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Jeremías 42: Huida del pueblo a Egipto

Consulta a Jeremías sobre la huída a Egipto.

De nuevo aparece Jeremías en estas circunstancias críticas después de la ruina de Jerusalén. No parece que estuviera en Misfa cuando el asesinato de Godolías, pues, siendo su mentor espiritual, difícilmente se habría salvado de la muerte, y, por otra parte, no es fácil que la Biblia se hubiera callado el nombre del profeta, cuando da los de los otros jefes judíos. Podemos suponer, pues, que Jeremías se enteró de lo ocurrido en Misfa estando él en Jerusalén u otra localidad en. su misión de consolar a los desmoralizados habitantes de Judá. Sin duda que había puesto muchas esperanzas en la sensatez del nuevo gobernador Godolías, impuesto por los babilonios, viendo en él la clave de un futuro renacer nacional sobre bases más prudentes y religiosas.

Por eso podemos suponer su consternación al enterarse de la muerte de Godolías. Inmediatamente trató de reunirse a los fugitivos, a los que alcanzaría en los alrededores de Belén, y allí comienza, con sus oráculos y consejos, a ser de nuevo el centro de la narración.

La presencia del gran profeta levantó los ánimos. Sabían que era el confidente de Yahvé, y por eso al punto quieren que les dé un consejo de parte de Dios en orden a su futura conducta. Estaban decididos a ir a Egipto, pero querían una confirmación divina de sus planes. Jeremías acepta interceder por ellos, pues contempla la situación triste en que se hallan sin culpa alguna por su parte, pues han sido víctimas de una política descabellada. Los demandantes son de toda clase social (grandes y chicos,). Sin duda que los de bajo estrato social no querían ir a Egipto, y sólo los jefes les empujaban a ello. Muchos, pues, desearían una negativa sobre el particular, y así buscaban la autoridad de Jeremías para salir con sus legítimos deseos. Los jefes temían la represalia caldea, y estaban decididos a huir a Egipto. Los fugitivos dicen con humildad: Pide por nosotros a Yahvé, tu Dios. Después de la catástrofe creían que Yahvé los había abandonado definitivamente, y por eso no se atreven a considerarle como su Dios, sino que dicen al profeta: tu Dios. Jeremías accede a pedir por ellos: Pediré por vosotros a Yahvé, vuestro Dios. La expresión vuestro Dios tiene un acento de confortamiento, como réplica a la insinuación de que ya no era Dios protector de “ellos.” Todo ha sucedido conforme a los caminos de la Providencia divina; pero, por haberlos sumido en la desgracia, no por eso los ha abandonado.

Los consultores se obligaron con juramento a seguir el consejo del profeta. Las circunstancias eran tales, que lo más prudente era huir, y están seguros que Yahvé confirmará este punto de vista. Con todo, la promesa es arrogante: Bueno o malo (gústenos o no), seguiremos el mandato de Yahvé. En su deseo de que Jeremías consultara a Yahvé, han sido demasiado arrogantes en sus promesas.

Respuesta de Jeremías

A pesar de la ansiedad de los consultores, la respuesta tardó diez días en llegar. Durante este tiempo, los jefes procuraban con sus propagandas ganar los ánimos del pueblo en favor de un éxodo hacia Egipto. Baruc trató de hacer frente a esta tesis, pero su labor fue contraproducente, ya que, por su amistad con Jeremías, creyeron que había sido aquél el instigador de la propuesta del profeta de que permanecieran en el país sin ir a Egipto. Jeremías tardó en dar respuesta sencillamente porque no había recibido comunicación divina. Aunque en su punto de vista personal no era partidario de que sus compatriotas se marcharan a Egipto, sin embargo, su escrupulosidad religiosa le impide presentar como oráculo divino lo que es fruto de su reflexión, y por eso espera la comunicación divina, que no llega hasta diez días después. Veía el estado de excitación del pueblo y la labor de propaganda de los jefes en favor de la marcha hacia Egipto, y, sin embargo, calla. Es un testimonio de la sinceridad profética, y prueba que en ellos la “iluminación” profética no era habitual, sino carismática transeúnte.

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