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Colosenses 2: La contienda del amor

(vii) La verdadera Iglesia se mantiene firme en la fe que ha recibido. No olvida nunca lo que se le ha enseñado acerca de Cristo. Esto no quiere decir una ortodoxia inmovilista en la que toda aventura de pensamiento se convierte en herejía. Para ver lo lejos que está Pablo de esa actitud no tenemos más que recordar que traza en Colosenses nuevas líneas de pensamiento acerca de Jesucristo. Pero sí quiere decir que hay ciertas verdades que son fundamentales y que no pueden cambiar. Pablo podía recorrer nuevos senderos de pensamiento, pero siempre empezaba y terminaba en la verdad inalterada e inalterable de que Jesucristo es el Señor.

(viii) La señal distintiva de la verdadera Iglesia es una gratitud desbordante. La acción de gracias es la nota constante y característica de la vida cristiana. Como J. B. Lightfoot decía: « La acción de gracias es la invalidad de toda conducta humana, ya se manifieste en palabras o en obras.» Lo único que se propone el cristiano es expresar en palabras y en acciones su gratitud a Dios por todo lo que Dios ha hecho por él en la naturaleza y en la gracia. Epicteto no era cristiano; pero aquel esclavo débil, anciano y cojo que llegó a ser uno de los mayores maestros morales del paganismo escribió: «¿Qué puedo hacer yo, un anciano cojo, sino cantarle himnos a Dios? Sí, por supuesto. Si fuera un ruiseñor, cantaría como un ruiseñor; si un cisne, como un cisne; pero, como soy una criatura racional, debo cantarle a Dios himnos de alabanza. Esta es mi labor: la cumplo, y no abandono este mi puesto mientras me sea dado ocuparlo; y os exhorto a uniros conmigo en mi canción» (Epicteto, Discursos 1.16.21). El cristiano siempre alabará al Dios de Quien procede toda buena dádiva y todo don perfecto.

Manteneos alerta, no sea que alguien os capture y os haga esclavos insistiendo en la necesidad de una supuesta filosofía que no es más que una huera quimera, una teoría que se ha ido transmitiendo humanamente que tiene que ver con los rudimentos de este mundo pero no con Cristo; porque es en Él en Quien reside la plenitud de la naturaleza divina, y es en Él, Que es el Cabeza de todos los poderes y las autoridades, en Quien vosotros habéis hallado esta plenitud. Es en Él en Quien habéis sido circuncidados con una circuncisión no hecha con manos humanas, sino que consiste en despojaros de la totalidad de la parte de vuestra persona que está dominada por la naturaleza humana pecadora, cosa que pudisteis experimentar en la circuncisión cristiana. Fuisteis sepultados con Él en el acto del Bautismo, en el que también surgisteis a una nueva vida con Él mediante vuestra fe en la obra-eficaz de Dios, Que Le resucitó de los muertos.

Ha sido Dios Quien os ha dado la vida con Cristo cuando estabais muertos en vuestros pecados y no erais más que paganos incircuncisos. Os perdonó todos vuestros pecados, y borró la lista de cargos que exponía todas las deudas que habíais reconocido, una lista de cargos que estaba basada en las ordenanzas de la Ley y que estaba totalmente en contra vuestra. Él la clavó en Su Cruz y la quitó de la vista; y también despojó de todo su poder a las potencias y autoridades, y las expuso públicamente a la vergüenza, llevándolas cautivas en Su marcha triunfal por medio de la Cruz.

Que nadie os lleve a juicio en asuntos de comida o bebida, o en relación con celebraciones anuales o lunas nuevas mensuales o sábados semanales. Estas no son más que las sombras de cosas por venir; pero el Cuerpo es el mismo Cristo.

Que nadie os despoje de vuestro galardón haciendo alarde de una humildad ostentosa, de dar culto a los ángeles ni de supuestas visiones, presumiendo orgullosamente porque está dominado por su naturaleza humana pecadora y está desasido del Que es la Cabeza; de Quien todo el cuerpo, sustentado y unido por las articulaciones y los músculos, se desarrolla con el crecimiento que solo puede dar Dios.

Si habéis muerto con Cristo a los rudimentos de este mundo, ¿por qué seguís sometiéndoos a sus reglas y reglamentos como si aún estuvierais viviendo en un mundo sin Dios? « ¡No uses! ¡No pruebes! ¡No toques!» son sus consignas. Esas son reglas que se enseñan e imponen humanamente en relación con cosas que están destinadas a desaparecer tan pronto como se usan; que tienen una cierta reputación de sabiduría porque se autoimponen devoción y falsa humildad y dureza con el cuerpo, pero no tienen ninguna eficacia para remediar las tendencias de la naturaleza humana pecadora.

No cabe duda de que para nosotros este es uno de los pasajes más difíciles de todos los que escribió Pablo, pero estaría más claro que el agua para los que lo oyeran o leyeran en su tiempo. Nos resulta difícil porque está lleno de alusiones a la falsa enseñanza que amenazaba con dar al traste con la iglesia colosense. No sabemos exactamente cuál era esa enseñanza, y por tanto las alusiones nos resultan oscuras y no podemos más que suponer; pero todas las frases darían en el blanco en la mente y el corazón de los colosenses.

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