En resumen, presenta cómo ha de ser el juicio de Dios. Será una invasión llevada a cabo por el imperio caldeo. Este instrumento de Dios hará una campaña militar relámpago y devastadora. Habacuc quería que Jehová juzgara la injusticia del pueblo. Dios responde que pronto lo castigará a través de un pueblo cruel e idólatra. Esta revelación hace que surjan nuevas inquietudes en la mente del profeta y lo lleva a continuar el diálogo con Jehová.
Cuando las cosas no salen bien
En su libro ¿Quién va allá? (Who goes there? ), Walter Hamilton dice: “Es un tonto el que dice que tiene la respuesta al problema del sufrimiento humano”. Usted puede estar de acuerdo o no con él, sin embargo, casi diariamente estamos enfrentados con problemas sin respuesta. Aunque no tenemos respuesta, nosotros nos preguntamos, ¿por qué?, ¿por qué pasa así conmigo?
Hay varios acontecimientos misteriosos y sufrimientos de la vida que no se pueden entender ni explicar. Aunque no hay explicación, tales hechos nos llevan a averiguar y preguntar. Alguien ha dicho que la esperanza de descubrir algo nuevo da vigor a la vida. Un filósofo dijo: “Si pudiera recoger toda verdad y todo conocimiento y contenerlos en mi mano como a un pájaro cautivo, los soltaría para poder experimentar el gozo de descubrirlos de nuevo”.
Habacuc, el profeta del AT, se enfrentó con grandes problemas en su tiempo. La destrucción y la violencia lo rodeaba. La ley fue débil y no hubo justicia. Hombres malos conquistaban a los buenos. Habacuc tuvo dos preguntas: ¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás? ¿Hasta cuándo daré voces a ti diciendo: “¡Violencia!“, sin que tú libres?. Y ¿Por qué, pues, contemplas a los traidores y callas cuando el impío destruye al más justo que él?.
¿Cómo afrontamos nuestros problemas indecifrables? Habacuc decidió así: “En mi guardia estaré de pie y sobre la fortaleza estaré firme. Vigilaré para ver qué dirá y qué tiene que responder a mi queja”. El resultado fue que él ganó una nueva perspectiva. Él pudo ver el panorama, tuvo preguntas, tuvo problemas grandes; no le dio la espalda a Dios, sino que buscó a Dios con más fervor. Dios le mostró a él que iba a hacer una obra, y tal vez por el momento no entenderá, pero el “justo vivirá por la fe”. No hay nada malo en hacer preguntas, solamente recuerda que en medio de las preguntas debes buscar a Dios.
Si tienes preguntas sin respuestas recuerda que fue Jesús quien preguntó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
No sé la respuesta a todas las preguntas que hace la humanidad. Solamente sé que Dios dice: “Pero los que esperan en Jehová renovarán sus fuerzas”.
Segundo lamento de Habacuc
En su segunda intervención, el profeta declara que en principio acepta que Jehová levantará a los caldeos para castigar a Judá. Sin embargo, el hecho de que Dios usara a un imperio pagano que era más violento que su pueblo no le parece una solución comprensible al problema de la injusticia nacional. ¿Es que Jehová juzgará esa injusticia por gente más injusta? Esta sección termina con la disponibilidad del profeta a escuchar la respuesta divina y con duda en relación a cómo responderá Jehová al reproche.
Se puede estructurar este pasaje de la siguiente manera:
(1) la fe del profeta en el carácter de Jehová
(2) la inquietud del profeta acerca del juicio de Jehová
(3) la confianza del profeta en la respuesta de Jehová. Como se puede observar, (1) y (3) son expresiones de la fe de Habacuc y marcan los límites de esta sección.
La fe del profeta en el carácter de Jehová
Habacuc expresa de varias formas su fe en Jehová. Por un lado, se dirige a Dios por medio de títulos de importancia teológica: él es Jehová, el Dios del Pacto Abrahámico y del éxodo; es el Santo, quien juzga y demanda la justicia; es la Roca, el refugio de su pueblo y de los fieles. Además, el profeta reconoce que estos títulos, que representan diferentes elementos de la persona de Dios, reflejan su carácter eterno (¿no eres tú desde el principio?). A través de toda la historia de Israel, Jehová ha manifestado estos atributos a favor de su pueblo.
En base a estas verdades, Habacuc exclama: ¡No moriremos! Al decir esto, él no está hablando ni de la vida eterna ni de que no habría muertos cuando Babilonia invadiera. Más bien, Habacuc declara que tiene la plena seguridad de que la nación no desaparecerá a pesar de las grandes pérdidas. El Dios de Israel no abandonaría por completo a su pueblo. En sus oraciones había clamado por justicia; ahora entiende que Jehová había levantado a ese imperio “para juicio” y “para castigar”.
