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Introducción a la carta a los hebreos: Dios se realiza de muchas maneras

En ningún momento de la historia de la Iglesia se pensó realmente que Pablo fuera el autor de Hebreos. Entonces, ¿cómo llegó a atribuírsele? Muy sencillo: cuando el Nuevo Testamento llegó a tener su contenido definitivo, se había discutido mucho, desde luego, qué libros se debían incluir y cuáles no. Para zanjar la cuestión se les aplicó una prueba: ¿Era el libro en cuestión obra de un apóstol o, por lo menos, de alguien que hubiera estado en contacto directo con alguno? Ya entonces se conocía y amaba Hebreos en toda la Iglesia. Casi todos los cristianos estaban de acuerdo con Orígenes en que sólo Dios sabía quién lo había escrito, pero lo amaban y creían que debía formar parte del Nuevo Testamento; y la única manera de conseguirlo era atribuírselo a Pablo. Hebreos se ganó la entrada en el Nuevo Testamento sencillamente por su calidad; pero para entrar tenía que incluirse entre las cartas de Pablo y figurar bajo su nombre. Todos sabían muy bien que no era de Pablo, pero lo incluyeron entre sus cartas para asegurarle la entrada, porque nadie sabía quién lo había escrito.

¿Podríamos adivinar quién fue el autor? Se han presentado muchos candidatos. Vamos a considerar sólo tres de ellos.

(i) Tertuliano decía que lo había escrito Bernabé. Bernabé era de Chipre; los chipriotas eran famosos por lo bien que conocían el griego, y Hebreos está escrito en el mejor griego del Nuevo Testamento. Era levita (Hechos 4: 36), y de todos los hombres del Nuevo Testamento sería el que tuviera un conocimiento más directo del sistema sacerdotal y sacrificial en el que se basa todo el pensamiento de esta carta. Se le llama hijo de consolación (R-V); la palabra griega es paraklésis; y Hebreos se llama una palabra de paraklésis (13:22). Fue uno de los pocos hombres aceptables para los judíos y para los griegos, y se sentía como en su propia casa en ambos mundos de pensamiento. Puede que fuera Bemabé el que escribiera esta carta; pero en tal caso es extraño que se perdiera tan completamente su nombre.

(ii) Lutero estaba seguro de que el autor había sido Apolos, que según el Nuevo Testamento era judío, natural de Alejandría, elocuente y poderoso en las Escrituras (Hechos 18:24ss.; 1 Corintios 1:12; 3:4). El que escribió esta carta conocía las Escrituras; era elocuente, y pensaba y razonaba de la manera típica de los Alejandrinos. El autor de Hebreos era, sin duda, una persona como Apolos en pensamiento y trasfondo.

(iii) La conjetura más romántica es la del gran investigador alemán Harnack, que creía que tal vez habían escrito esta carta Aquila y Priscila, entre los dos. Aquila era un maestro de la iglesia (Hechos 18:26). Su casa de Roma era una iglesia (Romanos 16:5). Harnack pensó que es por eso por lo que la carta no empieza con saludos y por lo que se ha perdido el nombre del autor: porque el autor principal de Hebreos había sido una autora, y a las mujeres no se les permitía enseñar. Pero, cuando llegamos al final de las conjeturas tenemos que coincidir con lo que dijo Orígenes hace mil setecientos años: que sólo Dios sabe quién escribió Hebreos. El autor sigue siendo una voz, y nada más; pero debemos dar gracias a Dios por la obra de este gran anónimo que escribió con incomparable habilidad y belleza acerca de Jesús, Que es el camino a la Realidad y a Dios.

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