(v) Esta herejía daba mucha importancia a los poderes de los espíritus demoníacos. Hay frecuentes referencias a los principados y las autoridades, que son los nombres que les da Pablo (1:16; 2:10, 15). El mundo antiguo creía implícitamente en los poderes demoníacos. El aire estaba lleno de ellos. Todas las fuerz s~naturales -el viento, el rayo, el trueno, la lluvia tenían sus superintendentes demoníacos. Todos los lugares, los árboles, los ríos, los lagos, tenían su espíritu. Eran en cierto sentido intermediarios entre Dios y los hombres, y en otro sentido eran obstáculos para llegar a El, porque la mayoría eran hostiles a los seres humanos. El mundo antiguo vivía en un universo asediado por los demonios. Los falsos maestros colosenses decían claramente que se necesitaba algo más, aparte de Jesucristo, para vencer el poder de los demonios.
(vi) Había lo que podríamos llamar el elemento filosófico de esta herejía. Los herejes pretendían ganarse a los creyentes con filosofías y vanas sutilezas (2:8). Está claro que los herejes colosenses decían que la sencillez del Evangelio necesitaba que se le añadiera un conocimiento mucho más elaborado y esotérico.
(vii) Había una tendencia en esta herejía a insistir en la observancia de ciertos días y rituales -festividades, lunas nuevas y sábados (2:16).
(viii) Está claro que había un posible elemento ascético en esta herejía. Establecía leyes acerca de la comida y la bebida (2:16). Sus lemas eran: « No uses; no comas; no toques» (2:21).
Era una herejía que pretendía limitar la libertad cristiana insistiendo en toda clase de ordenanzas legalistas.
(ix) Por otra parte esta herejía tenía por lo menos una parte de antinomismo. Tendía a hacer que las personas descuidaran la castidad que debe tener el cristiano y tomaran a la ligera los pecados del cuerpo (3:5-8).
(x) Al parecer esta herejía daba por lo menos lugar al culto de los ángeles (2:18). Al mismo tiempo que a los demonios, introducía intermediarios angélicos entre Dios y los hombres.
(xi) Por último, parece haber habido en esta herejía algo que podríamos llamar cursilería intelectual y espiritual. En 1:28 Pablo establece su propia finalidad: advertir a todo hombre; enseñar a todo hombre en toda sabiduría, y presentar a todo hombre maduro en Jesucristo. Vemos cómo reitera la frase todo hombre, y que se propone hacerlos a todos maduros en toda sabiduría. Claramente se implica que los herejes limitaban el Evangelio a unos pocos escogidos, e introducían una aristocracia espiritual e intelectual en la amplia invitación de la fe cristiana.
La herejía gnóstica
¿Había alguna tendencia herética general de pensamiento que incluyera todo esto? Existía lo que se llamaba el gnosticismo.
Empezaba por dos suposiciones básicas sobre la materia. La primera, creía que solamente el espíritu era bueno, y la materia era esencialmente mala. La segunda, creían que la materia era eterna; y que el universo no fue creado partiendo de la nada -que es la creencia ortodoxa—, sino de esa materia imperfecta. Ahora bien: esta creencia básica tenía ciertas consecuencias.
(i) Tenía un efecto en la doctrina de la Creación. Si Dios era espíritu, era totalmente bueno y no podía trabajar con una materia mala. Por tanto, Dios no era el Creador del mundo. Dios había producido una serie de emanaciones, cada vez más lejos de Él, hasta que al final de la serie hubo una tan distante de Dios que podía manejar la materia; y fue esa emanación la que creó el mundo. Y los gnósticos llegaban todavía más lejos. Puesto que cada sucesiva emanación estaba más distante de Dios que las anteriores, también eran cada vez más ignorantes de Dios; y al crecer la serie en ignorancia, esta se volvía hostilidad. Así es que las emanaciones más distantes de Dios eran al mismo tiempo ignorantes de Dios y hostiles a Dios. De ahí se deducía que la que creó el mundo era al mismo tiempo ignorante y hostil al verdadero Dios. Para salir al paso de la doctrina gnóstica de la Creación, Pablo insistía en que el Agente de Dios en la obra de la Creación no era un poder ignorante y hostil, sino el Hijo, Que conocía y amaba perfectamente al Padre.
(ii) Tenía un efecto en la doctrina de la Persona de Jesucristo. Si la materia era totalmente mala y Jesucristo era el Hijo de Dios, entónces no podía asumir un cuerpo de carne y sangre, argüían los gnósticos. Debía haber sido una especie de Fantasma espiritual. Así es que los relatos gnósticos dicen que Jesús no dejaba huellas en el suelo cuando andaba. Esto distanciaba a Jesús completamente de la humanidad, y hacía imposible que fuera el Salvador de los hombres. Para salir al paso de esta doctrina gnóstica Pablo insistía en el cuerpo de carne y sangre de Jesús, e insistía en que Jesús salvó a los hombres en Su cuerpo de carne.
