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Colosenses 2: La contienda del amor

Quiero que sepáis lo tremenda que es la contienda que estoy librando por vosotros, y por los de Laodicea, y por todos los que no me han visto nunca en persona.

Aquí se levanta el telón un momento, y se tiene una vislumbre impactante del corazón de Pablo: está pasando una gran lucha por aquellos cristianos a los que amaba aunque no los conocía personalmente. Asocia a los laodicenses con los colosenses, y habla de todos los que no le han visto nunca. Está pensando en los cristianos de aquel grupo de ciudades del valle de Lico: Laodicea, Hierápolis y Colosas (ver página 119), figurándoselos con la mirada de su corazón.

La palabra que usa para contienda es muy gráfica: agón, emparentada con nuestra palabra agonía. Pablo está peleando una dura batalla por sus amigos. Debemos recordar que cuando escribió esta carta estaba preso en Roma, esperando presentarse a juicio ante el Emperador, que era muy probable que le condenara a muerte. ¿Cuál era entonces su lucha?

(i) Era la lucha de la oración. Debe de haber deseado ardientemente ir a Colosas en persona. Tiene que haber deseado enfrentarse cara a cara con los falsos maestros para refutar sus razonamientos y recuperar a los que se estaban desviando de la verdad. Pero estaba preso. Se encontraba en una situación en la que no podía hacer más que orar; lo que no podía hacer por sí mismo se lo dejaba a Dios. Así es que Pablo se debatía en oración por todos aquellos a los que no podía ver. Cuando el tiempo y la distancia y las circunstancias nos separan de aquellos a los que queremos ayudar nos queda siempre una manera de ayudarlos: mediante la oración.

(ii) Puede que se estuviera produciendo otra lucha en la mente de Pablo: era un ser humano con todos los problemas de tal.

Estaba preso, esperando que le juzgara Nerón y muy probablemente la sentencia de muerte. Siempre podría desmarcarse de la verdad para salvar la vida; pero Pablo sabía muy bien que esa cobardía traería unas consecuencias desastrosas a las iglesias jóvenes. Si se enteraban de que Pablo había negado a Cristo, se habrían desanimado, y muchos se habrían perdido- para el Evangelio. La lucha de Pablo no era exclusivamente por sí mismo, sino también por todos los que tenían puesta la mirada en él como su campeón y padre en la fe. Haremos siempre bien en recordar que en cualquier situación hay quienes nos están observando, y que nuestra acción confirmará o destruirá su fe. Nuestra lucha no es nunca solo nuestra; siempre está en nuestras manos el honor de Cristo, y a nuestro cuidado la fe de otros.

Las señales de la iglesia fiel

Lucho para que sean confortados sus corazones, para que estén unidos en amor, para que alcancen todas las riquezas de capacidad total para tomar la decisión correcta en cualquier situación, el conocimiento de la verdad que sólo pueden conocer los que pertenecen a Dios, quiero decir la verdad de Cristo, en Quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

Digo esto para que nadie os conduzca a error con razones persuasivas siguiendo un razonamiento falso. Porque, aunque estoy lejos de vosotros físicamente, estoy con vosotros en espíritu, alegrándome cuando veo que seguís en vuestro puesto y que es sólida la fortaleza de vuestra fe en Cristo.

Así que, como habéis recibido a Jesucristo como vuestro Señor, vivid en Él toda vuestra vida. Manteneos firmemente arraigados y edificados en Él. Seguid estableciéndoos más y más firmemente en la fe como se os ha enseñado, rebosando en acciones de gracias.

Aquí tenemos la oración de Pablo por la Iglesia, en la que vemos las señales que deben distinguir siempre a la Iglesia como fiel y viva.

(i) Debe ser una Iglesia de corazones valerosos. Pablo pide que sus corazones sean confortados. La palabra que usa es parakalein, que quiere decir algunas veces consolar, y otras exhortar; pero siempre incluye la idea de capacitar a una persona para arrostrar con confianza y coraje alguna situación difícil. Uno de los historiadores griegos la usa de una manera interesante y sugestiva. Había un regimiento griego que se había descorazonado y estaba totalmente abatido. El general mandó a un oficial para que les hablara con el propósito de que les infundiera coraje de tal manera que se rehabilitaran para actuar con heroísmo. Eso es lo que quiere decir aquí parakalein. Pablo ~ra para que la Iglesia se llene del coraje que le puede permitir minar cualquier situación.

(ii) Debe ser una Iglesia en la que los miembros estén entretejidos en el amor. No puede existir una verdadera iglesia sin amor. Los sistemas de gobierno eclesiástico y el orden de los cultos no es lo que más importa. Estas son cosas que cambian de tiempo en tiempo y según los lugares. La única señal que identifica inconfundiblemente a la Iglesia verdadera es el amor a Dios y a los hermanos. Cuando muere el amor, muere la iglesia.

(iii) Debe ser una Iglesia equipada con toda clase de sabiduría. Pablo usa aquí tres palabras relacionadas con la sabiduría.

(a) En el versículo 2 usa synesis, que la Reina-Valera traduce por entendimiento. Ya hemos visto que synesis es lo que podríamos llamar conocimiento crítico o discernimiento. Es la habilidad de analizar una situación y decidir las medidas prácticas que son necesarias. La Iglesia verdadera debe tener el conocimiento práctico de lo que hay que hacer cuando hay que tomar decisiones.

