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Job 29: Respuesta a Job

Job 29:1  Y reanudó Job su discurso, y dijo:

Al concluir su defensa, Job repite que sus sufrimientos no se deben a que haya pecado, sino a una razón más profunda, que solamente Dios conoce. Job recuerda su anterior prosperidad; declara que ésta era una consecuencia directa de su vida piadosa y benevolente; su esperanza era que esta prosperidad durara hasta su muerte (29.18-25). Job dirige su atención hacia el desdén de que ahora es objeto por parte de la gente, en contraste con los grandes honores que antes se le tributaban (30.1-15). Reconoce su miserable estado presente y considera que todas sus esperanzas se han perdido.

Manteniendo su voto de inocencia, Job declara que no se ha entregado a la concupiscencia y que ha actuado siempre con justicia y benevolencia hacia todas las personas. Job cierra su discurso diciendo de nuevo que no es culpable de hipocresía, tanto en sus palabras como en lo íntimo de su corazón (31.24-40). Este es su más firme voto de inocencia. Ahora, más ecuánime, busca las respuestas en Dios.

Job 29:2  ¡Quién me diera volver a ser como en meses pasados, como en los días en que Dios velaba sobre mí;

Job 29:3  cuando su lámpara resplandecía sobre mi cabeza, y a su luz caminaba yo en las tinieblas;

Job 29:4  como era yo en los días de mi juventud, cuando el favor de Dios estaba sobre mi tienda;

Job 29:5  cuando el Todopoderoso estaba aún conmigo, y mis hijos en derredor mío;

Job 29:6  cuando en leche se bañaban mis pies, y la roca me derramaba ríos de aceite!

Leche y aceite eran símbolos de prosperidad material en una sociedad agrícola. Los ganados y los olivos de Job eran tantos que todo parecía fluir en abundancia.

Job 29:7  Cuando yo salía a la puerta de la ciudad, cuando en la plaza tomaba mi asiento,

Job estaba caminando por una línea muy fina entre la jactancia por logros pasados y el recuerdo de las buenas acciones para poder contestar los cargos que pesaban en su contra. La única debilidad de Job a lo largo de sus conversaciones es que se acercó muy peligrosamente al orgullo. El orgullo es muy engañoso cuando estamos actuando correctamente. Nos separa de Dios al hacernos pensar que somos mejores de lo que realmente somos. Luego surge la tendencia a confiar en nuestras propias opiniones, lo que nos lleva a otras clases de pecados. Si bien no es malo recordar hechos pasados, es mucho mejor hacer un recuento de las bendiciones que Dios ha derramado en nosotros. Esto nos ayudará a evitar que caigamos inadvertidamente en el orgullo.

Job 29:8  me veían los jóvenes y se escondían, y los ancianos se levantaban y permanecían en pie.

Job 29:9  Los príncipes dejaban de hablar y ponían la mano sobre su boca;

Job 29:10  la voz de los nobles se apagaba, y la lengua se les pegaba al paladar.

Job 29:11  Porque el oído que oía me llamaba bienaventurado, y el ojo que veía daba testimonio de mí;

Job 29:12  porque yo libraba al pobre que clamaba, y al huérfano que no tenía quien le ayudara.

Job 29:13  Venía sobre mí la bendición del que estaba a punto de perecer, y el corazón de la viuda llenaba de gozo.

Job 29:14  De justicia me vestía, y ella me cubría; como manto y turbante era mi derecho.

Job 29:15  Ojos era yo para el ciego, y pies para el cojo.

Job 29:16  Padre era para los necesitados, y examinaba la causa que no conocía.

Job 29:17  Quebraba los colmillos del impío, y de sus dientes arrancaba la presa.

Por la descripción que se hace del trabajo de Job, algunos comentaristas creen que Job era un juez. En los días de Job, un juez servía tanto de consejero de la ciudad como de magistrado, y ayudaba a gobernar a la comunidad y a resolver las disputas. En la mayoría de los casos, era un puesto de tiempo parcial que se establecía sobre la base del respeto y la reputación de uno en el área.

Job 29:18  Entonces pensaba: «En mi nido moriré, y multiplicaré mis días como la arena.

Job 29:19  «Mi raíz se extiende hacia las aguas, y el rocío se posa de noche en mi rama.

Job 29:20  «Conmigo es siempre nueva mi gloria, y mi arco en mi mano se renueva.»

Job 29:21  Me escuchaban y esperaban, y guardaban silencio para oír mi consejo.

Job 29:22  Después de mis palabras no hablaban de nuevo, y sobre ellos caía gota a gota mi discurso.

Job 29:23  Me esperaban como a la lluvia, y abrían su boca como a lluvia de primavera.

Job 29:24  Yo les sonreía cuando ellos no creían, y no abatían la luz de mi rostro.

Job 29:25  Les escogía el camino y me sentaba como jefe, y moraba como rey entre las tropas, como el que consuela a los que lloran.

