(ii) Era una filosofía que tenía que ver con los elementos de este mundo. Esta es una frase que se ha discutido mucho y cuyo significado está todavía en duda. La palabra para elementos es stoijeia, que tiene dos significados.
(a) Quiere decir literalmente cosas que se colocan en una hilera; por ejemplo, una fila de soldados. Pero uno de sus sentidos más corrientes es las letras del alfabeto, sin duda porque forman una serie que se puede colocar en fila. De ahí que pueda querer decir también la instrucción elemental en cualquier asunto. Solemos hablar del A B C de un tema siempre que nos referimos a los primeros pasos en su tratamiento. Es posible que sea ese el sentido aquí. Puede que Pablo quisiera decir: «Esos falsos maestros pretenden daros un conocimiento muy avanzado y profundo, cuando en realidad no es más que algo rudimentario, porque es un conocimiento meramente humano. El verdadero conocimiento, la auténtica plenitud de Dios, está en Jesucristo. Si les prestáis atención a esos supuestos maestros, lejos de recibir un conocimiento espiritual profundo, estáis retrocediendo a una
instrucción elemental que deberíais haber dejado atrás hace mucho.»
(b) Stoijeia tiene un segundo significado. Quiere decir los espíritus elementales del mundo, y especialmente los espíritus de las estrellas y los planetas. Todavía sigue habiendo personas que toman la astrología en serio. Llevan emblemas de los signos del zodíaco, y se leen las columnas de ciertas revistas que tratan de lo que suponen que pronostican los, cuerpos celestes. Pero casi nos es imposible darnos cuenta de lo dominado que estaba el mundo antiguo con la idea de la influencia de los espíritus elementales y de las estrellas. La astrología era entonces, como ha dicho alguien, la reina de las ciencias. Hasta hombres de la talla de Julio César y Augusto, tan cínicos como Tiberio y tan equilibrados como Vespasiano, no daban ningún paso sin consultarlo con las estrellas. Alejandro Magno creía en la influencia de las estrellas. Casi todo el mundo creía que sus vidas estaban determinadas por ellas. Si uno nacía bajo un signo afortunado, le iría bien; si bajo un signo desafortunado, no podía esperar la felicidad; si una empresa había de tener éxito, había que tener en cuenta las estrellas. Se era esclavo de ellas.
Había una posibilidad de escapar a su influencia: si se sabían las consignas y las fórmulas correctas; y una gran parte de la enseñanza esotérica del gnosticismo y de otras creencias y filosofías por el estilo era el conocimiento que pretendían impartir a sus fieles para que se pudieran evadir del poder de las estrellas; y es muy probable que fuera eso lo que ofrecían los falsos maestros colosenses. Decían: «Jesucristo está muy bien, puede hacer algo por vosotros; pero no puede ayudaros a escapar a la influencia de las estrellas. Somos nosotros los únicos que tenemos ese conocimiento secreto que os lo garantiza.» Pablo, que era lo suficientemente hijo de su tiempo para creer en esos espíritus elementales, respondía: « No necesitáis más que a Cristo para vencer los poderes del universo; porque es en El en Quien se halla nada menos que la plenitud de Dios, y Él está a la cabeza de todo poder y autoridad, porque fue Él Quien los creó.»
Los maestros gnósticos ofrecían una filosofía adicional; Pablo insistía en la suficiencia triunfadora de Cristo para vencer cualquier poder en cualquier parte del universo. No se puede creer al mismo tiempo en el poder de Cristo y en la influencia ineludible de las estrellas.
La verdadera circuncisión
Es en Él en Quien habéis sido circuncidados con una circuncisión no hecha con manos humanas, sino que consiste en despojaros de la totalidad de la parte de vuestra persona que está dominada por la naturaleza humana pecadora, cosa que pudisteis experimentar en la circuncisión cristiana. Fuisteis sepultados con Él en el acto del Bautismo, en el que también surgisteis a una nueva vida con Él mediante vuestra fe en la obra eficaz de Dios, Que Le resucitó de los muertos.
Los falsos maestros les exigían a los creyentes gentiles que se circuncidaran, porque la circuncisión era la señal del pueblo escogido de Dios. Dios, decían, le había dicho a Abraham: «Este es Mi pacto, que guardaréis entre Mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Todo varón de entre vosotros será circuncidado» (Génesis 17:10).
A lo largo de la historia de Israel había habido dos puntos de vista acerca de la circuncisión. Algunos decían que era suficiente en sí para poner a uno en la debida relación con Dios. No importaba que el israelita fuera bueno o no; bastaba con que fuera israelita y estuviera circuncidado. Pero los grandes dirigentes espirituales y los grandes profetas de Israel tenían un punto de vista diferente. Insistían en que la circuncisión no era más que la señal exterior de que uno estaba realmente consagrado a Dios. Usaban la palabra en sentido figurado de tener labios incircuncisos (Éxodo 6:12), de un corazón circuncidado o no (Levítico 26:41; Ezequiel 44:7,9; Deuteronomio 30:6); de oídos incircuncisos (Jeremías 6:10). El estar circuncidado no quería decir para ellos el que se hubiera hecho una pequeña operación en su cuerpo, sino el haber experimentado un cambio radical en su vida. La circuncisión era sin duda una señal de la persona que estaba realmente consagrada a Dios; pero esa dedicación no consistía en que le hubieran cortado una parte de su cuerpo, sino en que se había cortado de su vida todo lo que era contra la voluntad de Dios.

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Wilson Velez Velez
Amen