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Génesis 37: José es vendido por sus hermanos

Gén 37:1 Habitó Jacob en la tierra donde había morado su padre, en la tierra de Canaán.

Gén 37:2 Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de edad de diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba José a su padre la mala fama de ellos.

El relato del pueblo de Jacob en Egipto le había sido revelado a Abraham. En consecuencia, ello es parte de la soberanía de Dios, obrando a través de los hermanos de José .

Gén 37:3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.

Y amaba Israel a José más : Al ser el primogénito de la mujer favorita de Jacob, Raquel, no por casualidad se convirtió José en su hijo favorito. No conocemos el aspecto real de esta túnica de diversos colores . Esta traducción sigue el texto de la Septuaginta: «diversos colores», pero podría tratarse de «una larga túnica con franjas». Una inscripción, en otra lengua semítica, el acadio, sugiere «una túnica ornamentada» como la usada por la realeza.

En los días de José, todo el mundo tenía una túnica. La utilizaban para resguardarse del frío, para envolver sus pertenencias cuando viajaban, para envolver a los bebés, para sentarse sobre ella o para servir de garantía de un préstamo. La mayoría de las túnicas eran sencillas, llegaban hasta la rodilla y tenían mangas cortas. La de José era probablemente del tipo que usaban los nobles: de manga larga, llegaba hasta el tobillo y tenía muchos colores. El que le regalara una así a su hijo fue demostración de favoritismo de Jacob hacia José, y esto agravó las relaciones ya tirantes que había entre José y sus hermanos. El favoritismo en la familia puede ser inevitable, pero deben de ser minimizados sus efectos ya que crean desacuerdos. Quizá los padres no puedan cambiar sus sentimientos hacia un hijo predilecto, pero pueden cambiar la forma en que tratan a los demás.

Gén 37:4 Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente.

Gén 37:5 Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía.

Un sueño confirma la providencia de Dios. él está actuando a través de José .

Gén 37:6 Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado:

Gén 37:7 He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío.

Gén 37:8 Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras.

Gén 37:9 Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí.

Gén 37:10 Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?

Gén 37:11 Y sus hermanos le tenían envidia,(A) mas su padre meditaba en esto.

Las dos actitudes descritas aquí constituyen reacciones típicas ante el mensaje recibido de Dios.

Los hermanos de José ya estaban enojados porque existía la posibilidad de que su hermano menor quedara de jefe de ellos. Luego José encendió el fuego con su actitud inmadura y sus alardes. Nadie aguanta a un fanfarrón. El joven aprendió esta lección por el método más difícil: sus molestos hermanos lo vendieron como esclavo para deshacerse de él. Después de varios años de dificultades, José aprendió otra importante lección: nuestros talentos y conocimientos vienen de Dios, y es más correcto agradecérselos a Dios que alardear de ellos. Más tarde sí confesó que sus triunfos se los debía a Dios.

Gén 37:12 Después fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem.

Gén 37:13 Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem: ven, y te enviaré a ellos. Y él respondió: Heme aquí.

Gén 37:14 E Israel le dijo: Ve ahora, mira cómo están tus hermanos y cómo están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y lo envió del valle de Hebrón, y llegó a Siquem.

Gén 37:15 Y lo halló un hombre, andando él errante por el campo, y le preguntó aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas?

Gén 37:16 José respondió: Busco a mis hermanos; te ruego que me muestres dónde están apacentando.

Gén 37:17 Aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí; y yo les oí decir: Vamos a Dotán. Entonces José fue tras de sus hermanos, y los halló en Dotán.

Dotán estaba a 24 km al norte de Siquem.

Gén 37:18 Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca de ellos, conspiraron contra él para matarle.

Gén 37:19 Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador.

Gén 37:20 Ahora pues, venid, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia lo devoró; y veremos qué será de sus sueños.

¿Le ha hecho sentir la envidia deseos de matar a alguien? Antes de que usted diga, «Claro que no», observe lo que sucedió en esta historia. Diez hombres estuvieron dispuestos a matar a su hermano por causa de una túnica de colores y algunos sueños. Su envidia se convirtió en una ira terrible, cegándolos totalmente. La envidia puede ser difícil de reconocer porque podemos buscarle justificación. La envidia, fuera de control, puede crecer rápidamente y llevarnos a pecados más serios. Mientras más tiempo cultive su envidia, más difícil le será desarraigarla. El momento de tratar con la envidia es cuando uno nota que está llevando un registro de lo que poseen los demás.