(b) Dice que en Jesús están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Sabiduría es en el original sofía, y el conocimiento gnósis. Estas dos palabras no son meramente sinónimas; hay una diferencia entre ellas. Gnósis es la capacidad, casi intuitiva e instintiva, de captar la verdad cuando la vemos u oímos, de re-conocerla. Pero sofía es la capacidad de confirmar y respaldar la verdad con un razonamiento sabio e inteligente una vez que se ha captado intuitivamente. Gnósis es la capacidad de captar la verdad; sofía es lo que capacita a una persona para dar razón de la esperanza que hay en ella.

Así que la Iglesia verdadera ha de tener una sabiduría clarividente que pueda reconocer y captar la verdad instintivamente cuando la vea, y la sabiduría que pueda hacerle esa verdad inteligible a una inteligencia racional, y capacitarla para presentársela a otros.

Toda esta sabiduría, dice Pablo, está escondida en Cristo. La palabra que usa es apókryfos. El uso de esa palabra era un golpe dirigido a los gnósticos. Apókryfos quiere decir escondido a la visión común, y por tanto secreto. Ya hemos visto que los gnósticos creían que era necesario para la salvación mucho conocimiento secreto. Exponían ese conocimiento en sus libros, y lo llamaban apókryfos porque estaba escondido fuera del alcance de la gente corriente. Al usar esta única palabra Pablo está diciendo: «Vosotros, gnósticos, escondéis vuestro conocimiento de la gente corriente. Nosotros también tenemos nuestro conocimiento, pero no está escondido en libros ininteligibles, sino en Cristo, y por tanto abierto a todas las personas de todas partes.» La verdad del Evangelio no es un secreto que está escondido, sino que es revelado.

(iv) La verdadera iglesia debe tener poder para resistir la enseñanza seductora. Es tal que nadie la puede engañar con palabras seductoras. Palabras seductoras traduce la palabra griega pithanologuía, que era un término jurídico para indicar el poder persuasivo del argumento del abogado que podía conseguir que el criminal se librara del castigo que merecía. La verdadera Iglesia debe tener tal dominio de la verdad que sea insensible a los razonamientos seductores.

(v) La verdadera Iglesia debe tener una disciplina militar. Como dice la versión Reina-Valera, Pablo se gozaba viendo el buen orden y la firmeza de la fe de los creyentes colosenses. Estas dos palabras trazan un cuadro claro, porque son las dos palabras militares. La que traducimos por orden es taxis, que quiere decir una fila o una formación ordenada. La Iglesia debería ser como un ejército disciplinado en el que cada componente está enwpuesto, dispuesto a obedecer la palabra de mando. La palabra que hemos traducido por firmeza es steréóma, que quiere decir un baluarte sólido, una falange impenetrable. Describe a un ejército desplegado en una plaza fuerte, sólidamente impenetrable ante el choque de la carga enemiga. En la Iglesia debe haber orden disciplinado y fuerte firmeza, como los que se dan en un cuerpo de ejército bien entrenado y disciplinado.

(vi) En la verdadera Iglesia la vida debe ser en Cristo. Sus miembros deben caminar en Cristo; tienen que vivir sus vidas total y conscientemente en Su presencia. Deben estar arraigados y edificados en Él. Aquí tenemos dos figuras. La palabra para edificados es la que se usaría de un edificio que se levanta sobre un fundamento firme. Y así como un gran árbol tiene las raíces bien profundas en el suelo del que recibe su sustento, así el cristiano está enraizado en Cristo, Que es la fuente de su vida y de su fuerza. De la misma manera que una casa se mantiene frente a las inclemencias del tiempo porque está cimentada en la roca, así la vida cristiana resiste cualquier tempestad porque está cimentada en la fuerza de Cristo. Cristo es al mismo tiempo la fuente de la vida cristiana y el fundamento de su estabilidad.

(vii) La verdadera Iglesia se mantiene firme en la fe que ha recibido. No olvida nunca lo que se le ha enseñado acerca de Cristo. Esto no quiere decir una ortodoxia inmovilista en la que toda aventura de pensamiento se convierte en herejía. Para ver lo lejos que está Pablo de esa actitud no tenemos más que recordar que traza en Colosenses nuevas líneas de pensamiento acerca de Jesucristo. Pero sí quiere decir que hay ciertas verdades que son fundamentales y que no pueden cambiar. Pablo podía recorrer nuevos senderos de pensamiento, pero siempre empezaba y terminaba en la verdad inalterada e inalterable de que Jesucristo es el Señor.

