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Jeremías 42: Huida del pueblo a Egipto

La respuesta de Yahvé es taxativa: la salvación del pueblo está en permanecer en la tierra patria, mientras que el exilio egipcio no les traerá más que desventuras. Hasta ahora Yahvé ha cumplido la labor punitiva purificadera, la labor de destruir y desenraizar; pero ahora llega la segunda parte: yo os edificaré. Como los exilados de Babilonia van a entrar en una etapa nueva de reconstrucción bajo la protección divina, así los que quedaron en Palestina van a inaugurar también una fase de rehabilitación nacional y social. Pero es preciso que el pueblo se decida a seguir los consejos de Yahvé. Si permanece en la tierra patria, será protegido especialmente por Dios, mientras que, si le desobedecen, Dios continuará castigándoles en Egipto, sin esperanza de futuro. El profeta pone en boca de Yahvé una reflexión antropomórfica: Me pesa ya del mal que os he hecho. No es que Yahvé esté arrepentido de haber castigado merecidamente a su pueblo, sino que, cumplido ya el castigo y satisfecha su justicia, cambia ya de conducta para con él, ofreciéndole el camino de la misericordia y del perdón. Esta idea la refleja bien la traducción de la Vulgata: “iam placatus sum super malo.”

Y el profeta, en nombre de Dios, les dice que no deben temer. los caldeos. Yahvé es el que los ha traído a Judá, y Yahvé hará que tío los maltraten. Dios puede “cambiar el corazón del rey”, induciéndolo a la misericordia y al perdón, como quedaba demostrado en el hecho de que hubiera nombrado un gobernador judío sobre ellos después de la toma de Jerusalén. Por otra parte, los fugitivos son unos ilusos si creen que, huyendo a Egipto, se van librar de las consecuencias de la guerra. Pero no saben que, si ha pasado el tiempo de la devastación en Judá, comenzará pronto en Egipto, pues también allí llegará la guerra con su trágica escuela de la espada y el hambre. El desobedecer a Yahvé lleva siempre como consecuencia la desventura y la desgracia. Los oyentes parecen no estar dispuestos a acatar el consejo del profeta, y por eso éste les echa en cara su falta de fidelidad al juramento que habían hecho de seguir lo que Dios les comunicara. Esto constituye un pecado gravísimo de desprecio a Yahvé y no quedará sin castigo. Y, por ello, con el corazón lacerado, les anuncia el triste destino que les espera en Egipto: moriréis de espada, de hambre, de peste. Jeremías había puesto sus esperanzas en aquel “resto” de Judá como núcleo de restauración nacional, pero con su rebeldía se hacía indigno de las promesas mesiánicas de rehabilitación nacional. [/private]

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