Gén 37:21 Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos, y dijo: No lo matemos.

Gén 37:22 Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre.

Gén 37:23 Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí;

Gén 37:24 y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua.

Gén 37:25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto.

Aromas , bálsamo y mirra eran productos de Palestina que se utilizaban en Egipto para embalsamar, fabricar cosméticos, y como medicina.

Gén 37:26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte?

Gén 37:27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él.

A los hermanos les preocupaba la culpabilidad por la muerte de su hermano. Judá sugirió una alternativa que no era correcta, pero que los libraría en caso de que los acusaran. Algunas veces optamos por una solución que es «menos mala» pero de todos modos incorrecta. Cuando la gente propone una solución aparentemente viable, primero pregúntese: «¿Es lo correcto?».

Gén 37:28 Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.

Aun cuando los hermanos de José no lo mataron, pensaban que no sobreviviría mucho tiempo como esclavo. Estaban muy dispuestos a que aquellos crueles traficantes de esclavos hicieran la maldad que ellos mismos no se atrevían a cometer. José tendría que enfrentarse a un viaje de treinta días a través del desierto, probablemente encadenado y a pie. Lo tratarían como equipaje y, una vez en Egipto, lo venderían como una mercancía. Sus hermanos pensaron que nunca lo volverían a ver. Pero Dios estaba en el timón de la vida de José.

Veinte piezas de plata era un precio justo por un esclavo varón menor de 20 años

Gén 37:29 Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus vestidos.

Gén 37:30 Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?

Rubén regresó al pozo a buscar a José, pero José ya se había ido. Su primera reacción fue «¿qué será de mí?», en vez de «¿qué le sucederá a José?» Cuando usted se ve en una situación difícil, ¿se preocupa primero por usted mismo? Considere a la persona que se ve más afectada por el problema, y lo más probable es que encuentre la solución.

Gén 37:31 Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con la sangre;

Gén 37:32 y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no.

Madianitas mercaderes : Medán y Madián eran hijos de Abraham con Cetura, y más tarde fueron considerados por Israel como miembros de la misma tribu de su medio hermano Ismael. Lo que hicieron fue una especie de secuestro, el cual se castiga con la muerte.

Gén 37:33 Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado.

Gén 37:34 Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días.

Y guardó luto : Se utilizaba para ello un vestido hecho de pelo de cabra o de camello.

Rasgar las vestiduras y ponerse cilicio era una señal de duelo, como en la actualidad lo es el vestirse de negro.

Gén 37:35 Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol.[a] Y lo lloró su padre.

Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre.

Para cubrir su malvada acción, los hijos de Jacob engañaron a su padre al hacerlo pensar que José estaba muerto. Jacob mismo había engañado a otros muchas veces, incluyendo a su propio padre. Ahora, aunque bendecido por Dios, todavía le tocó enfrentarse a las consecuencias de sus pecados. Quizá Dios no castigó a Jacob inmediatamente por sus engaños, pero las consecuencias llegaron de todos modos y le duraron el resto de su vida.

Gén 37:36 Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.

Y los madianitas lo vendieron en Egipto a Potifar, oficial de Faraón, capitán de la guardia.

Imagínese el impacto que le causó la cultura a José al llegar a Egipto. José estaba acostumbrado a vivir como nómada, a andar por todo el país con su familia, a cuidar ovejas. De repente, se ve lanzado a la sociedad más avanzada del mundo con grandes pirámides, hermosas casas, gente refinada y un nuevo idioma. Pero además de observar los adelantos y la inteligencia de los egipcios, vio su ceguera espiritual: adoraban a muchos dioses que relacionaban con cada faceta de la vida.

José

Como adolescente, José era demasiado confiado. Su confianza propia, incrementada por ser el hijo favorito de Jacob y por conocer los designios de Dios para su vida, resultaba insoportable para sus hermanos mayores, los que a la larga conspiraron contra él. Pero esa seguridad, moldeada por el sufrimiento y combinada con un conocimiento personal de Dios, permitió que sobreviviera y prosperara donde muchos hubieran fracasado. Cuando añadió sabiduría a su confianza, se fue ganando el corazón de todo aquel que conocía:

Potifar, el carcelero, otros prisioneros, el rey y, después de muchos años, hasta aquellos diez hermanos.