(viii) La señal distintiva de la verdadera Iglesia es una gratitud desbordante. La acción de gracias es la nota constante y característica de la vida cristiana. Como J. B. Lightfoot decía: « La acción de gracias es la invalidad de toda conducta humana, ya se manifieste en palabras o en obras.» Lo único que se propone el cristiano es expresar en palabras y en acciones su gratitud a Dios por todo lo que Dios ha hecho por él en la naturaleza y en la gracia. Epicteto no era cristiano; pero aquel esclavo débil, anciano y cojo que llegó a ser uno de los mayores maestros morales del paganismo escribió: «¿Qué puedo hacer yo, un anciano cojo, sino cantarle himnos a Dios? Sí, por supuesto. Si fuera un ruiseñor, cantaría como un ruiseñor; si un cisne, como un cisne; pero, como soy una criatura racional, debo cantarle a Dios himnos de alabanza. Esta es mi labor: la cumplo, y no abandono este mi puesto mientras me sea dado ocuparlo; y os exhorto a uniros conmigo en mi canción» (Epicteto, Discursos 1.16.21). El cristiano siempre alabará al Dios de Quien procede toda buena dádiva y todo don perfecto.

Manteneos alerta, no sea que alguien os capture y os haga esclavos insistiendo en la necesidad de una supuesta filosofía que no es más que una huera quimera, una teoría que se ha ido transmitiendo humanamente que tiene que ver con los rudimentos de este mundo pero no con Cristo; porque es en Él en Quien reside la plenitud de la naturaleza divina, y es en Él, Que es el Cabeza de todos los poderes y las autoridades, en Quien vosotros habéis hallado esta plenitud. Es en Él en Quien habéis sido circuncidados con una circuncisión no hecha con manos humanas, sino que consiste en despojaros de la totalidad de la parte de vuestra persona que está dominada por la naturaleza humana pecadora, cosa que pudisteis experimentar en la circuncisión cristiana. Fuisteis sepultados con Él en el acto del Bautismo, en el que también surgisteis a una nueva vida con Él mediante vuestra fe en la obra-eficaz de Dios, Que Le resucitó de los muertos.

Ha sido Dios Quien os ha dado la vida con Cristo cuando estabais muertos en vuestros pecados y no erais más que paganos incircuncisos. Os perdonó todos vuestros pecados, y borró la lista de cargos que exponía todas las deudas que habíais reconocido, una lista de cargos que estaba basada en las ordenanzas de la Ley y que estaba totalmente en contra vuestra. Él la clavó en Su Cruz y la quitó de la vista; y también despojó de todo su poder a las potencias y autoridades, y las expuso públicamente a la vergüenza, llevándolas cautivas en Su marcha triunfal por medio de la Cruz.

Que nadie os lleve a juicio en asuntos de comida o bebida, o en relación con celebraciones anuales o lunas nuevas mensuales o sábados semanales. Estas no son más que las sombras de cosas por venir; pero el Cuerpo es el mismo Cristo.

Que nadie os despoje de vuestro galardón haciendo alarde de una humildad ostentosa, de dar culto a los ángeles ni de supuestas visiones, presumiendo orgullosamente porque está dominado por su naturaleza humana pecadora y está desasido del Que es la Cabeza; de Quien todo el cuerpo, sustentado y unido por las articulaciones y los músculos, se desarrolla con el crecimiento que solo puede dar Dios.

Si habéis muerto con Cristo a los rudimentos de este mundo, ¿por qué seguís sometiéndoos a sus reglas y reglamentos como si aún estuvierais viviendo en un mundo sin Dios? « ¡No uses! ¡No pruebes! ¡No toques!» son sus consignas. Esas son reglas que se enseñan e imponen humanamente en relación con cosas que están destinadas a desaparecer tan pronto como se usan; que tienen una cierta reputación de sabiduría porque se autoimponen devoción y falsa humildad y dureza con el cuerpo, pero no tienen ninguna eficacia para remediar las tendencias de la naturaleza humana pecadora.

No cabe duda de que para nosotros este es uno de los pasajes más difíciles de todos los que escribió Pablo, pero estaría más claro que el agua para los que lo oyeran o leyeran en su tiempo. Nos resulta difícil porque está lleno de alusiones a la falsa enseñanza que amenazaba con dar al traste con la iglesia colosense. No sabemos exactamente cuál era esa enseñanza, y por tanto las alusiones nos resultan oscuras y no podemos más que suponer; pero todas las frases darían en el blanco en la mente y el corazón de los colosenses.

Es tan difícil que nos proponemos tratarlo de una manera diferente de la que tenemos por costumbre. Lo presentamos primero en conjunto, más como una paráfrasis que como una traducción. Entresacaremos las ideas clave, porque así nos será posible ver las líneas principales de la falsa enseñanza que inquietaba a los colosenses; y después de considerarlo en conjunto, lo examinaremos en secciones más pequeñas.

Una cosa que está clara es que los falsos maestros querían que los colosenses aceptaran lo que hemos titulado las adiciones a Cristo. Enseñaban que Jesucristo no era suficiente; que no era único; que era una entre muchas manifestaciones de Dios, y que era necesario conocer y reconocer a otros poderes divinos en adición a Él. Podemos distinguir en el texto de Pablo alusiones a cinco adiciones a Cristo que querían proponer los falsos maestros.

(i) Querían enseñar a los creyentes una filosofía adicional (versículo 8). Según ellos lo veían, la verdad sencilla que Jesús había predicado y que se conservaba en el Evangelio no era suficiente. Había que completarla con un sistema elaborado de pensamiento seudofilosófico que era demasiado difícil para la gente normal y corriente y que no podían entender nada más que los intelectuales.

