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Isaías 48: La Liberación de Israel

Veamos ahora las ideas que el profeta desarrolla en su llamado a la reflexión. El profeta empieza invocando a los hijos de Israel, que aún se acuerdan de su origen étnico, que aún se aferran a su fe y convicciones con respecto a Jehová y que a pesar de su cautividad y de su dispersión aún dirigen con nostalgia la mirada hacia la Santa Ciudad.

El profeta les recuerda que las cosas primeras fueron manifestadas por Dios con anticipación. Al hablar de cosas primeras se refiere a las profecías acerca de la caída de Asiria, acerca de la ruina de Jerusalén, e inclusive la ruina de Babilonia. Estas cosas fueron anunciadas por medio de los profetas; no fueron fruto de sus propias especulaciones. Ellas salieron de la boca de Dios.

¿Por qué ha querido Dios comunicar el futuro a su pueblo? La respuesta está en los versículos 4 y 5: “Porque sé que eres duro… antes que sucediera te lo anuncié, no sea que digas: ‘Mi ídolo las hizo…’ “

No solo el anuncio previo de las cosas primeras muestra la mano soberana del único y verdadero Dios en la historia, sino también el anuncio de cosas nuevas. Estas son nuevas en relación con las primeras que ya se han convertido en registro histórico, por ser dichas mientras se desarrollan los acontecimientos del presente, siendo su confirmación inmediata. La referencia es a las profecías pronunciadas mientras las fuerzas de Persia llevaban a cabo su vertiginosa marcha de conquistas, poco antes de entrar a Babilonia. El profeta dice que estas cosas nuevas fueron anunciadas casi simultáneamente con los acontecimientos, para que los judíos reconocieran que el mensaje profético era verdad. El pueblo de Israel no había oído previamente de ellas, como para que diga: He aquí que yo lo sabía.

¿Cuál es la lección de todos estos aspectos del mensaje profético? La lección, en la cual el Señor quiere que los hijos de Israel reflexionen, es que Dios está actuando por amor a su verdad, por amor de sí mismo. Dios tiene su palabra empeñada a Israel, y él no le va a traicionar, aunque Israel bien puede traicionarle a él.

Como en el versículo 1, que empieza con un llamado a Israel para que escuche y reflexione, el versículo 12 también empieza con las palabras Escúchame, oh Jacob; y tú, oh Israel, a quien he llamado. El mensaje de la historia y de la profecía debe demostrar y convencer a Israel de que Jehová su Dios es la primera y la última realidad de la historia. El es el Creador. Por lo tanto, también es soberano en los acontecimientos del futuro. El ha querido y ha determinado que Ciro sea quien cumpla sus decretos, y así se realizará aunque esto no sea del agrado de los judíos que no reconocen como auténtica la liberación, excepto la que traiga el Mesías hijo de David. De Ciro dice en los versículos 14 y 15: “Aquel a quien Jehová ama, él hará su voluntad sobre Babilonia… Yo, yo mismo he hablado; en verdad le he llamado. Yo le he traído, y haré prosperar su camino“.

En los versículos 16-19 el profeta subraya el carácter provechoso de la instrucción o enseñanza profética, la torat haneviim de que hablamos anteriormente. Si el pueblo de Israel hubiera obedecido y actuado de acuerdo con ella, ¡cuán grande y real fuera su paz! Pero esto no ha ocurrido; al contrario, ha tenido que experimentar el cautiverio en Babilonia. Y ahora, la instrucción profética insta al pueblo de Dios a salir de Babilonia. ¿Cuántos serán los que identificándose con los designios de Dios dirán con alegría: Jehová ha redimido a su siervo Jacob? Muy pronto también esta profecía se convertiría en historia: Un registro glorioso de los actos providentes del Dios de Israel.

Paganismo

Isaías pasa revista a este aspecto religioso y social que es la idolatría, costumbre pagana, pero muchas veces practicada por el pueblo de Dios. Hay pasajes en que Isaías señala la práctica de la idolatría de parte de Israel.

40:19, 20; 41:21, 22; 44:9-20; 46:1-7; 45:20; 48:5; Cap. 57

En todos estos pasajes Isaías critica con mucha severidad esta práctica, que a la postre, fue la causa del cautiverio del pueblo de Israel. Dios cumplió su palabra, castigando la idolatría.

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