El brazo de Jehová , que guió a Israel a través del Mar Rojo, también lo liberará de la cautividad babilónica y lo restaurará en Sion . Jehová, cuya palabra creó los cielos y la tierra, ahora le habla a Israel: Pueblo mío eres tú . Rahab . . . al dragón : Una referencia al mismo personaje.
Isaías 51:10 ¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos?
«Rahab» era un término derogatorio usado para Egipto (monstruo femenino de la mitología asociado con el leviatán. Dios obró muchos milagros poderosos al fundar Israel, quizás ninguno fue tan asombroso como la separación del Mar Rojo. Nuestro Dios es el mismo que abrió un camino en las profundidades del mar. Sus métodos pueden cambiar, pero su amor y protección no.
Isaías 51:11 Los rescatados del Señor volverán, entrarán en Sion con gritos de júbilo, con alegría eterna sobre sus cabezas. Gozo y alegría alcanzarán, y huirán la tristeza y el gemido.
Isaías 51:12 Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú que temes al hombre mortal, y al hijo del hombre que como hierba es tratado?
El pueblo de Dios temía a Babilonia, pero no a Dios. Tenía razones para temer a Babilonia debido al daño que esta quería hacerle, pero también debió haberse dado cuenta de que el poder de Dios es mucho más grande que el de Babilonia. A esta le interesaba llevarse cautivo al pueblo. A Dios le interesaba liberarlos. El pueblo se equivocó al depositar en otro su temor y su amor. Jerusalén debió temer el poder de Dios y amar su misericordia.
Isaías 51:13 ¿Has olvidado al Señor, tu Hacedor, que extendió los cielos y puso los cimientos de la tierra, para que estés temblando sin cesar todo el día ante la furia del opresor, mientras éste se prepara para destruir? Pero ¿dónde está la furia del opresor?
Del que aflige : Se refiere históricamente al Imperio Babilónico.
Isaías 51:14 El desterrado pronto será libertado, y no morirá en la cárcel, ni le faltará su pan.
Isaías 51:15 Porque yo soy el Señor tu Dios, que agito el mar y hago bramar sus olas (el Señor de los ejércitos es su nombre),
Isaías 51:16 y he puesto mis palabras en tu boca, y con la sombra de mi mano te he cubierto al establecer los cielos, poner los cimientos de la tierra y decir a Sion: «Tú eres mi pueblo.»
Isaías 51:17 ¡Despierta, despierta! Levántate, Jerusalén, tú, que has bebido de la mano del Señor la copa de su furor, que has bebido el cáliz del vértigo hasta vaciarlo.
Isaías 51:18 No hay quien la guíe entre todos los hijos que dio a luz, ni hay quien la tome de la mano entre todos los hijos que crió.
Isaías 51:19 Estas dos cosas te han acontecido, ¿quién te confortará?; desolación y destrucción, hambre y espada, ¿quién te consolará?
Isaías 51:20 Tus hijos han desfallecido, yacen en las esquinas de todas las calles como antílope en la red, llenos del furor del Señor, de la reprensión de tu Dios.
