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Génesis 37: José es vendido por sus hermanos

Gén 37:25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto.

Aromas , bálsamo y mirra eran productos de Palestina que se utilizaban en Egipto para embalsamar, fabricar cosméticos, y como medicina.

Gén 37:26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte?

Gén 37:27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él.

A los hermanos les preocupaba la culpabilidad por la muerte de su hermano. Judá sugirió una alternativa que no era correcta, pero que los libraría en caso de que los acusaran. Algunas veces optamos por una solución que es «menos mala» pero de todos modos incorrecta. Cuando la gente propone una solución aparentemente viable, primero pregúntese: «¿Es lo correcto?».

Gén 37:28 Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto.

Aun cuando los hermanos de José no lo mataron, pensaban que no sobreviviría mucho tiempo como esclavo. Estaban muy dispuestos a que aquellos crueles traficantes de esclavos hicieran la maldad que ellos mismos no se atrevían a cometer. José tendría que enfrentarse a un viaje de treinta días a través del desierto, probablemente encadenado y a pie. Lo tratarían como equipaje y, una vez en Egipto, lo venderían como una mercancía. Sus hermanos pensaron que nunca lo volverían a ver. Pero Dios estaba en el timón de la vida de José.

Veinte piezas de plata era un precio justo por un esclavo varón menor de 20 años

Gén 37:29 Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus vestidos.

Gén 37:30 Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?

Rubén regresó al pozo a buscar a José, pero José ya se había ido. Su primera reacción fue «¿qué será de mí?», en vez de «¿qué le sucederá a José?» Cuando usted se ve en una situación difícil, ¿se preocupa primero por usted mismo? Considere a la persona que se ve más afectada por el problema, y lo más probable es que encuentre la solución.

Gén 37:31 Entonces tomaron ellos la túnica de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la túnica con la sangre;

Gén 37:32 y enviaron la túnica de colores y la trajeron a su padre, y dijeron: Esto hemos hallado; reconoce ahora si es la túnica de tu hijo, o no.

Madianitas mercaderes : Medán y Madián eran hijos de Abraham con Cetura, y más tarde fueron considerados por Israel como miembros de la misma tribu de su medio hermano Ismael. Lo que hicieron fue una especie de secuestro, el cual se castiga con la muerte.

Gén 37:33 Y él la reconoció, y dijo: La túnica de mi hijo es; alguna mala bestia lo devoró; José ha sido despedazado.

Gén 37:34 Entonces Jacob rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días.

Y guardó luto : Se utilizaba para ello un vestido hecho de pelo de cabra o de camello.

Rasgar las vestiduras y ponerse cilicio era una señal de duelo, como en la actualidad lo es el vestirse de negro.

Gén 37:35 Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol.[a] Y lo lloró su padre.

Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo, y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre.

Para cubrir su malvada acción, los hijos de Jacob engañaron a su padre al hacerlo pensar que José estaba muerto. Jacob mismo había engañado a otros muchas veces, incluyendo a su propio padre. Ahora, aunque bendecido por Dios, todavía le tocó enfrentarse a las consecuencias de sus pecados. Quizá Dios no castigó a Jacob inmediatamente por sus engaños, pero las consecuencias llegaron de todos modos y le duraron el resto de su vida.

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