(ii) Querían que los creyentes aceptaran un sistema de astrología (versículo 8). Como veremos, hay dudas acerca de su significado; pero creemos que lo más probable es que los rudimentos del mundo fueran los espíritus elementales del universo, especialmente de las estrellas y los planetas. Los falsos maestros enseñaban que se estaba todavía bajo estas influencias, y se necesitaba un conocimiento especial, más allá del que Jesús pudiera darles, para liberarse de aquellas.

(iii) Querían imponerles a los cristianos la circuncisión (versículo 11). La fe no era suficiente; había que añadirle la circuncisión. Una señal en la carne había de tomar el lugar de la actitud del corazón, o por lo menos había de añadírsele.

(iv) Querían establecer reglas y reglamentos ascéticos (versículos 16, 20-23). Querían introducir toda clase de reglas y normas acerca de lo que se podía comer y beber, y acerca de los días que se debían considerar de fiesta y de ayuno. Había que recuperar todas las antiguas leyes judías, y muchas más.

(v) Querían introducir el culto a los ángeles (versículo 18). Enseñaban que Jesús no era más que uno de muchos intermediarios entre Dios y la humanidad, y que había que dar culto a todos esos intermediarios. Se puede ver que aquí había una mezcla de gnosticismo y judaísmo. El conocimiento intelectual y la astrología procedían del gnosticismo, y el ascetismo y las reglas y normas y la circuncisión, del judaísmo. Lo que sucedía era lo siguiente. Ya hemos visto que los gnósticos creían que se necesitaba para la salvación toda clase de conocimientos especiales además del Evangelio. Y había judíos que se aliaban con los gnósticos y declaraban que el conocimiento especial que se requería era el que aportaba el judaísmo. Esto explica por qué se combinaban en la enseñanza de los falsos maestros colosenses las creencias del gnosticismo y las prácticas del judaísmo.

Lo único cierto es que los falsos maestros enseñaban que Jesucristo y Su enseñanza y obra no eran suficientes para la salvación. Estudiemos ahora este pasaje por partes.

Las tradiciones y las estrellas

Manteneos alerta, no sea que alguien os capture y os haga esclavos insistiendo en la necesidad de una supuesta filosofía que no es más que una huera quimera, una teoría que se ha ido transmitiendo humanamente que tiene que ver con los rudimentos de este mundo pero no con Cristo; porque es en Él en Quien reside la plenitud de la naturaleza divina, y es en Él, Que es el Cabeza de todos los poderes y las autoridades, en Quien vosotros habéis hallado esta plenitud.

Pablo empieza trazando una semblanza gráfica de los falsos maestros. Habla de los que quieren capturaros y haceros sus esclavos. La palabra original es sylagóguein, que se podría referir a un traficante de esclavos que se llevara cautivas a personas de un país conquistado para venderlas como esclavos. Para Pablo era sorprendente y trágico que los que habían sido liberados (Colosenses 1:12-14) pudieran estar dispuestos a sómeterse a una nueva y desastrosa esclavitud.

Estos maestros ofrecían una filosofía que presentaban como necesaria además de la enseñanza de Cristo y de las palabras del Evangelio.

(i) Era una filosofía que les había sido transmitida en una tradición humana. Los gnósticos tenían la costumbre de pretender que su enseñanza especial procedía directamente de la boca del mismo Jesús, algunas veces de María, otras de Mateo y otras de Pedro. Decían de hecho que había cosas que Jesús no había dicho a la multitud, sino solamente a unos pocos escogidos. La acusación que Pablo les hacía a esos maestros era que su tradición era puramente humana. No tenía ninguna base en la Escritura; era un producto de la mente humana, y no un mensaje de la Palabra de Dios. El hablar así no era caer en el fundamentalismo o someterse a la tiranía de la palabra escrita, sino mantener que ninguna enseñanza puede ser verdaderamente cristiana si se aparta de las verdades básicas de la Escritura y de la Palabra de Dios.

(ii) Era una filosofía que tenía que ver con los elementos de este mundo. Esta es una frase que se ha discutido mucho y cuyo significado está todavía en duda. La palabra para elementos es stoijeia, que tiene dos significados.

(a) Quiere decir literalmente cosas que se colocan en una hilera; por ejemplo, una fila de soldados. Pero uno de sus sentidos más corrientes es las letras del alfabeto, sin duda porque forman una serie que se puede colocar en fila. De ahí que pueda querer decir también la instrucción elemental en cualquier asunto. Solemos hablar del A B C de un tema siempre que nos referimos a los primeros pasos en su tratamiento. Es posible que sea ese el sentido aquí. Puede que Pablo quisiera decir: «Esos falsos maestros pretenden daros un conocimiento muy avanzado y profundo, cuando en realidad no es más que algo rudimentario, porque es un conocimiento meramente humano. El verdadero conocimiento, la auténtica plenitud de Dios, está en Jesucristo. Si les prestáis atención a esos supuestos maestros, lejos de recibir un conocimiento espiritual profundo, estáis retrocediendo a una
instrucción elemental que deberíais haber dejado atrás hace mucho.»