Quizá usted se pueda identificar con una o más de estas penurias por las que pasó José: lo traicionaron y expulsaron de su familia, se vio en una tentación sexual, lo castigaron por hacer lo correcto, sobrellevó un largo encarcelamiento, se olvidaron de él las personas que ayudó. Cuando usted lea la historia, observe lo que José hizo en cada caso. Su respuesta positiva transformó cada caída en un paso hacia adelante. Nunca pasó mucho tiempo preguntándose ¿por qué? Siempre se decía: «¿Qué debo hacer ahora?» Los que lo conocieron vieron que en todas las cosa que José hacía y en todos los lugares donde iba, Dios estaba con él. Cuando usted esté enfrentado un revés, adopte una actitud como la de José, y esté consciente de que Dios está con usted. No hay nada como la realidad de la presencia de Dios para dar una nueva luz a una situación oscura.

A José lo vemos de esclavo se levantó hasta ser gobernador de Egipto; se le conocía por su integridad; era un hombre con sensibilidad espiritual; preparó a una nación para sobreponerse a una hambruna; mas como todos tenía sus debilidades y errores : su orgullo juvenil le causó fricción con sus hermanos. De su vida aprendemos que: Lo que importa no son los sucesos ni las circunstancias de la vida, sino nuestra manera de actuar ante ellos; con la ayuda de Dios, cada situación puede ser usada para bien, aun cuando otros pretendan causarnos daño.

Su vida transcurre en Canaán, Egipto, de ocupación: Pastor, esclavo, convicto, gobernador. Hijo de Jacob y Raquel. Se le conocen once hermanos y una hermana mencionados en la Biblia. Esposo de Asenat y padre de Manasés y Efraín.

Rubén

Los padres suelen ser los mejores jueces del carácter de sus hijos. Jacob resumió el carácter de su hijo Rubén al compararlo con el agua. Excepto cuando está congelada, el agua no tiene una forma estable propia. Siempre se amolda al recipiente o al ambiente. Rubén por lo común tenía buenas intenciones, pero le faltaba firmeza frente a los demás. Su inestabilidad propiciaba que no confiaran en él. Tenía valores públicos y privados, pero estos se contradecían. Colaboró con sus hermanos en su acción en contra de José esperando contrarrestar el mal en privado. El plan fracasó. Cuando uno transige con el mal destruye sus convicciones. Sin convicciones, la falta de dirección destruye la vida. El que durmiera con la concubina de su padre demuestra cuán poco le quedaba de aquella integridad que tenía al principio de su vida.

¿Qué tan firme es su vida pública y privada? Podemos pensar que están separadas, pero no podemos negar que una afecta a la otra. ¿Qué convicciones están presentes en su vida en todos los momentos? ¿Se asemeja la descripción que Jacob hizo de su hijo a usted: «impetuoso como las aguas»?

Rubén salvó la vida de José al convencer a sus hermanos de que no lo mataran, mostró un intenso amor por su padre al ofrecer a sus propios hijos como garantía de que se respetaría la vida de Benjamín, pero entre sus debilidades y errores encontramos que se rendía con facilidad ante la presión de un grupo, no protegió directamente a José de sus hermanos, aun cuando como hermano mayor tenía la autoridad para hacerlo, durmió con la concubina de su padre.

De su vida aprendemos que la integridad pública y la privada tienen que ser igual, o una destruirá a la otra, el castigo del pecado puede no ser inmediato, pero llega.

Lo encontramos en Canaán, Egipto, de ocupación pastor, hijo de Jacob y Lea y tenía once hermanos y una hermana.

Jacob reside en Canaán.

En contraste con Esaú, Jacob permanece en la tierra de Canaán, la tierra prometida a los patriarcas. Aunque hasta ahora no exista una posibilidad concreta de poseer la tierra, Jacob obedece el llamamiento de Dios y cumple la condición de permanecer en la tierra. Esta obediencia se debe a que él está plenamente convencido que es el instrumento humano del plan redentor de Dios. Como Jacob, un ser humano con intereses y necesidades propias tal vez podría tener otras opciones mejores. Pero como Israel, futura nación escogida por Dios, su opción única era obedecer y esperar en Dios. Así la continuación del pacto se hace posible. Aunque Jacob todavía llega a aparecer en la narrativa de los siguientes capítulos de Génesis, la atención primaria es con José, el instrumento de Dios para proveer la sobrevivencia al pueblo de Israel en formación.

