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Génesis 42: Los hermanos de José vienen por alimentos

Tercero, aprovechando todos los datos familiares recibidos, José los apresa a todos con la condición de que uno de ellos regrese a Canaán y traiga el hermano menor como prueba de veracidad y garantía de vida. Aparentemente, este plan no se llevó a efecto tal vez por la solidaridad fraternal y el reconocimiento que el pedido por Benjamín era difícil de cumplirse. Lejos de que esto irrite más al gobernador, éste finalmente adopta una propuesta más benigna que permite una salida condicional y honorable para ambas partes. Sólo uno de ellos quedará preso y el resto podrá regresar a Canaán con los alimentos con el compromiso de traer al hermano menor y así verificar su honestidad. El hermano que es escogido como rehén es Simeón, quien a la vista de todos ellos es sometido al encarcelamiento. Es interesante notar que José basa esta propuesta en dos principios fundamentales: primero su temor a Dios. Esta actitud de reverencia y responsabilidad de todo ser humano, en toda posición social o política ante el Ser Supremo, es básica y orientadora en toda relación humana que pueda ser beneficiosa. Los hermanos de José, conocedores del verdadero Dios, no habían actuado anteriormente en el temor de Dios. El segundo principio mencionado es el humanitario: el hambre de la familia de estos hombres. Hay una responsabilidad ineludible en el bienestar de la humanidad por parte de esta autoridad gubernativa. Lastimosamente hoy día ninguno de estos principios son los que guían a gobiernos y naciones en posición privilegiada de recursos. ¡La humanidad sigue esperando a un rey justo!

¿Perdonar? ¡Jamás! Después de muchos años los hermanos de José aún vivían prisioneros de sus sentimientos de culpa. Ellos habían vendido a su hermano pensando que nunca más volverían a saber de él; por lo tanto, nunca imaginaron que habría alguna oportunidad para el perdón ni la reconciliación. Alguien ha dicho que quién sabe cuántas veces Rubén habría dicho a sus hermanos: «Yo se los dije.» Los hermanos de José habían sufrido mucho.

Muchas veces esperamos que quienes nos han ofendido den el primer paso de venir a buscar nuestro perdón, pero la experiencia de José nos ilustra que los puentes hacia la reconciliación los debemos poner nosotros con iniciativa y deseo.

Antes de la resolución de esta situación se produce un reconocimiento de culpa por parte de los hermanos. A su memoria viene la acción cruel de haber vendido a su hermano ignorando la súplica de angustia del joven. Pero más que reconocimiento de una acción, viene el sentimiento de culpabilidad y el efecto de desgracia que esta culpa acarrea en ellos. El sentimiento de culpabilidad se agrava con la mención de Rubén, quien trató de persuadir a sus hermanos de no cometer tal acto malicioso. Aquí el reconocimiento no es simplemente en su perjuicio familiar o social sino en su efecto religioso. El acto es identificado como pecado y ni el hecho de haber ocultado tan cuidadosamente ni el paso de los años ha eliminado el castigo que el pecado lleva consigo: ¡su sangre nos es demandada! Hace veinte años que están soportando esta carga tan pesada y que hasta ahora no deciden resolver con su padre. El efecto de este sentimiento de culpabilidad ha de acompañar a estos patriarcas hasta aún después de la muerte de Jacob.

Este reconocimiento de culpabilidad afecta profundamente a José, quien no reprime sus sentimientos, sino que los expresa a espaldas de sus hermanos para evitar ser reconocido y continuar así con su plan original que hasta ahora no es revelado.

Finalmente, José ordena que generosamente se les conceda las provisiones no tan sólo para sus casas sino también lo necesario para el camino. La generosidad se extiende en hacer devolución secreta de todo el dinero pagado por los alimentos. Así culmina este primer encuentro entre José y sus hermanos. El problema del hambre se resuelve temporalmente, pero surge un problema más grave a esta familia: un hermano está de rehén y la vida del hermano menor queda en peligro.

Los hermanos regresan a Canaán con los alimentos.

El regreso a Canaán, lejos de ser un evento de satisfacción y alivio, trae sobresaltos, conflictos y temores que no pueden ser resueltos fácilmente. El primer incidente de sobresalto ocurre en la posada cuando uno de los hermanos descubre el dinero de compra devuelto en su costal. Este hecho lo ponía en falta ante el gobernador. Por causa del fuerte sentimiento de culpa que arrastran, reconocen que esta acción es causada por Dios. Una vez en la casa paternal, cuentan detalladamente a Jacob todo lo ocurrido y conversado. Con fuerza se identifica al gobernador como “aquel hombre, el señor de la tierra” y a Benjamín cuya presencia en Egipto es condición insustituible para libertar a Simeón y seguir comprando alimentos. Los dos hijos favoritos de Jacob están en juego y en situaciones opuestas: José, el que creen estar muerto, está vivo y con poder de vida sobre todos ellos. Benjamín, el que está vivo, está en peligro de muerte.

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