(b) Stoijeia tiene un segundo significado. Quiere decir los espíritus elementales del mundo, y especialmente los espíritus de las estrellas y los planetas. Todavía sigue habiendo personas que toman la astrología en serio. Llevan emblemas de los signos del zodíaco, y se leen las columnas de ciertas revistas que tratan de lo que suponen que pronostican los, cuerpos celestes. Pero casi nos es imposible darnos cuenta de lo dominado que estaba el mundo antiguo con la idea de la influencia de los espíritus elementales y de las estrellas. La astrología era entonces, como ha dicho alguien, la reina de las ciencias. Hasta hombres de la talla de Julio César y Augusto, tan cínicos como Tiberio y tan equilibrados como Vespasiano, no daban ningún paso sin consultarlo con las estrellas. Alejandro Magno creía en la influencia de las estrellas. Casi todo el mundo creía que sus vidas estaban determinadas por ellas. Si uno nacía bajo un signo afortunado, le iría bien; si bajo un signo desafortunado, no podía esperar la felicidad; si una empresa había de tener éxito, había que tener en cuenta las estrellas. Se era esclavo de ellas.

Había una posibilidad de escapar a su influencia: si se sabían las consignas y las fórmulas correctas; y una gran parte de la enseñanza esotérica del gnosticismo y de otras creencias y filosofías por el estilo era el conocimiento que pretendían impartir a sus fieles para que se pudieran evadir del poder de las estrellas; y es muy probable que fuera eso lo que ofrecían los falsos maestros colosenses. Decían: «Jesucristo está muy bien, puede hacer algo por vosotros; pero no puede ayudaros a escapar a la influencia de las estrellas. Somos nosotros los únicos que tenemos ese conocimiento secreto que os lo garantiza.» Pablo, que era lo suficientemente hijo de su tiempo para creer en esos espíritus elementales, respondía: « No necesitáis más que a Cristo para vencer los poderes del universo; porque es en El en Quien se halla nada menos que la plenitud de Dios, y Él está a la cabeza de todo poder y autoridad, porque fue Él Quien los creó.»

Los maestros gnósticos ofrecían una filosofía adicional; Pablo insistía en la suficiencia triunfadora de Cristo para vencer cualquier poder en cualquier parte del universo. No se puede creer al mismo tiempo en el poder de Cristo y en la influencia ineludible de las estrellas.

La verdadera circuncisión

Es en Él en Quien habéis sido circuncidados con una circuncisión no hecha con manos humanas, sino que consiste en despojaros de la totalidad de la parte de vuestra persona que está dominada por la naturaleza humana pecadora, cosa que pudisteis experimentar en la circuncisión cristiana. Fuisteis sepultados con Él en el acto del Bautismo, en el que también surgisteis a una nueva vida con Él mediante vuestra fe en la obra eficaz de Dios, Que Le resucitó de los muertos.

Los falsos maestros les exigían a los creyentes gentiles que se circuncidaran, porque la circuncisión era la señal del pueblo escogido de Dios. Dios, decían, le había dicho a Abraham: «Este es Mi pacto, que guardaréis entre Mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Todo varón de entre vosotros será circuncidado» (Génesis 17:10).

A lo largo de la historia de Israel había habido dos puntos de vista acerca de la circuncisión. Algunos decían que era suficiente en sí para poner a uno en la debida relación con Dios. No importaba que el israelita fuera bueno o no; bastaba con que fuera israelita y estuviera circuncidado. Pero los grandes dirigentes espirituales y los grandes profetas de Israel tenían un punto de vista diferente. Insistían en que la circuncisión no era más que la señal exterior de que uno estaba realmente consagrado a Dios. Usaban la palabra en sentido figurado de tener labios incircuncisos (Éxodo 6:12), de un corazón circuncidado o no (Levítico 26:41; Ezequiel 44:7,9; Deuteronomio 30:6); de oídos incircuncisos (Jeremías 6:10). El estar circuncidado no quería decir para ellos el que se hubiera hecho una pequeña operación en su cuerpo, sino el haber experimentado un cambio radical en su vida. La circuncisión era sin duda una señal de la persona que estaba realmente consagrada a Dios; pero esa dedicación no consistía en que le hubieran cortado una parte de su cuerpo, sino en que se había cortado de su vida todo lo que era contra la voluntad de Dios.

Esa había sido la respuesta de los profetas siglos antes; y esa seguía siendo la respuesta de Pablo a los falsos maestros. Les decía: «Demandáis la circuncisión; pero debéis recordar que la circuncisión no quiere decir quitar una parte de la piel de un hombre, sino cercenar de su vida todo lo que le separa de Dios.» Y proseguía: «Cualquier sacerdote puede circuncidar el prepucio de un hombre, pero sólo Cristo puede llevar a cabo esa circuncisión espiritual que implica extirpar de la vida todo lo que le impide ser un hijo obediente de Dios.»

Y Pablo prosigue. Para él aquello no era teoría, sino realidad. «Ese mismo hecho -decía- ya ha tenido lugar en vosotros en vuestro bautismo.» Cuando pensamos en su concepto del Bautismo debemos recordar tres cosas. En la Iglesia Primitiva, como sigue sucediendo en el campo misionero y en las áreas de extensión de la Iglesia, las personas venían al Evangelio directamente del paganismo. Estaban dejando consciente y deliberadamente una forma de vida para asumir otra; y haciendo una decisión consciente en el momento de su bautismo. Esto era, por supuesto, antes de que se generalizara el bautismo infantil, lo que no pudo ser hasta que llegó a ser realidad la familia cristiana.

