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Job 28: El poema de la Sabiduría

Job 28:1  Ciertamente hay una mina para la plata, y un lugar donde se refina el oro.

En su discurso, Job afirma que solamente la verdadera sabiduría trae consigo bienestar. Esta sabiduría reside en Dios, el único que puede resolver los indescifrables enigmas de la vida. La solución para el ser humano es hallar la paz por medio de la sumisión a la autoridad divina. Este himno sirve de puente para los discursos que siguen y reitera a los amigos de Job que él sí comprende los caminos de Dios y su sabiduría.

Job 28:2  El hierro se saca de la tierra, y de la piedra se funde el cobre.

Job 28:3  El hombre pone fin a las tinieblas, y hasta los límites más remotos escudriña la roca que está en lobreguez y densa oscuridad.

Job 28:4  Abren minas lejos de lo habitado, olvidado por el pie; suspendidos se balancean lejos de los hombres.

Job 28:5  De la tierra viene el alimento, y abajo está revuelta como por fuego.

Job 28:6  Sus piedras son yacimientos de zafiros, y su polvo contiene oro.

Job 28:7  Senda que ave de rapiña no conoce, ni que ojo de halcón ha alcanzado a ver;

Job 28:8  las orgullosas bestias no la han pisado, ni el fiero león ha pasado por ella.

Job 28:9  Pone el hombre su mano en el pedernal; vuelca de raíz los montes.

Job 28:10  Abre canales en las rocas, y su ojo ve todo lo preciado.

Job 28:11  Detiene los arroyos para que no corran, y saca a luz lo oculto.

Job 28:12  Mas la sabiduría, ¿dónde se hallará? ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia?

Job 28:13  No conoce el hombre su valor, ni se halla en la tierra de los vivientes.

Job declaró que la sabiduría no se puede encontrar entre los vivientes. Es natural para la gente que no comprende la importancia de la Palabra de Dios que busque la sabiduría aquí en la tierra. Se vuelven a los filósofos y a otros líderes para que les ayude a vivir. Aun así Job dijo que la sabiduría no se encuentra aquí. Ningún líder o grupo de líderes puede producir el suficiente conocimiento o razonamiento para explicar la totalidad de la experiencia humana. La interpretación final de la vida, de quiénes somos y a dónde nos dirigimos, debe provenir de afuera y por encima de nuestra vida mortal. Cuando busque una guía, busque conocer la sabiduría de Dios como lo establece la Biblia. Para ser elevados por encima y más allá de las fronteras de la vida, debemos conocer y confiar en el  Señor de la vida.

Job 28:14  El abismo dice: «No está en mí»; y el mar dice: «No está conmigo.»

Job 28:15  No se puede dar oro puro por ella, ni peso de plata por su precio.

Job 28:16  No puede evaluarse con oro de Ofir, ni con ónice precioso, ni zafiro.

El oro de Ofir era considerado el más fino que se podía conseguir. Se desconoce la localización de Ofir aunque pudo estar localizada probablemente en Africa, a lo largo de la costa arábiga o en India. Donde fuera que estuviera, era una buena distancia desde Israel, ya que los barcos del rey Salomón tardaron tres años en completar el viaje

Job 28:17  No la pueden igualar ni el oro ni el vidrio, ni se puede cambiar por artículos de oro puro.

Job 28:18  Coral y cristal ni se mencionen; la adquisición de la sabiduría es mejor que las perlas.

Job 28:19  El topacio de Etiopía no puede igualarla, ni con oro puro se puede evaluar.

Job 28:20  ¿De dónde, pues, viene la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la inteligencia?

Job 28:21  Está escondida de los ojos de todos los vivientes, y oculta a todas las aves del cielo.

Job 28:22  El Abadón y la muerte dicen: «Con nuestros oídos hemos oído su fama.»

Job 28:23  Dios entiende el camino de ella, y conoce su lugar.

