Gén 37:11 Y sus hermanos le tenían envidia,(A) mas su padre meditaba en esto.
Las dos actitudes descritas aquí constituyen reacciones típicas ante el mensaje recibido de Dios.
Los hermanos de José ya estaban enojados porque existía la posibilidad de que su hermano menor quedara de jefe de ellos. Luego José encendió el fuego con su actitud inmadura y sus alardes. Nadie aguanta a un fanfarrón. El joven aprendió esta lección por el método más difícil: sus molestos hermanos lo vendieron como esclavo para deshacerse de él. Después de varios años de dificultades, José aprendió otra importante lección: nuestros talentos y conocimientos vienen de Dios, y es más correcto agradecérselos a Dios que alardear de ellos. Más tarde sí confesó que sus triunfos se los debía a Dios.
Gén 37:12 Después fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem.
Gén 37:13 Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem: ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí.
Gén 37:14 E Israel le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem.
Gén 37:15 Y lo halló un hombre, andando él errante por el campo, y le preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas?
Gén 37:16 José respondió: Busco a mis hermanos; te ruego que me muestres dónde están apacentando.
Gén 37:17 Aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y los halló en Dotán.
Dotán estaba a 24 km al norte de Siquem.
Gén 37:18 Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca de ellos, conspiraron contra él para matarle.
Gén 37:19 Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador.
Gén 37:20 Ahora pues, venid, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia lo devoró; y veremos qué será de sus sueños.
¿Le ha hecho sentir la envidia deseos de matar a alguien? Antes de que usted diga, «Claro que no», observe lo que sucedió en esta historia. Diez hombres estuvieron dispuestos a matar a su hermano por causa de una túnica de colores y algunos sueños. Su envidia se convirtió en una ira terrible, cegándolos totalmente. La envidia puede ser difícil de reconocer porque podemos buscarle justificación. La envidia, fuera de control, puede crecer rápidamente y llevarnos a pecados más serios. Mientras más tiempo cultive su envidia, más difícil le será desarraigarla. El momento de tratar con la envidia es cuando uno nota que está llevando un registro de lo que poseen los demás.
Gén 37:21 Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos, y dijo: No lo matemos.
Gén 37:22 Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre.
Gén 37:23 Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí;
Gén 37:24 y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua.