El Bautismo en el tiempo de Pablo era tres cosas: era bautismo de adultos; era bautismo instruido, y, siempre que era posible, era bautismo por inmersión. Por tanto se manifestaba claramente el simbolismo del Bautismo. Al cerrarse las aguas .sobre la cabeza del bautizado, era como si muriera; al salir otra vez del agua era como si resucitara a una nueva vida. Una parte de él había muerto y desaparecido para siempre; era una nueva persona la que surgía a una nueva vida.

Pero debe notarse que el simbolismo sólo podía llegar a ser una realidad bajo una condición: si la persona creía de veras en la muerte y resurrección de Jesucristo. Sólo podía tener lugar cuando la persona creía en la obra eficaz de Dios, Que había resucitado a Jesucristo de los muertos y podía hacer lo mismo con ella. El Bautismo era para el cristiano morir y resucitar, porque creía que Cristo había muerto y resucitado, y que él estaba entrando a participar de la experiencia de su Señor.

«Vosotros habláis de la circuncisión -decía Pablo-. La única circuncisión verdadera tiene lugar cuando una persona muere y resucita con Cristo en el Bautismo de tal manera que no es solamente una pequeña porción de su cuerpo lo que se le amputa, sino toda su naturaleza pecadora, y recibe la vida nueva y la santidad de Dios.»

El perdón triunfador

Ha sido Dios Quien os ha dado la vida con Cristo cuando estabais muertos en vuestros pecados y no erais más que paganos incircuncisos. Os perdonó todos vuestros pecados; y borró la lista de cargos que exponía todas las deudas que habíais reconocido, una lista de cargos que estaba basada en las ordenanzas de la Ley y que estaba totalmente en contra vuestra. Él la clavó en Su Cruz y la quitó de la vista; y también despojó de todo su poder a las potencias y autoridades, y las expuso públicamente a la vergüenza, llevándolas cautivas en Su marcha triunfal por medio de la Cruz.

Casi todos los grandes maestros han pensado en imágenes; y aquí usa Pablo una serie de imágenes gráficas para mostrar lo que Dios ha hecho por nosotros por medio de Jesucristo. Su intención es demostrar que Cristo ha hecho todo lo que se podía y se tenía que hacer, y que no hay por qué introducir otros intermediarios para la plena salvación de los seres humanos. Hay aquí tres imágenes principales.

(i) Los hombres estaban muertos en sus pecados. No tenían más poder que hombres muertos para vencer el pecado o para expiarlo. Jesucristo, con Su obra, ha librado a los hombres tanto del poder como de las consecuencias del pecado. Les ha dado una vida tan nueva que sólo se puede expresar diciendo que los ha resucitado de entre los muertos. Además, según la antigua creencia, Dios solamente tenía interés en los judíos; pero este poder salvvífico de Cristo llega hasta a los paganos incircuncisos.

La obra de Cristo es una obra de poder, porque pone nueva vida en personas muertas; es una obra de gracia, porque alcanza a todos los que no tenían razón para esperar los beneficios de Dios.

(ii) Pero las imágenes se hacen aún más gráficas. Como dice la versión Reina-Valera, « Él anuló el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, y la quitó de en medio clavándola en la Cruz;» y nosotros lo hemos traducido por «borró la lista de cargos que exponía todas las deudas que habíamos reconocido, una lista de cargos que estaba basada en las ordenanzas de la Ley.» Hay aquí dos palabras griegas sobre las que se construye toda la ilustración.

(a) La palabra para acta de los decretos o lista de cargos es jeirógrafon, que quiere decir literalmente autógrafo, pero que tiene el sentido técnico -que cualquier lector de entonces entendería- de un reconocimiento de deuda firmado por el deudor. Los pecados de los hombres habían ido alargando una lista interminable de deudas que se tenían con Dios, que se podía decir que todos los hombres reconocían. Más de una vez se presenta en el Antiguo Testamento a los israelitas escuchando y aceptando las leyes de Dios e invocando maldiciones sobre sus propias cabezas si dejaban de cumplirlas (Éxodo 24:3; Deuteronomio 27:14-26). En el Nuevo Testamento se nos presenta a los gentiles, que tenían, no una Ley de Dios escrita como los judíos, sino una ley grabada en sus corazones de la que les daba testimonio su conciencia (Romanos 2:14s). Todos estaban en deuda con Dios por sus pecados, y lo sabían. Había una condena reconocida y aceptada por ellos, una lista de acusaciones que, como si dijéramos, todos los seres humanos habían firmado y admitido como exacta.

(b) La palabra para borrar es el verbo griego exaleifein. Entender esta palabra es entender la maravillosa misericordia de Dios. El material en que se escribían los documentos antiguos era, o papiro, una especia de papel que se hacía con una especie de juncos, o piel de animales. Los dos eran bastante caros, y no se podían malgastar. La tinta antigua no contenía ácidos; se secaba sobre la superficie del papel sin descomponerlo como hace la tinta moderna corrientemente. Algunas veces el escriba, para ahorrar papel, usaba un papiro o pergamino de segunda mano, es decir, que ya estaba escrito. Para ello se servía de una esponja y borraba lo que estuviera escrito. Como estaba sólo en la superficie del papel, se podía dejar como nuevo. Dios, en Su maravillosa gracia, anuló el informe de nuestros pecados tan completamente como si no hubieran existido, sin dejar ni rastro.