Job 28:24  Porque El contempla los confines de la tierra, y ve todo bajo los cielos.

Job 28:25  Cuando El dio peso al viento y determinó las aguas por medida;

Job 28:26  cuando puso límite a la lluvia y camino para el rayo,

Job 28:27  entonces El la vio y la declaró, la estableció y también la escudriñó.

Job 28:28  Y dijo al hombre: «He aquí, el temor del  Señor es sabiduría, y apartarse del mal, inteligencia.»

El «temor del  Señor» es un tema clave en la literatura acerca de la sabiduría que hay en la Biblia (desde Job hasta Cantar de los cantares). Significa tener respeto y reverencia hacia Dios y sentir un temor reverente de su majestad y poder. Este es el punto para comenzar a encontrar la sabiduría verdadera (véase Pro_1:7-9).

¿Donde se puede encontrar la Sabiduría?

Job y sus amigos diferían en sus ideas sobre cómo un hombre podía llegar a ser sabio.

Elifaz

Su fuente de sabiduría: La sabiduría se adquiere al observar y experimentar la vida. Basó el consejo que le dio a Job en su conocimiento de primera mano

Actitud hacia Dios : «He observado personalmente la forma en la que Dios trabaja y puedo ahora explicarlo».

Bildad

Su fuente de sabiduría:La sabiduría se hereda del pasado. El conocimiento fidedigno es de segunda mano. Basó el consejo que le dio a Job en los proverbios y refranes tradicionales que con frecuencia citaba

Actitud hacia Dios : «Aquellos que se han ido antes que nosotros han conocido a Dios y todo lo que tenemos que hacer es usar su conocimiento».

Zofar

Su fuente de sabiduría:La sabiduría pertenece a los sabios. Basó su consejo en su sabiduría que no tenía ninguna otra fuente que él mismo

Actitud hacia Dios : «Los sabios saben cómo es Dios, pero no hay muchos como nosotros».

Job

Su fuente de sabiduría:Dios es la fuente de sabiduría y el primer paso hacia la sabiduría es el temor de Dios

Actitud hacia Dios : «Dios revela su sabiduría a aquellos que humildemente confían en El».

El Poema de la Sabiduría

Este bellísimo fragmento de tipo sapiencial es como un paréntesis dentro del ciclo de las discusiones de los tres amigos, y en él no se aborda expresamente el problema del sufrimiento del justo, que es el tema central del libro. Por su tono es similar al fragmento sapiencial de Proverbios 8:22-31, donde se presenta personificada la “sabiduría” divina, actuando desde la eternidad como consejera del Altísimo antes de la formación de los continentes.

Este parece ser una intercalación adicional de algún escriba posterior a la redacción del libro de Job. Aunque quizá se le podría considerar como obra del autor del libro, que adelanta aquí las excelencias y el carácter misterioso de la “sabiduría” divina, y por ello de sus inescrutables designios sobre los hombres, que será el tema de los capítulos finales como solución al enigma del sufrimiento del justo.

La sabiduría, fuera del alcance de los mortales

Con mano maestra describe el autor los esfuerzos que hace el hombre por obtener los metales útiles y preciosos: la plata, el oro, el cobre y el hierro. No contento con extraer lo que está a flor de tierra fundiendo las rocas metalíferas, se adentra en el interior de la tierra con una lámpara — pone fin a las tinieblas — y abre largas galerías, en las que no es fácil hacer pie, y por eso los obreros — generalmente prisioneros de guerra — se suspenden de los salientes de las rocas para trabajar y se balancean en las entrañas de la tierra, lejos de los hombres. La descripción es maravillosa y coincide con las que nos dan los autores clásicos, como Diodoro de Sicilia, sobre los trabajos en las minas del Alto Egipto. En Palestina no existían minas, pero sí en Edom, en la región montañosa que se extiende desde el mar Muerto al golfo de Elán. Aquí estaban las factorías siderúrgicas de Salomón, donde se trabajaba el hierro y cobre de los montes edomitas. El autor del libro de Job, pues, podía haber visto estas minas en explotación o haber oído hablar de ellas, ya que no estaban lejos de la patria de Job.

