La respuesta de Pablo es absolutamente práctica. Dice en efecto: «Acordaos de dónde estáis viviendo. Daos cuenta de que vivís en Corinto, donde no se puede ni recorrer una calle sin que os asalte la tentación. Tened presente vuestra misma constitución física y los sanos instintos que os ha dado la naturaleza. Estaréis mejor casados que expuestos a caer en pecado.»
Esto suena a un concepto bastante bajo del matrimonio. Parece como si Pablo aconsejara casarse para evitar males mayores.
De hecho, está enfrentándose honradamente con los hechos de la vida y estableciendo una regla que es universalmente válida.
Nadie debiera embarcarse en una forma de vida para la que no está equipado por naturaleza; nadie debería emprender un camino en el que se viera expuesto a toda clase de tentaciones. Pablo sabía muy bien que no estamos hechos todos lo mismo.
«Examínate a ti mismo -nos dice-, y escoge la clase de vida en la que puedes vivir mejor la vida cristiana, y no intentes adoptar un estándar que no te resulte natural, porque te resultaría imposible y funesto siendo tú como eres en la realidad.»
Socios en el matrimonio
Que el marido le dé a la mujer todo lo que le es debido, y viceversa. La mujer no puede disponer de su cuerpo a su capricho, porque se debe al marido; e igualmente el marido se debe a la mujer. No os neguéis mutuamente vuestros legítimos derechos, a menos que sea de común acuerdo y por un tiempo limitado. Eso lo podéis hacer para tener tiempo para la oración, y después volver a la relación normal; debéis mantener la relación normal para no dar a Satanás oportunidad de tentaros porque os resulte imposible controlaros. Pero os doy este consejo más como concesión que como norma. Quisiera que todos fuerais como yo; pero cada uno tiene un don específico de Dios, unos uno y otros otro.
Este pasaje surge de la sugerencia de los cristianos corintios de que los esposos cristianos, a fuer de cristianos, tienen que abstenerse de la relación matrimonial en absoluto. Esta es otra manifestación de la línea de pensamiento que considera el cuerpo y sus instintos como esencialmente malos. Pablo expone un principio supremamente grande. El matrimonio es una asociación.
El marido no puede actuar con total independencia de la mujer, ni la mujer del marido. Deben actuar siempre de acuerdo.
Ninguno debe considerar al otro simplemente como un instrumento para su propia gratificación. La relación matrimonial en su totalidad, tanto en lo físico como en lo espiritual, es algo en lo que ambos deben encontrar su gratificación y plena satisfacción de todos sus deseos. Por un tiempo especial de disciplina, para dedicarse más consagradamente a la oración, puede que sea conveniente apartarse de todo lo corporal; pero debe ser de común acuerdo y sólo durante cierto tiempo, porque si no genera situaciones en las que se da ocasión a la tentación.
De nuevo parece que Pablo minimiza el matrimonio. Su consejo, dice, no propone la situación ideal, sino hace una concesión a la debilidad humana. Preferiría que todos hicieran lo que él. ¿Qué hacía él? Lo podemos deducir.
Podemos estar bastante seguros de que Pablo, en un tiempo, estuvo casado.
(i) Por razones generales. Era rabino, y aseguraba no haber fallado en el cumplimiento de ninguno de los deberes que imponía la ley judía tradicional, uno de los cuales era el matrimonio. El que no se casara y tuviera hijos se decía que «había matado su posteridad» y «reducido la imagen de Dios en el mundo.» Siete se decía que estaban excomulgados del Cielo, y el primero de la lista era « Un judío que no tenga mujer; o que, aunque la tenga, no tenga hijos.» Dios había dicho: «Llevad fruto y multiplicaos;» y, por tanto, no estar casado ni tener hijos era ser culpable de haber faltado a un mandamiento positivo de Dios.
La edad normal de casarse era los dieciocho años, por todo lo cual es sumamente improbable el que un judío tan devoto y ortodoxo como era Saulo no estuviera casado.
(ii) Más particularmente hay evidencia de que estaba casado. Debe de haber sido miembro del sanedrín, porque dice haber dado su voto contra los cristianos (Hechos 26:10); y no podría haberlo sido sin estar casado, porque se suponía que los casados eran más piadosos.