(c) Pablo prosigue: Dios tomó el acta condenatoria y la clavó en la Cruz de Cristo. Solía decirse que en el mundo antiguo, cuando se cancelaba una ley u ordenanza, se ponía en un tablón de anuncios atravesada con un clavo; pero es dudoso que sea a eso a lo que Pablo se refiere aquí. Más bien parece ser que en la Cruz de Cristo fue crucificada-fijada a la cruzel acta condenatoria que había contra nosotros: fue ejecutada y dada por cumplida, de manera que no se pudiera volver a reclamar.

Pablo parece haber escrutado las actividades humanas para encontrar una serie de ilustraciones que mostraran lo totalmente que Dios, en Su misericordia, había destruido el documento de nuestra condenación.

Esto es de veras la gracia. Y esa nueva era de la gracia se magnifica aún más en otra frase más bien oscura. La lista de cargos había estado basada en las ordenanzas de la Ley. Antes de que Cristo viniera, la humanidad estaba bajo la Ley, y todos la quebrantaban porque no había ninguno que la pudiera cumplir perfectamente. Pero ahora la Ley ha sido superada, y ha venido la gracia. El ser humano ya no es un delincuente que ha quebrantado la Ley y está a merced del juicio de Dios; es un hijo que estaba perdido y puede ahora volver a casa a dejarse abrazar por la gracia de Dios.

(iii) Otra gran escena aparece en la pantalla de la mente de Pablo. Jesús ha despojado a los poderes y autoridades, y los ha hecho Sus cautivos. Como ya hemos visto, el mundo antiguo creía en toda clase de ángeles y espíritus elementales, muchos de los cuales estaban empeñados en destruir a las personas. Eran los responsables de los casos de posesión diabólica y de cosas semejantes. Eran hostiles a la humanidad. Jesús los conquistó para siempre. Los despojó; la palabra que se usa aquí quiere decir quitarle las armas y la armadura a un enemigo vencido. De una vez para siempre Jesús quebrantó su poder. Los expuso a la vergüenza pública y los llevó cautivos en su desfile triunfal. La alegoría se refiere al triunfo de un general romano que hubiera obtenido una victoria realmente señalada y se le concediera desfilar con su ejército victorioso por las calles de Roma llevando tras sí a los reyes y gobernantes de los pueblos que había vencido. Los mostraba públicamente como su botín. Pablo piensa en Jesús como conquistador desfilando en un triunfo cósmico, y lleva detrás los poderes del mal, para que todos los puedan ver derrotados para siempre.

En estos cuadros presenta Pablo la total suficiencia de la obra de Cristo. El pecado ha sido perdonado y el mal conquistado; ¿qué más se necesita? No hay nada que el conocimiento y los intermediarios gnósticos puedan hacer por la humanidad: ¡Cristo ya lo ha hecho todo!

Retroceso

Que nadie os lleve a juicio en asuntos de comida o bebida, o en relación con celebraciones anuales o lunas nuevas mensuales o sábados semanales. Estas no son más que las sombras de cosas por venir; pero el Cuerpo es el mismo Cristo. Que nadie os despoje de vuestro galardón haciendo alarde de una humildad ostentosa, de dar culto a los ángeles ni de supuestas visiones, presumiendo orgullosamente porque está dominado por su naturaleza humana pecadora y está desasido del Que es la Cabeza; de Quien todo el cuerpo, sustentado y unido por las articulaciones y los músculos, se desarrolla con el crecimiento que solo puede dar Dios.

Si habéis muerto con Cristo a los rudimentos de este mundo, ¿por qué seguís sometiéndoos a sus reglas y reglamentos como si aún estuvierais viviendo en un mundo sin Dios? «¡No uses! ¡No pruebes! ¡No toques!» son sus consignas. Esas son reglas que se enseñan e imponen humanamente en relación con cosas que están destinadas a desaparecer tan pronto como se usan; que tienen una cierta reputación de sabiduría porque se autoimponen devoción y falsa humildad y dureza con el cuerpo, pero no tienen ninguna eficacia para remediar las tendencias de la naturaleza humana pecadora.

Este pasaje contiene ciertas ideas gnósticas básicas entremezcladas. Pablo está advirtiendo en él a los creyentes que no adopten ciertas prácticas gnósticas, porque el hacerlo supondría más un retroceso que un avance en la fe. Aquí subyacen cuatro prácticas gnósticas.

(i) Está el ascetismo gnóstico (versículos 16 y 21). Se trataba de una enseñanza que implicaba un montón de reglas acerca de lo que se podía comer o beber. En otras palabras: se trataba de una vuelta atrás a las leyes dietéticas de los judíos, con sus listas de cosas limpias o inmundas. Según hemos visto, los gnósticos consideraban toda la materia esencialmente mala. Si la materia era mala, entonces también lo era el cuerpo. Si el cuerpo era malo, se podía llegar a una de dos conclusiones.

