Y los israelitas volverán a poseer el territorio que en derecho secular les pertenecía: heredera Israel a sus herederos. El profeta invita al duelo a los amonitas por la destrucción de su nación: gritad, hijas de Rabat., ciudades que estaban bajo la jurisdicción de la capital, Rabat. La mención de Jesebón y de Hai es extraña, ya que la primera estaba en Moab, y la segunda al oeste del Jordán, en territorio israelita. Quizá el profeta pone esas dos ciudades casi fronterizas con el reino amonita para indicar la presencia del invasor babilonio en Amón, amenazando por lo mismo a Moab y a la región occidental del Jordán. O mejor, quizá nos hallamos ante una corrupción del texto. En todo caso, el profeta quiere destacar la tragedia de la invasión: ceñios cilicios., porque Milcom será llevado cautivo. Milcom aquí, como divinidad nacional, simboliza a la misma nación. En la frase hay un tanto de ironía: la divinidad de Amón, en la que confiaban sus adoradores, será llevada cautiva. Con él irán sus sacerdotes y las fuerzas vivas de la nación.
La primera acusación contra Amón era el atropello que habían cometido al usurpar el territorio que secularmente había pertenecido a los israelitas. Ahora el profeta lanza otra acusación similar a la expuesta contra Moab: el orgullo. La parte septentrional de Amón era famosa por sus pastos y valles feraces, en los que se criaban los mejores ganados. Esto creó en los amonitas un complejo de superioridad sobre las pobres regiones de Cisjordania: ¿Por qué te glorias de los valles, de tu fértil valle, oh hija rebelde?. Fiada en sus riquezas y tesoros naturales, se creía a resguardo de toda contingencia. Su misma posición geográfica favorecía su aislamiento: ¿quién vendrá contra mi? La frase es insolente contra Yahvé, señor de los destinos de los pueblos. Por ello, ahora va a mostrar su poder sobre la altiva Amón: Traeré sobre ti el terror. y os dispersaréis. Los enemigos invadirán el territorio de tal forma, que los amonitas, despavoridos, no sabrán adonde huir: os dispersaréis cada uno de su lado. La desbandada será tan general y desordenada, que no habrá caudillos ni guías que se comprometan a congregar a su pueblo.
Sólo Yahvé, que los ha dispersado y castigado, será capaz de reunirlos de nuevo: Yo haré volver la cautividad de los hijos de Amón. Los exilados amonitas, humillados por el castigo divino (después de esto) se reintegrarán a su patria dirigidos por Yahvé. Según Flavio Josefo, Nabucodonosor ocupó y saqueó Amón cinco años después de la toma de Jerusalén (587). Esa reintegración a la patria de los amonitas está conforme a lo anunciado en la profecía contra los moabitas del capítulo anterior. Ya hemos visto que en la perspectiva profética de Jeremías se admite como posible la incorporación de los pueblos vecinos a Israel en la era mesiánica. Aquí no se dice esto, pero parece que se insinúa en esa providencia especial de Yahvé sobre los paganos amonitas.
Oráculo contra Edom
El anuncio de la invasión sobre Edom empieza con una interrogación irónica. Los habitantes de Moab estaban orgullosos de sus viñedos; los de Amón, de sus feraces valles, y los de Edom, de su tradición sapiencial. Era el lugar de la sabiduría. Sin embargo, como los viñedos y los valles feraces no habían servido para nada a la hora de la prueba de Moab y de Amón, así la supuesta sabiduría excepcional de nada servirá a los edomitas cuando les llegue la hora del castigo. Teman era la patria de los sabios de Edom, la Atenas de los orientales, y aquí simboliza a toda la nación, como los viñedos de Yaser simbolizaban a Moab. A pesar de su sabiduría, los edomitas no han sabido conocer los designios de Yahvé sobre su pueblo, procurando evitar el desastre.
