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Colosenses 2: La contienda del amor

(ii) Debe ser una Iglesia en la que los miembros estén entretejidos en el amor. No puede existir una verdadera iglesia sin amor. Los sistemas de gobierno eclesiástico y el orden de los cultos no es lo que más importa. Estas son cosas que cambian de tiempo en tiempo y según los lugares. La única señal que identifica inconfundiblemente a la Iglesia verdadera es el amor a Dios y a los hermanos. Cuando muere el amor, muere la iglesia.

(iii) Debe ser una Iglesia equipada con toda clase de sabiduría. Pablo usa aquí tres palabras relacionadas con la sabiduría.

(a) En el versículo 2 usa synesis, que la Reina-Valera traduce por entendimiento. Ya hemos visto que synesis es lo que podríamos llamar conocimiento crítico o discernimiento. Es la habilidad de analizar una situación y decidir las medidas prácticas que son necesarias. La Iglesia verdadera debe tener el conocimiento práctico de lo que hay que hacer cuando hay que tomar decisiones.

(b) Dice que en Jesús están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Sabiduría es en el original sofía, y el conocimiento gnósis. Estas dos palabras no son meramente sinónimas; hay una diferencia entre ellas. Gnósis es la capacidad, casi intuitiva e instintiva, de captar la verdad cuando la vemos u oímos, de re-conocerla. Pero sofía es la capacidad de confirmar y respaldar la verdad con un razonamiento sabio e inteligente una vez que se ha captado intuitivamente. Gnósis es la capacidad de captar la verdad; sofía es lo que capacita a una persona para dar razón de la esperanza que hay en ella.

Así que la Iglesia verdadera ha de tener una sabiduría clarividente que pueda reconocer y captar la verdad instintivamente cuando la vea, y la sabiduría que pueda hacerle esa verdad inteligible a una inteligencia racional, y capacitarla para presentársela a otros.

Toda esta sabiduría, dice Pablo, está escondida en Cristo. La palabra que usa es apókryfos. El uso de esa palabra era un golpe dirigido a los gnósticos. Apókryfos quiere decir escondido a la visión común, y por tanto secreto. Ya hemos visto que los gnósticos creían que era necesario para la salvación mucho conocimiento secreto. Exponían ese conocimiento en sus libros, y lo llamaban apókryfos porque estaba escondido fuera del alcance de la gente corriente. Al usar esta única palabra Pablo está diciendo: «Vosotros, gnósticos, escondéis vuestro conocimiento de la gente corriente. Nosotros también tenemos nuestro conocimiento, pero no está escondido en libros ininteligibles, sino en Cristo, y por tanto abierto a todas las personas de todas partes.» La verdad del Evangelio no es un secreto que está escondido, sino que es revelado.

(iv) La verdadera iglesia debe tener poder para resistir la enseñanza seductora. Es tal que nadie la puede engañar con palabras seductoras. Palabras seductoras traduce la palabra griega pithanologuía, que era un término jurídico para indicar el poder persuasivo del argumento del abogado que podía conseguir que el criminal se librara del castigo que merecía. La verdadera Iglesia debe tener tal dominio de la verdad que sea insensible a los razonamientos seductores.

(v) La verdadera Iglesia debe tener una disciplina militar. Como dice la versión Reina-Valera, Pablo se gozaba viendo el buen orden y la firmeza de la fe de los creyentes colosenses. Estas dos palabras trazan un cuadro claro, porque son las dos palabras militares. La que traducimos por orden es taxis, que quiere decir una fila o una formación ordenada. La Iglesia debería ser como un ejército disciplinado en el que cada componente está enwpuesto, dispuesto a obedecer la palabra de mando. La palabra que hemos traducido por firmeza es steréóma, que quiere decir un baluarte sólido, una falange impenetrable. Describe a un ejército desplegado en una plaza fuerte, sólidamente impenetrable ante el choque de la carga enemiga. En la Iglesia debe haber orden disciplinado y fuerte firmeza, como los que se dan en un cuerpo de ejército bien entrenado y disciplinado.

(vi) En la verdadera Iglesia la vida debe ser en Cristo. Sus miembros deben caminar en Cristo; tienen que vivir sus vidas total y conscientemente en Su presencia. Deben estar arraigados y edificados en Él. Aquí tenemos dos figuras. La palabra para edificados es la que se usaría de un edificio que se levanta sobre un fundamento firme. Y así como un gran árbol tiene las raíces bien profundas en el suelo del que recibe su sustento, así el cristiano está enraizado en Cristo, Que es la fuente de su vida y de su fuerza. De la misma manera que una casa se mantiene frente a las inclemencias del tiempo porque está cimentada en la roca, así la vida cristiana resiste cualquier tempestad porque está cimentada en la fuerza de Cristo. Cristo es al mismo tiempo la fuente de la vida cristiana y el fundamento de su estabilidad.

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