Bellamente presenta el poeta a la tierra — pacífica al exterior con sus productos de pan — removida en situación ígnea en su interior. A sus oídos habían llegado noticias sobre las erupciones volcánicas, y, conforme a la mentalidad antigua, supone que debajo de la corteza exterior hay un horno de fuego que acelera la maduración de los metales y piedras preciosas, como el zafiro, o lapislázuli, y el mismo oro. Los hombres, sedientos de metales preciosos, no ahorran trabajos ni riesgos, adentrándose en las entrañas de la temerosa tierra. Los lugares de acceso están disimulados, y resultan inadvertidos a los ojos avizores de las aves de presa y a las mismas fieras. La mano del hombre se abre paso a través del pedernal o cuarzo aurífero y penetra dentro, removiendo las piedras y haciéndolas explotar con fuego; así subvierte los montes de raíz. Dentro abre cauces y ríos, canalizándolos, pues sus aguas llevan partículas de oro o de plata, que el minero descubre cuidadosamente. Así analiza las filtraciones de los ríos auríferos y separa sus tesoros.

Grande es, pues, la labor del hombre y no despreciable su resultado cuando se trata de obtener tesoros materiales, pero es impotente para encontrar el verdadero tesoro que le da la clave de la vida: la sabiduría o comprensión sintética de los designios divinos sobre el hombre. ¿Cómo hallarla y dónde mora? La ciencia humana se estrella contra la impotencia, ya que está lejos del alcance de los vivientes y es desconocida su senda a los mortales. Esta es la gran tragedia del hombre, que no puede remontarse a las alturas donde se halla la sabiduría — expresión de la inteligencia divina, módulo arquitectónico empleado por Dios para la creación del mundo, y esquema práctico de gobierno en la historia de la humanidad — como atributo supremo de la divinidad.

La sabiduría es privativa de Dios.

Con bellísimas comparaciones, el poeta describe el carácter inaccesible de la sabiduría divina: no está en las profundidades del abismo, sobre el que se asienta la tierra, ni en las concavidades del mar. Su valor es incalculable y no admite paridad con el oro macizo ni con el mismo de Ofir, lugar legendario del más puro metal, que se supone en Arabia meridional o en las costas del Indico. Tampoco pueden medirse con la sabiduría las piedras más preciosas — cornalina, zafiro — ni el topacio de Etiopía, famoso en la antigüedad por su excelente calidad.

Está fuera del alcance de los vivientes, inaccesible a las aves del cielo, que llegan a los lugares más abruptos e inasequibles. Por otra parte, la región de los muertos — el abaddón o seol — sólo tiene lejanas referencias de ella. Sólo Dios está al tanto de los secretos senderos que a ella llegan, porque nada se escapa a su mirada, que llega hasta los confines de la tierra. Esta omnisciencia divina, en realidad está basada en su omnipotencia como Creador, ya que al establecer los elementos — viento, aguas, trueno… — lo evaluó plenamente, conociendo sus íntimas complejidades hasta el fondo. En toda su obra creadora se revela su misteriosa sabiduría, que dirige y articula todo en un orden y medida perfectos. Todas las cosas tienen una finalidad y una misión en el cosmos maravilloso, que es expresión de la inteligencia ordenadora del Creador.
Como conclusión moral de toda la poesía metafísica antes expuesta está que el hombre debe someterse al que todo lo puede: El temor de Dios, ésa es la sabiduría; lo que implica huir del mal y acatar sus leyes providenciales. Es el axioma conocido de la literatura sapiencial: “El principio de la sabiduría es el temor de Dios”, es decir, la ordenación religiosa y moral de la vida conforme a las exigencias de un sano temor del Dios omnipotente y justo.

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