Dios y José

Una vez asentado Jacob en Canaán, la familia de Jacob se desarrolla y se organiza en la descendencia patriarcal prometida. Gran parte de la atención bíblica es en algunos de los miembros de la familia de Jacob por los conflictos que hacen peligrar seriamente la sobrevivencia como unidad familiar y potencial de nación. La tierra también presenta sus dificultades para la sobrevivencia. Varios conflictos experimentados por los patriarcas anteriores se repiten, algunos con más gravedad. El hambre, la desintegración familiar, el exilio que hace abandonar la tierra prometida, la dependencia de un país extranjero —Egipto— que siempre es precaria y amenazante aparecen en los últimos años del patriarca Jacob. Pero no es él el instrumento de resolución. El instrumento principal en esta sobrevivencia es José, el hijo mayor de Raquel y de sentimiento el primogénito de Jacob. José se distingue de entre sus hermanos y, por su confianza en Dios, su sabiduría y su fidelidad al propósito divino, es usado por Dios en la continuación de su plan redentor.

José tiene conflictos con sus hermanos

El primer problema de unidad familiar viene por los conflictos de José con sus hermanos. Varias son las causas de estos conflictos que se agravan más con el tiempo. Primera, José era muy responsable y el hombre de confianza de su padre. La actividad principal de Jacob y su familia era la cría de ovejas. José desde muy joven participaba de dicha actividad, pero con un papel diferente. Daba información a su padre referente a las acciones de sus hermanos. Los hijos de Jacob no eran conocidos como hijos modelos, pero por lo visto, Jacob intentaba controlarlos. José se diferenciaba de sus hermanos por no participar con ellos en la mala fama y por ser el hijo de confianza del padre.

Segunda, Jacob mostraba visible y determinadamente su amor y preferencia por José. Varias eran las razones por las que Jacob tuviera tal inclinación: La conducta fiel y correcta de José para con su padre; era el hijo de Raquel, la esposa de amor de Jacob; además su nacimiento fue tardío y algo muy especial y juntamente con Benjamín, el otro hijo de Raquel, eran huérfanos de madre. La distinción de túnica de diversos colores es señal de privilegio y posición jerárquica en la familia. Era la ropa propia de un príncipe, elegido para reinar.

Tercera, José relataba sus sueños, lo que le concedía un lugar de prominencia política en la familia. Estos sueños se repetían, dando así claridad y solidez a su mensaje. El sueño desde la perspectiva bíblica es un vehículo de revelación que Dios usa con personas a quienes escoge como instrumento o mensajero de su propósito. Por ello la interpretación de estos sueños es un don de Dios y no una técnica humana que puede ser adquirida o desarrollada. Jacob conocía por experiencias propias el poder de los sueños en hacerse realidad cuando esos sueños son causados por Dios.

Es interesante notar que tanto la túnica como los sueños de José apuntan a un desarrollo progresivo de la promesa de Dios de hacer una nación de esa descendencia. Parecía que el tiempo estaba parado y que nada pasaba hacia ese objetivo. En esta túnica y en los sueños se expresa una visión de futuro que muchas veces ayuda a mantener viva la esperanza frente a una realidad estática.

La reacción de los hermanos es clara y enfática. Resisten toda idea de subordinación a José y alimentan odio y envidia hacia él. El mismo Jacob intenta reprimir a José, pero aun así no desecha estas visiones. Hasta aquí parece ser el desarrollo normal de una familia con sus propios conflictos. Y si ahí quedaba todo, no habría razón de preocupación. Pero la vulnerabilidad de la familia patriarcal aparece nuevamente.

Actitudes sobre las cuales reflexionar

1. Tratar a todos de la misma manera. Hay personas a quienes parece que nos resulta amar más fácilmente que a otras. El favoritismo que Jacob demostró hacia uno de sus hijos, José, resultó en graves y profundos daños emocionales entre todos los miembros de su familia.

2. Tener sensibilidad hacia los sentimientos de otros. Tanto Jacob como su hijo José son ejemplo de cuanto daño puede causar la falta de sensibilidad hacia los sentimientos de otros, especialmente cuando esos otros son los miembros de nuestra familia.

3. Evitar ser controlados por la envidia. Permitir que la envidia y sus primos hermanos, los celos, pueden producir peligrosos y aun trágicas consecuencias. Los hermanos de José actuaron movidos por ese sentimiento de envidia y celos que tanto dolor les trajo el resto de su vida.