Respuesta a Job

E n este maravilloso monólogo recuerda el infortunado varón de Hus su felicidad pasada en medio de una sociedad que reconocía su virtud y rectitud de vida. El discurso comprende los29-31 y parece como una recapitulación del tema de sus discursos, y en él se refleja la nostalgia de la prosperidad pasada, sus sufrimientos presentes y su convicción de inocencia, y, por tanto, su esperanza en la justicia divina.

La Felicidad Pasada

La situación desgraciada actual hace surgir, por contraste, la felicidad pasada, que describe con entusiasmo, idealizándola hiperbólicamente conforme a las exigencias de su imaginación oriental, sobreexcitada por el dolor. Bajo la protección de Dios, su vida discurría próspera; y este sentido de vinculación al Omnipotente era para él como una lampara que iluminaba sus pasos en los días sombríos de la vida. Su tienda y vida familiar estaban bajo el amparo de Dios, y así sus días otoñales o maduros discurrían tranquilos, sin sobresaltos, en medio del cariño y alegría de sus pequeñuelos; y todo ello era consecuencia de la compañía que le hacía el Omnipotente.

Como jeque poderoso, podía disfrutar de sus muchos bienes: lavaba en leche sus pies, expresión proverbial que indica opulencia. En los lagares, el aceite corría a raudales bajo la presión de la piedra de la muela. En el cántico de Moisés se dice de Israel que Dios “le dio a chupar miel de las rocas y aceite de durísimo sílice.” La frase de Job puede ser también una expresión hiperbólica para destacar su abundancia excepcional, pues hasta las piedras le dan aceite en abundancia. Su posición económica le granjeaba también una alta posición social: a la puerta principal de la ciudad — donde la gente se congregaba para recibir las noticias que traían las caravanas y para administrar justicia — era Job reconocido por todos, y su sitial ocupaba el lugar de preferencia Todo eran honores para el gran jeque opulento, bendecido por Dios. Todas las clases sociales le mostraban sus respetos: los jóvenes, por temor reverencial, se apartaban lejos, mientras que los ancianos respetuosamente se ponían en pie en reconocimiento de su superioridad; los príncipes, o representantes de las familias de abolengo, contenían sus palabras, prestando un silencio obsequioso al que solo era digno de hablar, y hasta los caudillos guerreros — ídolos del pueblo — enmudecían en su presencia. La descripción es viva y bellísima, no exenta de jactancia e hipérbole; pero refleja bien la nostalgia del que todo lo había perdido después de haber estado encumbrado en los más altos estratos sociales.

Protector de los desvalidos

La maravillosa descripción de la virtud de Job resulta como un paréntesis inesperado dentro de la general sobre la situación próspera pasada. Los versículos 11-17 mas bien encajarían después del versículo 25, que sirve de transición. Nadie menoscababa su gloria y respeto, pues encontraban justa su alta posición social, porque estaba siempre al servicio del desvalido, del huérfano, de la viuda y del pobre. Elifaz había insinuado que Job había cometido exacciones contra los desgraciados4. La realidad era todo lo contrario: había socorrido siempre al necesitado. Toda la vida de Job estaba presidida por el sentimiento de equidad y de justicia, que eran como su atuendo habitual. Era un verdadero padre de los pobres, subviniendo a todas las necesidades: ojo para los ciegos, pie para el rengo; expresiones proverbiales que indican bien su espíritu de ayuda total. No sólo se prestaba a salvar los derechos de los conocidos, sino que aun los que no le eran conocidos encontraban en él generosa acogida; y no se contentaba con presentar la querella judicial, sino que exigía la indemnización inmediata, arrancando la presa de los dientes de los opresores.

La esperanza de una vida colmada

Supuesta la conducta de justicia y de equidad que presidió siempre su vida, favoreciendo y amparando a los desvalidos, era de esperar que Dios le recompensara con una colmada y próspera vida: gran longevidad, posteridad numerosa y reconocimiento público de sus buenas acciones. Estas eran las esperanzas de su vida hasta que el infortunio llegó a las puertas de su casa y le desengañó.

Prestigio ante el pueblo

Los versículos 21-25 continúan la descripción interrumpida en el versículo 11: todos estaban anhelantes de escuchar los consejos y opiniones del gran jeque. Todos estaban conformes con sus sentencias, y nadie osaba replicar, pues en ellas encontraban la solución a sus interrogantes. Una simple sonrisa de sus labios llevaba la felicidad a los que le rodeaban, que estaban sedientos de sus palabras, como la tierra sembrada espera el agua tardía de la primavera, tan necesaria para la maduración de la mies. La luz de su rostro traía la felicidad a todos, y se entregaban a sus decisiones cuando se trataba de elegir un camino; todos se dejaban llevar por él como las huestes de un ejército conducidas por el rey.

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