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Introducción al libro de Números

No obstante, existen algunas dificultades fatales que hacen esta historia insostenible. En primer lugar, sucede siempre que después de que el número ´alapim es citado, es seguido por el número me´olot («cientos») como la siguiente unidad menor; y luego es seguido por las decenas y los dígitos en orden descendente. Así, el primer registro que se da es el de los varones adultos de la tribu de Ruben (Nm. 1:12): shishshah we´arba´im ´elep wa mesh me´ot (lit., «seis y cuarenta miles y cinco cientos». Siendo este el caso, no hay forma que ´elap en este número total pueda significar 46 clanes (o familias) y 500.

Claramente el número propuesto es 46.500. Que tal es la intención del autor hebreo es hecho absolutamente cierto por el total del «dinero del rescate» levantado de la población de varones de Israel de acuerdo a Éxodo 38:25: «100 talentos y 1.775 siclos». Cada hombre debía contribuir medio siclo; el talento tenía 3000 siclos. Por lo tanto, 100 talentos y 1.775 siclos hace exactamente 603.550 medios siclos (representando el mismo número de varones, de acuerdo con Nm. 2:32). Este total es confirmado por Ex. 12:37: «como seiscientos mil hombres de a pie». Por lo tanto, no ha habido error de traducción, ni manipulación alguna demostrable en la transmisión.

La objeción de que los recursos naturales del Sinaí nunco podrían haber sostenido a dos millones de personas o más por un período de de cuarenta años de peregrinaciones es absolutamente válida. Pero pasa completamente por alto lo que el Pentateuco hace abundantemente claro: Israel no recibió su comida ni su bebida a través de los recursos naturales del terreno del Sinaí. Se dice que esta multitud fue suplida de forma milagrosa con el maná del cielo y con el agua de la roca, a través de toda la peregrinación por el desierto. El Dios que guió a los israelitas en la nube de humo fue quien les suplió de nutrición por medio de Su intervención sobrenatural. Aparte de esto, 30.000 hubieran perecido de hambre y de sed en ese desierto igual de rápido que 600.000; y es es bastante inútil hacer a un lado el elemento milagroso por la mera reducción de los números.

La credibilidad de las huestes hebreas en exceso de dos millones de almas ha sido puesta en duda por algunas autoridades sobre la base del notablemente pequeño número de primogénitos registrado en Números 3:42-43: «Contó Moisés, como Jehová le mandó, todos los primogénitos de los hijos de Israel. Y todos los primogénitos varones, conforme al número de sus nombres, de un mes arriba, fueron ventidós mil doscientos setenta y tres». Muy obviamente deberían de haber habido muchos más primogénitos en la congregación de Moisés, siendo, como eran, más de 600.000 hombres. Pero esta aparente dificultad desaparece cuando las circunstancias del incidente son examinadas cuidadosamente.

Fue aparentemente en el segundo año del viaje en el desierto (cf. Nm. 1:1), después de que el censo de las Doce Tribus y de la tribu de Leví hubo sido completado, que el Señor ordenó a Moisés numerar a todos los primogénitos de los no levitas y determinar cuántos más de ellos había que el número de levitas mismos. El propósito de esto fue calcular cuán grande era la suma de la ofrenda del rescate que debía ser dada para la obra del Señor, para compensar por el hecho de que los levitas sumaban menos que el 10 por ciento de toda la población de varones de Israel. Ya que habían 22.000 levitas (Nm. 3:39), pero 22.273 varones primogénitos no levitas (vr. 43), esto significaba que una ofrenda de 22.273 veces cinco siclos tenía que ser levantada para el número en exceso de no levitas.

(Esto es en realidad el origen del así llamado impuesto del templo, que todavía se observa a nivel mundial en el judaísmo hoy).

Delizsch (Keil y Delizsch, Pentateuch, 3:9-13) señala que este requisito sólo se aplicaba a los bebés nacidos después del inicio del Éxodo; nunca tuvo la intención de ser retroactivo. Bueno, entonces, de un total de 603.550 varones, habrían habido en cuestión de un año un total de 19.000 nuevos matrimonios. Si algunos de estos permitieron dos períodos de gestación, el número probable de nacimientos de bebés varones sería de 22.000 o unos pocos más. Esto concuerda muy bien con el número exacto de 22.273.

Otra base para postular una población pequeña de hebreos en Gosén es el registro de Éxodo 1:15, que dos parteras fueron suficientes para atender todos los casos de obstetricia en la comunidad. Esta observación es válida. Mucho más que dos parteras hubiera sido necesarias para atender a una población de más de dos millones. Pero en verdad este hecho habría sido igualmente obvio para un autor del siglo octavo a.C. (tal como el supuesto «Elohísta») que para nosotros. Dos parteras difícilmente habrían sido capaces tampoco de atender a 30.000 varones, sus mujeres y sus hijos. Muy claramente Séfora y Fúa servían como superintendentes administrativas sobre el gremio obstetra de toda la comunidad hebrea. Es difícilmente concebible que todo el conjunto de parteras habrían informado personalmente ante el rey mismo; por el contrario, el rey mantenía control de sus actividades por medio de sobreveedores aprobados. Esto está bastante en línea con lo que sabemos de la estructura altamente burocrática del gobierno del antiguo Egipto. Sus documentos se refieren a los sobreedores (el término egipcio era imy-r, «el que está en la boca» de su empleador o supervisor) para casi cada oficio, o habilidad conocida en la sociedad egipcia. Todos eran responsables de informar y de tomar órdenes del gobierno del distrito en que servían. Esto hace el completamente inválido argumento basado en el pequeña número de parteras.

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