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Introducción al libro de Números

4. Otras fuentes antiguas atestiguan del uso de ejércitos muy grandes cuando proyectos militares de magnitud especial estaban siendo llevados a cabo. Los registros egipcios son de poca ayuda en relación con esto, porque aparte de la inscripción de Uni de la Sexta Dinastía… que declara que el rey Pepi I envió a Asia una fuerza expedicionaria de «muchos diez miles», los Faraones se contentaban con la lista de los prisioneros tomados del enemigo. Aun Tutmoses III en su registro de la batalla de Megido (al. 1468 a.C.) falla en mencionar el tamaño de los ejércitos involucrados… Lo mismo es verdad de Ramesés II y su registro de auto exaltación de la batalla de Cades, en la que detuvo el avance hacia el sur de los hititas; simplemente se refiere a tres divisiones separadas de ejércitos que se vieron involucradas en el conflicto… En lo que respecta a los registros asirios, los reyes asirios nunca parecen referirse al tamaño de sus propias fuerzas armadas, sino que en su mayor parte se contentan con circunscribirse al número de enemigos muertos o tomados prisioneros… De las tropas persas no hay números para nada en la inscripción de la Roca Behistun de Darío I (al. 495 a.C.).

En lo que respecta a los hstoriadores griegos, Herodoto (Historia 7) declara que cuando Jerjes, rey de Persia, revisó sus tropas para la invasión de Grecia, «todo el ejército de tierra junto fue contado como llegando a 1.700.000 hombres». A este total se llegó contando 10.000 soldados a la vez, hasta que todos los hombres hubieron sido contados. El total de fuerzas navales incluía 1.207 trirremos, con contingentes especificados de Egipto, Chipre, Fenicia y muchas otras áreas marítimas. En lo que respecta a los contingentes involucrados en las campañas de Alejandro el Grande, el mayor conflicto en el que probablemente se vió involucrado fue la batalla de Gaugamela en 331 a.C. Arriano estimó la infantería de Darío III en 1.000.000, mas 40.000 de caballería. Alejandro lo derrotó con 40.000 de infantería y 7.000 de caballería…. De estos registros aprendemos que aun un ejército como el de Zera el etíope no era increíble en modo alguno en cuanto al tamaño de una fuerza invasora mayor (cf. II Cr. 14:9). Del número de prisioneros reportados por los asirios, concluímos que existía una población bastante numerosa en Palestina durante los siglos octavo y séptimo a.C. Es por lo tanto un error hacer inferencias a partir de restos arqeuológicos –como algunos eruditos han hecho– que indican una población comparativamente escasa en el Cercano Oriente durante este período. Un descubrimiento muy interesante de las excavaciones recientes de Ebla incluye un juego de tablillas cuneiformes… uno de las cuales lista los superintendetes y prefectos de las cuatro divisiones mayores de la ciudad capital misma en el 2400 a.C. De estos datos la población calculada de Ebla es de unos 260.000… Esto hace bastante creíble la población implicada de Nínive en los días de Jonás: «120.000 que no saben distinguir entre su mano derecha y su mano izquierda» (Jonás 4:11)– e.d., infantes y niños pequeños. Esto indicaría un total de cerca de 1.000.000 de habitantes en la Gran Nínive solamente.

Todas estas referencias antiguas a una población muy numerosa parecen quitar cualquier base firme para el escepticismo de los críticos modernos que cuestionan la exactitud de las cifras dadas en el Antiguo Testamento. Al mismo tiempo, es digno de notar que los registros históricos hebreos parecen casi únicos entre la literatura existente del Antiguo Cercano Oriente en dar el número de los soldados involucrados en las varias invasiones y batallas allí registradas… (Gleason L Archer, Encyclopedia of Bible Difficulties,

El problema de la guerra

Un problema que tiene que ser abordado en la exposición de Números en particular, y del Pentateuco en general, es el de la guerra. Este problema, desde luego, no es particular al Penteteuco, sino tiene que ver con todo el Antiguo Testamento. Sin embargo, es en el Pentateuco donde aparecen las semillas del conflicto. Mucha de la descripción es hecha desde una perspectiva militar. El cuadro del pueblo de Israel saliendo de Egipto es el de un ejército en movimiento. El número de los israelitas es dado en términos de los hombres de guerra (Ex. 12:37), los cuales van armados (13:18), y su campamento es comparado al egipcio como el de un ejército frente a otro (14:19-20). Cuando Dios define la formación que Isael debe guardar al acampar y al marchar, es una formación militar, con su centro, vanguardia, retaguardia y flancos (Nm. 1:3, 20, 22, etc.; 2:1-31; 10:11-28). El pueblo es llamado «las huestes de Jehová» (Ex. 12:41) y Dios lo llama «mis ejércitos» (Ex. 7:4), las victorias de Israel quedaban registradas en «el libro de las batallas de Jehová» (Nm. 21:14), los ataques del enemigo son vistos como un desafío a Dios mismo (Ex. 17:16), por lo que se promete que «Jehová vuestro Dios va con vosotros, para pelear contra vuestros enemigos para salvaros» (Dt. 20:4; cf. Ex. 14:14). De esta manera Dios hace honor a Su título de «varón de guerra» (Ex. 15:3) y a Su nombre de «Jehová de los ejércitos» (I Cr. 11:9), quizá como una referencia a Su comandancia de las huestes de Israel (cf. 1 S. 17:45) o las celestiales (I R. 22:19).

Pero tal atmósfera militar no debe de ser causa de sorpresa. La revelación divina viene en un tiempo y en un lugar específicos. Para hacerse comprensible, debe de ser dada en los términos que los hombres viviendo entonces puedan comprender. En todo el mundo del antiguo Cercano Oriente la actividad militar estaba vinculada a la intervención de la deidad. Dios se da a conocer a sí mismo no sólo a Su pueblo, sino a las naciones, en hechos salvadores en beneficio de Su pueblo.

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