LAS MULTITUDES ANSIOSAS
Marcos 6:53-56
Cuando completaron la travesía y arribaron a tierra se encontraron en Genesaret, donde amarraron la barca. En cuanto desembarcaron, la gente reconoció inmediatamente a Jesús, y empezaron a venir corriendo de todos los campos de alrededor, y en todos los lugares donde supieron que estaba se pusieron a traerle sus enfermos en camillas. Y, en cuanto llegaba a aldeas o pueblos o caseríos, colocaban los enfermos en los espacios abiertos, y se ponían a pedirle que les permitiera tocar el borde de Su manto; y todos los que lo tocaban se ponían buenos.
En cuanto arribó Jesús al otro lado del lago, las multitudes Le rodearon otra vez. Algunas veces, Jesús debe de haber mirado a las multitudes con una cierta tristeza de decepción; porque no había ninguna persona allí que no hubiera venido a sacar algo de Él. Venían para recibir; venían con peticiones insistentes. Venían -para decirlo claramente- para aprovecharse de Él. ¡Qué diferente habría sido si hubiera habido algunos entre todos aquellos que vinieran a dar y no a recibir! En cierto sentido es natural que acudamos a Jesús para que nos dé cosas, porque son muchas las que sólo Él nos puede dar; pero siempre es vergonzoso no hacer nada más que recibir sin dar nada a cambio; y sin embargo es lo característico de la naturaleza humana.
(i) Hay algunos que se aprovechan de sus hogares. Esto sucede especialmente con algunos jóvenes, pero no exclusivamente. Se comportan como si sus hogares no estuvieran más que para su conveniencia y comodidad. Esperan que se les sirvan las comidas, que se les arregle la ropa y que se los deje descansar y disfrutar. Pero el hogar es un bien en el que todos debemos poner de nuestra parte, y no meramente estar siempre recibiendo.
(ii) Hay algunos que se aprovechan de sus amigos. Hay algunos de los que no recibimos nunca una carta o una visita como no sea para pedirnos algo. Hay algunos que consideran que los demás no están ahí nada más que para servirlos y ayudarlos en sus necesidades y caprichos, y para olvidarlos cuando sean ellos los que nos necesiten.
(iii) Hay algunos que se aprovechan de la iglesia. Quieren que bautice a sus niños, que case a sus jóvenes y entierre a sus muertos. Será raro verlos por allí a menos que esperen algo. Tienen la actitud inconsciente de que la iglesia está para servirlos, y que no comporta ninguna responsabilidad por su parte.
(iv) Hay algunos que quieren igualmente aprovecharse de Dios. Nunca se acuerdan de Él nada más que cuando creen que Le necesitan para algo. Sus únicas oraciones son peticiones, y hasta demandas que Le hacen a Dios. Alguien ha dicho que es algo así como lo que sucede en los hoteles: Hay un botones al que se puede llamar con la campanilla para que nos haga todos los recados y nos traiga todos los caprichos que se nos ocurran. Para algunos, Dios es una especie de « Botones universal» al Que podemos llamar cuando Le necesitamos.
Si nos examinamos a nosotros mismos nos daremos cuenta de que todos somos culpables hasta cierto punto de estas actitudes. Le alegraríamos el corazón a Jesús si acudiéramos a Él más a menudo para ofrecerle nuestro amor, nuestro servicio, nuestra devoción… y menos a menudo sólo para reclamar la ayuda que necesitamos.
Aunque Jesús enseñaba con eficiencia y sabiduría, la gente de su pueblo lo veía simplemente como un carpintero. «El no es mejor que nosotros; solo es un humilde obrero», decían. Se ofendían al ver que impresionaba a los demás y lo seguían. Rechazaban su autoridad porque era uno de ellos. Creían conocerlo, pero sus nociones preconcebidas no les permitían aceptar su mensaje. No permita que los prejuicios le cieguen ante la verdad. Trate de ver, en Jesús, lo que es.
Jesús dijo que un profeta (o sea, un siervo de Dios) nunca recibe honra en su propia tierra. Pero eso no hace su trabajo menos importante. Una persona no necesita que le reconozcan ni honren para ser útil a Dios. Si sus amigos, vecinos o familiares no aprecian su trabajo cristiano, no deje que su actitud afecte su servicio a Dios.
Jesús pudo haber hecho grandes milagros en Nazaret, pero no quiso hacerlos por el orgullo y la incredulidad del pueblo. Los milagros que hizo tuvo muy poco efecto en la gente porque no quería aceptar su mensaje ni creer que vino de Dios. De ahí que buscó en otra parte personas que respondieran a sus milagros y a su mensaje.
Los discípulos se enviaron en parejas. De haberlo hecho en forma individual, habrían llegado a más lugares, pero ese no era el plan de Cristo. Una ventaja en ir de dos en dos era que podían darse ánimo y apoyo, sobre todo al enfrentar el rechazo. Nuestras fuerzas vienen de Dios, pero El suple muchas de nuestras necesidades a través del trabajo colectivo. Como servidor suyo, no trate de caminar solo.
Marcos destaca que a los discípulos se les instruyó de no llevar nada, excepto bordón, mientras que Mateo y Lucas relatan que Jesús les dijo que no llevaran bordón. Quizás Mateo y Lucas se referían a un garrote que podían usar como arma de defensa, en tanto que Marcos hablaba de una vara de pastor. En cualquier caso, el punto en los tres relatos es el mismo: los discípulos iban a salir al mismo tiempo, sin mucha preparación, confiando en el cuidado de Dios en vez de sus propios recursos.
