Y a continuación se concretan sus planes contra Teman o Edom. La carnicería que hará el león invasor será tan grande, que no se contentará con matar lo mejor del rebaño, sino también lo más ruin del mismo. Así según la traducción griega. Si se sigue el hebreo, entonces parece que se refleja el estupor de los pastizales al ver que sus propios rebaños son conducidos por lo mas ruin del rebaño, del ejército invasor. La versión griega parece dar mejor sentido al contexto. Los alaridos de los habitantes de Edom serán oídos en el mar Rojo o golfo de Aqaba, al sur. El ejército invasor, como un águila volará y subirá y extenderá sus alas sobre Bosra. La celeridad del avance cubrirá en seguida todas las metas propuestas, tomando la capital, Bosra. Los edomitas desaparecieron en el siglo V, suplantados por los nabateos. Es probable que destacamentos babilónicos hayan hecho incursiones por aquella zona después de la destrucción de Jerusalén (586) para asegurar la vía comercial con Arabia, que pasaba por Edom.
Oráculo contra Damasco
Este oráculo contra la nación siria puede muy bien concebirse en la época de la invasión de Nabucodonosor de la zona siró-fenicio-palestina después de la batalla de Garquemis (605), en que, derrotado el faraón Necao II, quedó libre el acceso de las tropas babilonias hasta las fronteras egipcias. Ya un siglo antes Siria había sido ocupada por los ejércitos asir los de Teglatfalasar III, el cual tomó Damasco en 732 a.C. El profeta anuncia aquí una nueva invasión sobre la opulenta Siria, representada por sus tres ciudades principales: Jamat o Hamat, la actual Hama, sobre el Orontes, en la Alta Siria, a 180 kilómetros al norte de Damasco. Arpad es la actual tell-Erfad, a 39 kilómetros al noroeste de Alepo, también en la Alta Siria. Damasco es la tradicional capital siria, emporio comercial en la encrucijada de las rutas caravaneras con Mesopo-tamia, Arabia y el Asia Menor. El profeta presenta la invasión viniendo del norte, ruta tradicional de los invasores mesopotámicos. Las primeras ciudades sobrecogidas por el espanto son las del norte: Jamat y Arpad. Al llegar la noticia a Damasco, queda acobardada y se dispone a la fuga sin ofrecer resistencia. La ciudad que antes se caracterizaba por el bullicio de mercaderes y de gentes despreocupadas (la ciudad de la alegría), ahora aparece abandonada y solitaria, sin juventud, que ha sido pasada a cuchillo en las plazas por los invasores.
El versículo 27 reproduce literalmente Amos 1:4.14 y debe de ser una trasposición hecha por un redactor posterior. No obstante, no debemos perder de vista que los profetas a veces utilizaban tradiciones orales y escritas de los profetas anteriores para reforzar su autoridad ante el auditorio. La idea aquí expresada refleja el estilo de Amos: Yahvé mismo será el que cause la ruina de Damasco, consumiendo por el fuego los palacios de Ben-Hadad, que era el nombre común en los reyes de la dinastía siria.
Oráculo contra los pueblos árabes.
Esta profecía va dirigida contra los hijos de Oriente, designación que en la Biblia se aplica a las poblaciones beduinas o semibeduinas del desierto arábigo más allá de TransJordania (Amón, Moab, Edorn). En 25:23 se mencionaban las localidades de Dedán, Tema y Buz. Ahora la zona desértica es simbolizada en Cedar, tribu conocida del desierto siró-arábigo al este de Palestina. En Cantares 1:5 se mencionan las “tiendas de Cedar” como conocidas de los lectores de Palestina. Sin duda que, para la población sedentaria de Israel, esa expresión recordaba la vida trashumante de los beduinos del desierto. Jasor, que aparece como localidad, nos es desconocida, pero debía de ser un lugar próximo a Cedar. No sabemos por fuentes extrabíblicas que Nabucodonosor venciera y sometiera estas tribus, como se dice en el texto. Según Flavio Josefo, siguiendo a Beroso (escritor babilónico del s.IV a.C.), Nabucodonosor ocupó Egipto, Siria, Fenicia y Arabia. Por otra parte, sabemos que la tribu de Cedar pagaba tributo normal a Asaradón (681-668) y a Asurbanipal (668-625). No tiene, pues, nada de particular que Nabucodonosor, un siglo más tarde, al considerarse heredero del imperio asirió, reclamase los tradicionales derechos de sumisión, y para ello que hubiera enviado uña expedición militar, lo que sería el cumplimiento de la profecía de Jeremías.