(a) Si el cuerpo era esencialmente malo, no importaba lo que se hiciera con él. Siendo malo, se podía usar o abusar de cualquier manera, porque no había ninguna diferencia.

(b) Si el cuerpo era malo, había que tenerlo sojuzgado; había que maltratarlo y debilitarlo y que aherrojar sus impulsos. Es decir: que el gnosticismo podía conducir, o a una inmoralidad total, o a un ascetismo riguroso. Y es a esta última conclusión a la que se refiere aquí Pablo. Dice en efecto: «No tengáis nada que ver con los que identifican la religión con leyes acerca de lo que se puede o no se puede comer o beber.» El mismo Jesús había dicho que era indiferente lo que uno comiera o bebiera (Mateo 15:10-20; Marcos 7:14-23). Pedro tuvo que aprender a dejar de hablar de alimentos limpios o inmundos (Hechos 10). Pablo usa una frase bastante cruda para expresar con otras palabras lo que ya había dicho Jesús: «Estas cosas perecen tan pronto como se usan» (versículo 22). Quiere decir exactamente lo mismo que Jesús cuando dijo que los alimentos y las bebidas se ingieren y digieren y se expulsan del cuerpo y desaparecen en el alcantarillado (Mateo 15:17; Marcos 7:19). La comida y la bebida tienen tan poca importancia que están destinadas a deshacerse tan pronto como se ingieren. Los gnósticos querían hacer que la religión consistiera en reglas dietéticas; y sigue habiendo personas que se preocupan más de las reglas de la alimentación que del amor del Evangelio.

(ii) Estaba la observancia de los días de los gnósticos y de los judíos (versículo 16). Guardaban fiestas anuales, y nuevas lunas mensuales y sábados semanales. Hacían listas de los días que pertenecían especialmente a Dios, en los que había que hacer y dejar de hacer ciertas cosas. Identificaban la religión con el ritualismo.

La crítica que hace Pablo de esta insistencia en los días es clara y lógica. Dice: « Habéis sido rescatados de la tiranía de las normas legales. ¿Por qué queréis esclavizaros otra vez? ¿Por qué queréis retroceder al legalismo judío abandonando la libertad cristiana?» El espíritu que trata de reducir el Evangelio a un sistema de normas y de reglas no ha muerto todavía.

(iii) Estaban las visiones especiales de los gnósticos. La versión Reina-Valera habla en el versículo 18 del falso maestro «metiéndose en lo que no ha visto.» Esa traducción no es correcta. La traducción correcta debería ser: «Haciendo alarde de las cosas que ha visto.» Los gnósticos presumían de visiones especiales de realidades secretas que no estaban a la vista de hombres y mujeres normales y corrientes. No se trata de negar las visiones de los místicos; pero es peligroso empezar a creerse que uno ha alcanzado un grado de santidad que le permite ver lo que la gente vulgar -como él la denominano puede ver; y el peligro está en que esas personas ven a menudo, no lo que Dios les revela, sino lo que ellas mismas quieren ver.

(iv) Estaba el culto a los ángeles (versículos 18 y 20). Como ya hemos visto, los judíos tenían una doctrina de los ángeles muy desarrollada, y los gnósticos creían en toda clase de intermediarios a los que adoraban, mientras que los cristianos saben que la adoración se debe solamente a Dios.

Pablo dedica a este punto cuatro objeciones.

(i) Dice que esta clase de cosa no es más que la sombra de la verdad, y que la realidad está en Cristo (versículo 17). Es decir, que una religión que se basa en comer y beber ciertas clases de alimentos y bebidas y de abstenerse de otras, una religión que se basa en la observancia del sábado y cosas por el estilo, no es más que una sombra de la verdadera religión, que es comunión con Cristo.

(ii) Dice que hay tal cosa como una humildad falsa (versículos 18 y 23). Cuando hablaban del culto a los ángeles, tanto los gnósticos como los judíos lo justificarían diciendo que Dios es tan grande y sublime y santo que no podemos nunca tener acceso directo a Él, y debemos contentarnos con rezar a los ángeles. Pero la gran verdad que predica el Cristianismo es, de hecho, precisamente que el camino a Dios está abierto a las personas más sencillas y humildes.

(iii) Dice que esto puede conducir a un pecado de orgullo (versículos 18 y 23). El que es tan meticuloso en la observancia de los días especiales, que guarda las leyes alimentarias y que practica la abstinencia ascética corre el grave peligro de creerse especialmente bueno y mirar a los demás por encima del hombro. Y es una verdad fundamental del Cristianismo que el que se cree bueno no lo es de veras, y menos el que se cree mejor que los demás.

(iv) Dice que esto es una vuelta a una esclavitud que no tiene nada de cristiana abandonando la libertad cristiana (versículo 20), y que en cualquier caso no le libra a uno de las concupiscencias carnales, sino solamente le mantiene a uno en la traílla (versículo 23). La libertad cristiana no viene de tratar de restringir los deseos con reglas y normas, sino de la muerte de los malos deseos y del surgir a la vida de los buenos deseos en virtud de que el cristiano está en Cristo y Cristo en el cristiano.

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