El amor en concreto Jacob, el padre de José, demostró su amor en concreto hacia su hijo al regalarle una túnica de colores y al asignarle ciertas tareas especiales. Los hijos necesitan no solamente palabras que les expresen amor, sino también demostraciones concretas: regalos, tratos especiales, tareas especiales, que los harán sentirse amados y afirmados como individuos.
Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre guardaba en mente el asunto.
Jehová obra en las circunstancias
Aunque el relato no menciona la presencia de Jehová , o «Adonai» que era la manera favorita de José de referirse al Señor, es un hecho que Dios estaba obrando en las circunstancias para salvar la vida de José y dar continuación al plan que tenía para él. La intervención de Rubén, la aparición de los ismaelitas, la propuesta de Judá, todo fue usado por Dios para cumplir su propósito en la formación y desarrollo de la nación hebrea.
Para la eliminación de José se traman tres planes: Primero, el de matarlo, tirarlo en una cisterna y culpar la muerte a una fiera. Segundo, Rubén sugiere echarlo en la cisterna y dejarlo allí sin atentar contra la vida. Rubén, como primogénito sentía la responsabilidad de librarlo de la muerte y enviarlo más tarde de vuelta a Jacob. Este plan se acepta y se lleva a cabo de la siguiente manera: Primero, despojan a José de su túnica, distintivo que lo identificaba como el hijo favorito. Segundo, lo echan en la cisterna o aljibe que tenía el propósito de acumular el agua de lluvia. Esta cisterna estaba sin agua por lo cual servía sólo como prisión. Por la forma de botella y la profundidad de la cisterna, era prácticamente una trampa de la cual no se podía salir. En 42:21, se relata la angustia de José y su pedido de compasión estando en la cisterna. Tercero, los hermanos se sientan a comer, mostrando una total indiferencia hacia la angustia de José.
Pero luego se añade un tercer plan a sugerencia de Judá. Con la llegada de una caravana de ismaelitas y madianitas, mercaderes que con sus productos iban a Egipto, Judá propone vender a José a los mercaderes por el precio de un esclavo. Este plan cumpliría el propósito de eliminar a José, pero sin matarlo, en consideración fraternal. Así José es vendido y llevado a Egipto destino final de la caravana de mercaderes.
Cuando Rubén, quien no estuvo en la venta de José, vuelve con la intención de librar a José, reclama a sus hermanos reconociendo su responsabilidad de tener que dar cuenta a Jacob de él. Los hermanos, para ocultar el hecho y tener una explicación de la desaparición de José, tiñen la túnica de José con sangre y la llevan a Jacob, diciéndole que la encontraron sin declararle nada. Jacob reconoce que es la túnica de José y dicha túnica sirve de evidencia para pronunciar legalmente la muerte de José. Más adelante la esposa de Potifar usará también el manto de José como evidencia para que se pronuncie el destino de José. La desaparición de José afecta profundamente a Jacob quien reconoce que el peso de esa pérdida lo llevará toda su vida. Nadie puede consolarlo de su duelo. Una vez más, el engaño aparece en la familia de Jacob. Esta vez causando mucho dolor en Jacob, un sentimiento de culpa profundo en los hermanos de José (42:21, 22), esclavizando a José y poniendo en peligro la formación de la nación escogida. Pero José no fue muerto. Llega a Egipto y un funcionario del faraón lo adquiere como esclavo.