4. Ser leales a pesar de todo. Fue ese sentimiento de lealtad familiar la que actuó para impedir que los hermanos de José lo mataran. Rubén intervino oportunamente y apela al hecho de ser hermanos como el último recurso para salvar a José. Un sano sentido de lealtad hacia nuestra familia, hacia nuestra iglesia, hacia nuestra sociedad, nos provee la búsqueda de alternativas para contribuir antes que para destruir.

José es vendido y llevado a Egipto

El odio y la envidia, al igual que en Caín, crecen en los hermanos de José impulsándoles a obrar con violencia. La ocasión se presenta fácilmente en el transcurso rutinario del trabajo. En la cría de ovejas, el rebaño es llevado a diferentes lugares por ciertos períodos de tiempo en busca de pastura y mejor comercialización. Es así que los hijos de Jacob con sus rebaños van de un lugar a otro. Jacob envía a José de Hebrón a Siquem, unos 80 km., a buscar a sus hermanos y traer informes sobre ellos. José los halla en Dotán, unos 25 km. al norte de Siquem. Cuando los hermanos lo reconocen, movidos por el odio y la envidia, deciden eliminar al soñador y deshacerse así de la molestia de los sueños.

El amor en concreto Jacob, el padre de José, demostró su amor en concreto hacia su hijo al regalarle una túnica de colores y al asignarle ciertas tareas especiales. Los hijos necesitan no solamente palabras que les expresen amor, sino también demostraciones concretas: regalos, tratos especiales, tareas especiales, que los harán sentirse amados y afirmados como individuos.

Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre guardaba en mente el asunto.

Jehová obra en las circunstancias

Aunque el relato no menciona la presencia de Jehová , o «Adonai» que era la manera favorita de José de referirse al Señor, es un hecho que Dios estaba obrando en las circunstancias para salvar la vida de José y dar continuación al plan que tenía para él. La intervención de Rubén, la aparición de los ismaelitas, la propuesta de Judá, todo fue usado por Dios para cumplir su propósito en la formación y desarrollo de la nación hebrea.

Para la eliminación de José se traman tres planes: Primero, el de matarlo, tirarlo en una cisterna y culpar la muerte a una fiera. Segundo, Rubén sugiere echarlo en la cisterna y dejarlo allí sin atentar contra la vida. Rubén, como primogénito sentía la responsabilidad de librarlo de la muerte y enviarlo más tarde de vuelta a Jacob. Este plan se acepta y se lleva a cabo de la siguiente manera: Primero, despojan a José de su túnica, distintivo que lo identificaba como el hijo favorito. Segundo, lo echan en la cisterna o aljibe que tenía el propósito de acumular el agua de lluvia. Esta cisterna estaba sin agua por lo cual servía sólo como prisión. Por la forma de botella y la profundidad de la cisterna, era prácticamente una trampa de la cual no se podía salir. En 42:21, se relata la angustia de José y su pedido de compasión estando en la cisterna. Tercero, los hermanos se sientan a comer, mostrando una total indiferencia hacia la angustia de José.

Pero luego se añade un tercer plan a sugerencia de Judá. Con la llegada de una caravana de ismaelitas y madianitas, mercaderes que con sus productos iban a Egipto, Judá propone vender a José a los mercaderes por el precio de un esclavo. Este plan cumpliría el propósito de eliminar a José, pero sin matarlo, en consideración fraternal. Así José es vendido y llevado a Egipto destino final de la caravana de mercaderes.

Cuando Rubén, quien no estuvo en la venta de José, vuelve con la intención de librar a José, reclama a sus hermanos reconociendo su responsabilidad de tener que dar cuenta a Jacob de él. Los hermanos, para ocultar el hecho y tener una explicación de la desaparición de José, tiñen la túnica de José con sangre y la llevan a Jacob, diciéndole que la encontraron sin declararle nada. Jacob reconoce que es la túnica de José y dicha túnica sirve de evidencia para pronunciar legalmente la muerte de José. Más adelante la esposa de Potifar usará también el manto de José como evidencia para que se pronuncie el destino de José. La desaparición de José afecta profundamente a Jacob quien reconoce que el peso de esa pérdida lo llevará toda su vida. Nadie puede consolarlo de su duelo. Una vez más, el engaño aparece en la familia de Jacob. Esta vez causando mucho dolor en Jacob, un sentimiento de culpa profundo en los hermanos de José (42:21, 22), esclavizando a José y poniendo en peligro la formación de la nación escogida. Pero José no fue muerto. Llega a Egipto y un funcionario del faraón lo adquiere como esclavo.

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