mejores jueces del carácter de sus hijos. Jacob resumió el carácter de su hijo Rubén al compararlo con el agua. Excepto cuando está congelada, el agua no tiene una forma estable propia. Siempre se amolda al recipiente o al ambiente. Rubén por lo común tenía buenas intenciones, pero le faltaba firmeza frente a los demás. Su inestabilidad propiciaba que no confiaran en él. Tenía valores públicos y privados, pero estos se contradecían. Colaboró con sus hermanos en su acción en contra de José esperando contrarrestar el mal en privado. El plan fracasó. Cuando uno transige con el mal destruye sus convicciones. Sin convicciones, la falta de dirección destruye la vida. El que durmiera con la concubina de su padre demuestra cuán poco le quedaba de aquella integridad que tenía al principio de su vida.
