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Jueces 18: Micaía y los hombres de Dan

Jueces 18:19 Y ellos le respondieron: Calla, pon la mano sobre tu boca, y vente con nosotros, para que seas nuestro padre y sacerdote. ¿Es mejor que seas tú sacerdote en casa de un solo hombre, que de una tribu y familia de Israel?

Jueces 18:20 Y se alegró el corazón del sacerdote, el cual tomó el efod y los terafines y la imagen, y se fue en medio del pueblo.

Jueces 18:21 Y ellos se volvieron y partieron, y pusieron los niños, el ganado y el bagaje por delante.

Por delante : Los danitas mandaron a sus familias y posesiones por delante para protegerlas contra cualquier ataque.

Jueces 18:22 Cuando ya se habían alejado de la casa de Micaía, los hombres que habitaban en las casas cercanas a la casa de Micaía se juntaron y siguieron a los hijos de Dan.

Jueces 18:23 Y dando voces a los de Dan, éstos volvieron sus rostros, y dijeron a Micaía: ¿Qué tienes, que has juntado gente?

Jueces 18:24 El respondió: Tomasteis mis dioses que yo hice y al sacerdote, y os vais; ¿qué más me queda? ¿Por qué, pues, me decís: ¿Qué tienes?

Tomasteis mis dioses : Los dioses de Micaía estaban indefensos.

Micaía hizo ídolos y contrató a un sacerdote para que practicara su religión personal. Cuando los hombres de Dan se llevaron sus ídolos y al sacerdote, no quedó nada. ¡Qué condición espiritual más vacía! Un ídolo es cualquier cosa que ocupa el lugar de Dios en la vida de una persona. Algunos invierten todas sus energías en buscar dinero, éxito, posesiones o una carrera. Si se les quitan estos ídolos, solo queda un caparazón vacío. Como único puede protegerse contra tal vacuidad es invirtiendo su vida en el Dios viviente al que nunca puede perder.

Jueces 18:25 Y los hijos de Dan le dijeron: No des voces tras nosotros, no sea que los de ánimo colérico os acometan, y pierdas también tu vida y la vida de los tuyos.

Jueces 18:26 Y prosiguieron los hijos de Dan su camino, y Micaía, viendo que eran más fuertes que él, volvió y regresó a su casa.

Jueces 18:27 Y ellos, llevando las cosas que había hecho Micaía, juntamente con el sacerdote que tenía, llegaron a Lais, al pueblo tranquilo y confiado; y los hirieron a filo de espada, y quemaron la ciudad.

¿Tenía la tribu de Dan el derecho de matar a los ciudadanos de Lais? No. Dios ordenó que limpiaran y destruyeran ciertas ciudades debido a su idolatría y maldad. Pero Lais no entraba en ese juicio. No estaba dentro de los límites asignados a Dan y su gente era pacífica en contraste con los cananeos guerreros. Pero la tribu de Dan no respetaba la Ley de Dios. La Ley de Dios decía que una ciudad idólatra debía destruirse. Los mismos de Dan eran culpables de este pecado. Esta historia muestra cuán lejos se apartaron de la Ley de Dios algunas de las tribus.

Solo porque los hombres de la tribu de Dan derrotaron a Lais no significa que sus acciones fueran buenas. Su idolatría mostró que Dios no los dirigía. Hoy día, muchos justifican sus malas acciones por las muestras externas de éxito. Piensan que la riqueza, la popularidad o la falta de sufrimiento indican la bendición de Dios. Pero muchas historias en la Biblia advierten que maldad y éxito terrenal pueden ir tomados de la mano. El éxito no muestra la aprobación de Dios. No permita que el éxito personal se convierta en una vara de medir para saber si complace o no a Dios.

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