Se descubre un complot
La noche siguiente vino el Señor y se puso al lado de Pablo. -¡Ten valor! – le dijo- . Como has sido mi testigo en Jerusalén, así hace falta que lo seas también en Roma. Cuando se hizo de día, más de cuarenta judíos tramaron un complot: se juramentaron bajo maldición a no comer ni beber hasta matar a Pablo. Se presentaron a los principales sacerdotes y a los ancianos, y les dijeron: -Nos hemos juramentado para no comer ni beber hasta matar a Pablo. Así es que, lo que queremos que hagáis vosotros y el Sanedrín es que le digáis al comandante que os proponéis hacer una investigación más a fondo del caso de Pablo, para lo que necesitáis que se le haga comparecer ante vosotros. Estamos listos para que no llegue vivo al tribunal. Un sobrino de Pablo se enteró de la emboscada que le habían tendido, y fue al cuartel a comunicárselo a Pablo, quien llamó a uno de los centuriones y le dijo:
-Lleva a este joven al comandante, que tiene algo importante que decirle. Así lo hizo el centurión, y le dijo al comandante: -El preso Pablo me llamó para pedirme que te trajera a este joven que, al parecer, tiene algo que decirte. El comandante tomó al joven del brazo y se le llevó aparte. Una vez a solas, le preguntó: -¿De qué me tienes que informar? -De que los judíos se han puesto de acuerdo para pedirte que les mandes a Pablo al Sanedrín mañana, haciendo como que van a investigar el caso más afondo. No te dejes convencer, porque más de cuarenta se han juramentado para no comer ni beber hasta que hayan matado a Pablo, y le tienen preparada una emboscada. Ya lo tienen todo listo, y sólo están esperando que les asegures que les vas a conceder su petición. El comandante despidió al joven con órdenes terminantes de no decirle a nadie que había informado a las autoridades. Luego llamó a dos de sus centuriones y les dijo: -Preparad para que salgan a las 9 de la noche para Cesarea una compañía de doscientos de infantería con setenta de caballería y otros doscientos lanceros. También les dijo que prepararan una montura para llevar a Pablo al gobernador Félix con la máxima seguridad.
Aquí vemos dos cosas:
(a) La primera es hasta qué punto estaban dispuestos a llegar los judíos para eliminar a Pablo. En ciertas circunstancias, los judíos consideraban justificado el asesinato. Si una persona era un peligro público para la moral o para la vida, era legítimo eliminarla. Así es que cuarenta hombres se juramentaron invocando sobre ellos una maldición si no lo cumplían. Eso era lo que llamaban en hebreo jérem y en griego anáthéma; cuando alguien hacía un voto de estos decía: «Así me haga Dios y aun me añada -especificando las desgracias que vendrían sobre él- si no hago lo que he jurado.» Estos hombres hicieron el voto de no comer ni beber hasta matar a Pablo, invocando la maldición de Dios si no lo cumplían. Afortunadamente el sobrino de Pablo delató la conspiración.
(b) En segundo lugar, vemos hasta dónde estaba dispuesta a llegar la administración romana para que se hiciera justicia. Pablo era un preso; pero era ciudadano romano, y por tanto el comandante romano destacó a un pequeño ejército para hacerle llegar sano y salvo al gobernador romano de Cesarea. Es curioso el contraste que se nota entre el odio fanático de los judíos -el pueblo escogido de Dios- y la justicia imparcial de los romanos.-un pueblo pagano.
La carta del comandante
El comandante escribió una carta en los siguientes términos: « Claudio Lilias, a Su Excelencia el gobernador Félix: ¡Salud! Los judíos se habían apoderado de este hombre, y le habrían matado si yo no hubiera intervenido con la tropa para rescatarle, porque me enteré de que es ciudadano romano. Queriendo saber de lo que le acusaban, le llevé al Sanedrín; y descubrí que la acusación se refiere a cuestiones de la ley judía, y que no le acusaban de nada que mereciera la muerte o la cárcel. Se me ha informado de que los judíos estaban conspirando contra su vida; por tanto, le envío a V.E. He comunicado a sus acusadores que expongan ante V.E. sus cargos.» Los soldados de infantería se hicieron cargo de Pablo y le llevaron de noche a Antípatris como se les había mandado. Al día siguiente le dejaron a cargo de los de caballería, y ellos se volvieron al cuartel. Cuando llegaron a Cesarea, le entregaron la carta al gobernador, juntamente con Pablo. Cuando el gobernador leyó la carta, le preguntó a Pablo de qué provincia era; y al enterarse de que era de Cilicia, le dijo: -Ya me ocuparé de tu caso cuando lleguen tus acusadores. Y dio orden de que custodiaran a Pablo en el cuartel general de Herodes.

1 comentario
Yariam Martinez
Muy educativo y especial.